A punta de tesón, Antioquia logró remontarse contra las adversidades que, por su topografía, la conminaron al ostracismo durante la colonia; las montañas eran barrera natural que nos aisló del resto del territorio haciendo que esta región fuera quizá una de las más pobres de la época.
Pero el coraje de los habitantes de estas tierras pudo, lentamente y al paso de los cargueros humanos y animales, traer progreso y desarrollo.
Hemos crecido convencidos de la grandeza de Antioquia, con el orgullo henchido por nuestra pujanza. Pero, en el bicentenario de la independencia, propongo mirar qué tipo de pujanza y sustentada en cuáles valores. Porque en algunos aspectos nos hemos quedado blandiendo la bandera de lo que otros fueron o hicieron. Quizá algunos de nuestros antepasados se distinguieron por ser trabajadores y honestos, pero esa no fue la mayoría y hoy sufrimos esas consecuencias.
Esa manía nuestra de entender al dinero como la medida de valoración de las personas viene de vieja data y a lo largo de los años ha impregnado cada vez más a las nuevas generaciones, atravesando la manera de ser, la construcción de sociedad, la cultura del trabajo y la estructura de valores.
Charles Saffray, médico francés que recorrió la Nueva Granada y visitó Antioquia en 1861, escribió lo siguiente cuando pasó por Medellín y conoció a su gente:
El término único de comparación es el dinero: un hombre se enriquece por la usura, los fraudes comerciales, la fabricación de moneda falsa u otros medios por el estilo, y se dice de él: ¡es muy ingenioso… Si debe su fortuna a las estafas o a las trampas en el juego, solo dicen: ¡sabe mucho… Pero si piden informes sobre una persona que nada tenga que echarse en cara sobre este punto, contéstase invariablemente: es buen sujeto, pero muy pobre. (En internet: Charles Saffray Viaje a la Nueva Granada. Páginas 93-94).
No solo en Antioquia, también en Colombia y en el mundo esa ambición por dinero ha causado estragos sociales y económicos. No es un problema reciente ni una característica de esta generación: es una herencia que seguramente hoy se habrá exacerbado con ciertos contenidos mediáticos que exaltan el consumismo y convencen a muchos de que solo consiguiendo dinero para gastar y derrochar, los hace ser "gente que vale la pena".
Las conmemoraciones no solo deben servir para recordar qué se hizo, también para establecer una hoja de ruta sobre asuntos por corregir. Aunque en el pasado algunos valores nos hicieron "grandes", otros fueron deformados y su práctica ha corroído nuestra estructura social.
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