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Salcedo va seduciendo a una dama esquiva

19 de febrero de 2009
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Instinto. Alberto Salcedo Ramos, el gran cronista costeño, el que nos deslumbró hace pocos meses con el libro de Pambelé, Oro y sangre, se atiene a su instinto para escoger los personajes de sus historias, para saber si éstas son buenas o un completo fracaso.

Ese instinto es el que lo tiene ahora preparando un perfil amplio sobre Diomedes Díaz, el Cacique de la Junta.

Ese instinto lo tuvo como invitado en el Hay Festival y le ha dado premios, como el Simón Bolívar.

"En la academia dicen que los elementos que deciden la importancia de un tema son actualidad, universalidad, relevancia social del personaje o el hecho. Pero yo me baso en instinto".


¿Y éste cómo se le manifiesta?
"Como decía Adolfo Bioy Casares, una historia es buena cuando quieres contártela a ti mismo. Yo creo que lo es cuando pienso en ella al irme a bañar, cuando, por ejemplo, me invita mi hermana a la primera comunión de su hija y yo siento que tengo un compromiso inmenso de asistir, pero lamento que la historia que escribo deba postergarse un rato".

Una vez define que escribirá sobre un personaje, ¿cuál es su método para darle credibilidad en el papel?
"Afortunadamente vivimos en Colombia, en una realidad asombrosa. Cualquier europeo trataría de confirmar si esos hechos son reales o imaginarios.

Aquí ocurrió que una pareja hizo el amor en un cajero electrónico y formó un trancón de personas terrible. Una mujer se enrolló trapos sobre su vientre para hacerle creer a su marido que estaba embarazada. En un motel de Barranquilla, una pareja murió tras ser atacada por una serpiente. El motel se llama El Paraíso, lo que demuestra que no hay paraíso sin serpiente. El ejército llegó a un pueblo que al parecer se estaba tomando la guerrilla. Los soldados escuchaban el estruendo de los disparos sin tregua durante dos horas. Luego se dieron cuenta de que era una grabación que sonaba amplificada por parlantes... y así. Aquí ocurren esas cosas extrañas.

El problema no es inventar lo mágico sino descubrirlo. Para descubrirlo hay que tener paciencia y tener una relación amorosa con la realidad. Si tienes paciencia, ella te hará un guiño".

¿Así sucedió cuando escribió la historia de Pambelé?
"Cuando decidí escribir esa historia, yo sabía de Pambelé tanto como cualquier otra persona. Que había sido muy pobre, que construyó su vida con los puños, que consumía drogas... Que perdió habiéndolo tenido todo.

Pero cuando me acerqué al personaje, encontré que era más apasionante. Me di cuenta de que él todavía se cree campeón mundial y que sufre cuando los demás no lo saben o no lo recuerdan. Él es capaz de llamar a sus amigos el 28 de octubre y decirles: 'Oye, ¿tú sí sabes que fecha es hoy? Ajá, 28 de octubre. Hoy se cumple un año más de haber quedado campeón. ¿Entonces por qué no me habías llamado a felicitarme?' Esa es su tragedia, que lo ignoren. Y creo que eso lo hace más tierno, más humano.

Un día, yendo con él en un taxi en Bogotá, tuve un hallazgo. Él estaba de mal genio porque hacía calor y estábamos en un trancón, sin poder avanzar. ¿Cómo haces tú para vivir en esta ciudad de mierda?', me decía. Hasta que decidió bajarse del carro dando un portazo. Pagué y lo seguí. Veía su cara de fastidio. De un momento a otro, algunos vendedores ambulantes lo reconocieron y gritaron: '¡Campeón! ¡Campeón!' Y le mostraban la V de la victoria con los dedos. Su transformación fue inmediata. Como una reina de belleza, comenzó a lanzar besos a todo el mundo. Sonreía. De pronto, un vendedor de bisutería se acercó corriendo para regalarle un gran sombrero mexicano. '¡Campeón, quiero regalártelo!' Pambelé exclamó: '¡¿Cómo crees que me voy a poner esa vaina?! ¡No ves que si me la pongo, nadie me va a reconocer!' Ese fue un guiño que, por mi paciencia, me hizo la realidad. Creo que la realidad es una dama esquiva: no se regala al primer seductor".

¿Estraña el día a día que se vive en los diarios?
"Yo viví ese trajín. Espanté mosquitos en un río, he visto la guerra... Pero la realidad me gusta para contarla. No para elaborar un informe, una noticia y después firmarla como diciendo: yo fui testigo. Me interesa narrar historias. El ejercicio en un diario es como un servicio militar. Es obligatorio. Lo respeto. Valoro a los periodistas que escriben noticias de lo que ocurre. Mi venia hacia ellos. Pero no es lo que quiero para mí".

¿Y ahora hacia dónde lo ha llevado su instinto?
"Estoy escribiendo un amplio perfil de Diomedes Díaz. Con él me pasó un poco lo que a Talese con Sinatra. El personaje no quiso hablar conmigo, pero he hablado con más de 70 personas, entre parientes, mujeres que ha tenido, amigos. Sé, por ejemplo que el cacique debería ser de apellido Cataño. Su abuelo, de apellido Cataño, tuvo 48 hijos reconocidos. Que iba por los pueblos y en cada uno caminaba con alguno de la parroquia y con ayuda de megáfono citaban a las mujeres que creyeran que su hijo podría ser de este señor. Pero al papá de Diomedes no lo reconoció y no le dio el apellido. Entonces él tomó el de su mamá, Díaz. También sé que cuando era niño, Diomedes trabajó de espantapájaros. Le pagaban para que estuviera todo el día cuidando un maizal. Él se ponía a cantar y de ahí le vino el gusto por el canto. Bueno, ya te conté bastante de la historia. ¡Ya no me van a comprar el librito cuando lo saque!"

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