Las personas entran, rezan un Rosario, se sientan a pensar en su arte, esperan estar con él en sus últimos momentos. Las personas, no solo de Roldanillo, se detienen a leer en las paredes, las palabras que algún día él escribió para hablar de sus ideas, y hacen fila para rayar, en un libro, unas últimas palabras, unas de despedida, otras de agradecimiento, y a mirar unas que llegan por correo electrónico. Gente que se siente orgullosa de su maestro y gente que con el corazón, recuerdan, y recordarán, a Ómar Rayo para siempre.
El sentimiento se permea con el arte, desde la entrada al Museo Rayo, donde se realiza la velación del artista. Toda su obra lo acerca al corazón, lo hace sentir cerca. Bella Clara así lo dejó leer en su e-mail: “Ante la partida de nuestro querido maestro, nos sentimos en orfandad, pero sabemos que desde su rincón celestial sabrá seguir guiándonos su Museo”.
Y entre las obras, se cuelan las palabras del artista: “La ilusión tiene una estructura que es geometría. Dios es un creador geométrico. Él es la idea del orden. Los santos eran hombres-caos que buscaban su pureza a través de una geometría interior, la oración”. Ómar Rayo, de seguro, sigue pintando.