A Quintana le tocó, muy chiquito, esa jornada en que una inundación puso a La Iguaná en el mapa, y casi la borra esa misma noche.
"Yo estaba muy chiquito, pero a mi familia le tocó salir de allá, con unos materiales a Robledo. Ese recuerdo de estar sin casa siempre lo llevo, y me hace esforzarme más", dice Carlos Mario Arboleda, una de las figuras del sorprendente Itagüí Ditaires.
A Carlos Mario lo bautizaron Quintana, por Rubiel, ese lateral de muy buena proyección pero que fue más promesa que realidad. Rubiel desapareció, pero el Quintana se mantiene.
"Me lo puso Jorge Zapata, uno de los técnicos de Ferroválvulas, y otros compañeros en ese club que fue en el que empecé. Desde ahí todos me espezaron a llamar Quintana, hasta hay gente que cree que es mi apellido", sostiene este chico, de un increíble salto que hace que sus 1.60 se conviertan en más de dos metros en el despegue. Un verdadero resorte.
A "Ferro" llegó después que unos profes lo vieran jugar en "el parqueadero", una cancha de microfútbol de Robledo Cádiz, el barrio a donde llegó con su familia después de las lluvias que sacaron del cauce al río que se metió en su casa.
"Yo no recuerdo, porque estaba muy chiquito, pero eso fue lo que me contaron, que el río se llevó la casa. Luego nos dieron unos materiales y mi familia, que venía del Chocó, hizo la nueva vida en Robledo. Allá fue que me volví futbolista".
La pelota lo llevó primero al Bello, luego a Rionegro ambos en la Primera B, y le dio la oportunidad de jugar en la A con el Envigado. Pero ahí naufragó.
"No se me dieron las cosas, sin buscar culpables, simplemente no estuve bien y no me pude quedar en la A", dice Carlos Mario, quien para 2010 regresó al ascenso, con sus viajes en bus de 20 horas y sus camerinos a medio terminar.
"Aunque sí te da como angustia volver a la segunda división, regresé a un equipo como el Itagüí que estaba muy organizado, y por suerte en un año vuelvo a estar en la A", explica Quintanita, nacido en Medellín el 8 de junio de 1986, y que ya va para 25 años de vida.
Hoy, de nuevo con viajes en avión y estadios que serán mundialistas, Arboleda Ampudia vive los gloriosos de nuevo. Es titular con las águilas doradas, escoltas del Once Caldas en la Liga Postobón-I, y vive una pequeña revancha como lateral o volante por derecha.
"Yo soy lateral derecho, así debuté y así he jugado siempre. Me han querido usar como volante, que es entretenido, porque se pisa más el área y se está cerca al gol. Pero hago lo que quieran", dice, entre risas, Quintana, quien pretende eternizar con su apodo, el apellido de un jugador que hace rato pasó de moda.
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