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Santiago Gamboa presenta Océanos de arena, su nuevo libro de viajes

  • FOTO COLPRENSA
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29 de abril de 2013
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Once libros publicados completa el escritor colombiano Santiago Gamboa, entre ellos, ocho novelas, uno de cuentos y dos libros de viajes. El más reciente es 'Océanos de arena', que presentó en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, este fin de semana.

Sus novelas y relatos, al igual que su faceta periodística, en su gran mayoría, están hechas de diarios de viaje, llenos de frases, pequeños dibujos, flechas y, en general, muchos garabatos que solo podría traducir Gamboa.

De ahí, luego de volver a casa desde diferentes y lejanas partes del mundo, empieza a extraer de ellas momentos, recuerdos, atmósferas, sonidos y hasta olores de los lugares visitados, los mismos de los cuales leyó con anticipación, y que suele plasmar en sus novelas, relatos, así como en sus crónicas para medios internacionales y sus libros de viaje.

Esto sucede en 'Océanos de arena', un recorrido por una parte de Medio Oriente, donde Gamboa cuenta qué vio en Alepo, Damasco, Jerusalén, Ammán, Petra, Áqaba, con todas sus costumbres, el exotismo de las calles y los mercados, las maravillas arquitectónicas, los vestidos, los olores, la exuberancia de las comidas, las huellas de civilizaciones antiguas.

También retrata los odios y guerras generados por las disensiones permanentes entre musulmanes y judíos, a la vez que reflexiona sobre las mezquindades de la política, sobre la vanidad de los fanatismos, sobre la desaparición del individuo cuando se conjugan el ansia de poder y el rencor, junto a pensamientos sobre la literatura, la escritura, la soledad, el amor, la muerte y la vida.

Como dice el propio Gamboa, “la narración de viajes es una de las más fascinantes manifestaciones de la literatura”, y estuvo en Colombia presentando 'Océanos de arena'.

Entre los viajes de Gamboa
- ¿Qué significa el viaje para Gamboa?
En mi vida como escritor está muy presente el viaje. Todos mis libros tienen detrás de ellos un viaje, inclusive los que transcurren en Bogotá tienen que ver con viajes, con la necesidad de irme para escribir sobre la ciudad desde afuera.

A mí me gusta hacer diarios de viaje porque es una manera de predisponerme a la creación novelesca. Voy haciendo el viaje y anoto las cosas que me van pasando, el lugar y su historia. También de lo que como y las conversaciones que voy escuchando. Todo esto me va sirviendo luego para mi novela.

¿Qué suele hacer con esos diarios?
En casa hay muchos diarios de lugares que he visitado pero de los cuales no he escrito novela. Ahí están y quizás algún día los use para un libro de esas características. 'Océanos de arena' no es una novela, es un diario de viajes que nace de las libretas con las que viajo, pero luego en casa las convierto en narración.

¿Cómo nace la fascinación por la literatura y los viajes?
Uno de los escritores que más me interesó siempre fue Graham Greene, y una de las cosas que más me gustaba de él era que cada una de sus novelas era un lugar del mundo, y además, lo usual, es que tiene novela y libro de viajes sobre el mismo lugar. Son trabajos que muchos lectores pueden ver como un complemento, como una compañía o eco de un libro, aunque cada uno de ellos sean perfectamente autónomos.

Es un trabajo que me atrae mucho, al ir mirando como viajero, conociendo el arte, la cultura y la literatura de un lugar y luego ver qué puedo hacer con ello como escritor.

Su novela Necrópolis nació de este mismo viaje del cual sale Océanos de arena.
Sí, pero en la novela me concentro en Jerusalén, con algunas historias que están en los dos libros, como el encuentro con un camionero que viaja por estas zonas, en distancias muy cortas, pero con una geografía que parece haberse vuelto infinita por los muros políticos que hay en ellas, donde 90 kilómetros se cubren en 90 horas.

El placer del viaje
¿Cómo se prepara para un viaje?
Me preparo para un viaje, del que tengo la sensación que me va a producir algo especial, leyendo sobre esa ciudad. Desde hace más o menos tres años, realizo crónicas de viajes que se publican en El Mercurio, de Chile, que me financia los viajes, lo que me ha permitió viajar por Hong Kong, Etiopía y Emiratos Árabes. A ellos les entrego las crónicas pero el diario de viajes queda para mí.

Creo que este espíritu nace cuando me fui de mi casa, pero luego cuando ingresé al periodismo, con cierta fascinación por trabajar en los hoteles. De hecho, fui corresponsal en la guerra de Bosnia, haciendo viajes por lugares que no fueran claros, finos y transparentes como buena parte de Europa, sino por lugares más duros y difíciles que le exigen a uno más paciencia y cierto valor.

¿Cuál será su siguiente viaje?
Es a Moscú, para ir a conocer un lugar que desde la época soviética no aparece en los mapas, porque era el sitio secreto del programa espacial, pero ahora ese lugar lo están adecuando para hacer turismo espacial.

¿Cuál es el placer de los viajes?
Me encanta la sensación de estar entrando en la zona internacional de un aeropuerto, con un pasabordo en el bolsillo, para irme a un lugar donde no conozco a nadie, donde voy a ver cosas de las cuales he leído, pero también voy a encontrar cosas inesperadas, como ir a una cita romántica de gran expectativa que llegas con todos los sentidos alerta.

Me encanta experimentar la sensación de ver por primera vez algo que ya he visto muchas veces en fotos o video, y siempre llego a la misma conclusión, el día en que uno ve por primera vez algo en vivo, es la primera vez que lo ve.

¿Y viajar por Europa?
Las ciudades europeas tuvieron una fascinación en mí que pasó hace rato, y cada día debo ir más lejos para encontrarme con lo extraño, raro, oscuras, incluso feas, pero que en medio del polvo y el ruido, esconden una belleza que surge despacio con la gente. Me gusta la sensación de encontrarme con lugares que a primera vista son feas, pero que poco a poco, al conocerlas, le vas encontrando la belleza, contrario a las ciudades de Europa.

Fascinación por Jerusalén…
Todo el que pudiera hacerlo, en América Latina, debería conocer Jerusalén, Roma y Cuzco, que son las tres capitales de lo que es nuestro mundo. La primera con el monoteísmo, Roma con su imperio y el Cuzco como el gran centro prehispánico. Con esas tres ciudades ya uno tiene una noción de saber de dónde venimos.

Pero a través de los libros también se puede viajar. Yo he viajado por un montón de lugares a los que no he ido por medio de estos libros.

¿Qué le ha sorprendido al viajar?
El mundo entero no vive el mismo presente, y pasa incluso dentro de una misma ciudad. En la India uno puede encontrarse con episodios del siglo XVII en la misma avenida por la que pasan cosas que parecen del siglo XXII.

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