El padre de uno de sus amigos, que lo llevó por primera vez al Atanasio Girardot, fue el encargado de que Sebastián Hernández se enamorara, a primera vista, del Independiente Medellín y de su hinchada.
“La primera vez que fui al estadio fue a un partido entre Medellín y Bucaramanga y ese día me marcó. Me gustó lo que era la hinchada del DIM. El equipo ganó en el minuto 88 y desde ese día me volví hincha. Después ingresé como recogebolas y alcancé a estar en la barra durante dos años”.
Ahora como jugador, asume la responsabilidad de lucir la número 10 del equipo de sus amores, esa que se han puesto jugadores de la talla del Pibe Valderrama, Víctor Pacheco, Giovanni Hernández, John Mario Ramírez, Néider Morantes, Rodrigo Riep y Ómar Pérez, entre otros.
Es consciente de que a sus 25 años posee la madurez necesaria para triunfar. “Me tocó dar una vuelta de 12 años por fuera de Medellín donde estuve en varios equipos profesionales. El estar con diferentes técnicos y jugadores te ayuda a madurar para lo que es uno hoy”.
El técnico Hernán Darío Gómez, de entrada habló con él y le dio las primeras indicaciones. “Me dijo que tenga mucha tranquilidad, que es hora de ponerme esta camiseta y mostrar mi mejor nivel. La idea es que me asocie bastante en la cancha, mantenga el balón y busque mucho a los delanteros”.
El talentoso volante dice que el grupo que armó el Bolillo sabe lo que él busca y el juego que quiere y, aunque lo que se viene no es fácil, Sebastián buscará demostrar en la cancha que sí se puede ser profeta en su tierra.
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