Si las personas se pudieran clasificar como colores, en la Institución Educativa Presbítero Antonio José Bernal Londoño estudiaría toda la caja de 24 lápices doblepunta.
En total son 2.350 reunidos en dos jornadas y dos sedes, estudiantes de barrios del noroccidente y nororiente de la ciudad, entre los que se cuentan Toscana, Héctor Abad, Plaza Colón, Andalucía, Zamora, Popular uno y Playitas, mundos completamente distintos que tienen en el colegio un lugar de encuentro.
La Institución Educativa está ubicada al lado oriental de la estación Acevedo del Metro. Una mole de concreto frío a la que le dan vida ciertos marcos de colores y la gritería de los alumnos que se enciende como un televisor a todo volumen desde temprano en la mañana.
Cuando surgió el colegio, en diciembre de 2007, no tenían estructura, o al menos no completa, así que el inicio del año académico en 2008 fue todo un lío, porque los muchachos querían un colegio completo y eso se demoró alrededor de diez meses más. A eso, había que sumarle una problemática que los directivo temían: que en esa zona de la ciudad se presentan problemáticas de orden público difíciles de manejar y había que salir al paso.
Hernán Darío Díaz Benjumea, rector de la I.E. recuerda que cuando empezó su labor en 2008, por cualquier problema lo paraban en los pasillos del colegio, no necesariamente tenía que ser algo malo. Cualquier petición, de profesores, alumnos, incluso de padres de familia, tenía que solucionarla él.
Así, se dieron cuenta de que había otro reto, el de convertir al colegio, además de un punto de referencia, en un lugar que permitía el diálogo y la solución de conflictos, pero donde todos son parte activa, no solo el rector. Y cuando Hernán dice eso y se da cuenta que es un reto muy grande, suelta una risa como de labor cumplida que hace eco en su oficina.
Afuera hay estudiantes de primaria, de unos seis años que juegan fútbol y en el primer piso otros de bachillerato hacen piruetas en unas colchonetas.
Un proyecto social
Con muchas cosas por solucionar y con la ayuda de padres y líderes comunitarios, la coordinadora de convivencia María Ignacia Gáfaro Torres se embarcó en la transformación del manual de convivencia que tenían en la institución que había absorbido el colegio cuando llegó en 2007. "Porque era muy sancionatorio, cualquier cosa y de una para donde el rector", dice la coordinadora con su acento costeño que genera visos de conciliación.
Así, surge el proyecto Ser contigo: un modelo de intervención social desde la escuela, una manera de dar solución a los problemas que cotidianamente se presentan en la institución. La idea es tratar al estudiante como un sujeto que aporta a la construcción de comunidad y que puede aprender de sus errores, y también de la experiencia ajena.
El rector termina de hablar diciendo que el maestro tiene una labor casi médica en los estudiantes, no sancionatoria, por eso "si los maestros no sanamos nuestras vidas no podemos sanar la de los muchachos que nos llegan todos los días".
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