Es una lástima que la Catedral de Medellín se siga deteriorando por culpa de personas inescrupulosas que raspan los ladrillos de su fachada para consumir ese polvo mezclado con alucinógenos o que utilizan sus muros como baños públicos.
Por la importancia que tiene en la Iglesia y como símbolo arquitectónico de la ciudad, la Basílica necesita el respeto de toda la ciudadanía.
Es necesario que se refuerce la vigilancia de su entorno y que se materialice la idea de ubicar vallas que eviten que sus muros sigan siendo presa del vandalismo y la mala educación.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8