Entre un libro leído y los siguientes, hay continuidad de hecho o al menos de deseo.
Si usted leyó las sobrecogedoras "Crónicas marcianas" de Ray Bradbury , una pulsión lo llevará a buscar "El vino del estío'.
La sabia estructura de "Elegía", de Philip Roth , lo remitirá con urgencia a su "Pastoral americana".
¿Cómo resistir la urticaria de agotar los tomos de un creador cuya perspicacia alumbra sombras del alma individual y plural?
Descubrir un libro es quedar atado a una obra. Una novela es pradera de flores particulares que evoca por provocación las comarcas vecinas. Y un caminante consagrado se antojará de recorrer la variedad del horizonte.
Ítalo Calvino desentraña este vicio: "Los libros están hechos para ser en otros, un libro único tiene sentido en cuanto se une a otros libros, en cuanto continúa y precede a otros libros? Cada libro nace en presencia de otros libros, en relación y confrontación con otros libros".
De modo que la aventura de leer es menos puntual picoteo de antojos que inmersión en un mar con corrientes de superficie y de profundidad, con universos múltiples bañados por aguas de todas las latitudes. El buceo de la lectura es curiosidad que no se sacia con un volumen ni con un autor, sino que quiere abarcar problemáticas, estilos, eras geológicas.
Un desasosiego de Pessoa, por el estilo de "combatir es no ser capaz de combatirse", abre una sed que únicamente recibe pistas en "El regreso de los dioses", donde el poeta portugués se despacha con la siguiente iluminación: "el paganismo griego representa el más alto nivel de evolución humana". Si un lector descuidado desfallece en su inquisición, el libro solitario recién leído fenecerá como aguijón sin punta. Es preciso seguir la pista, apasionarse por una construcción espiritual, por un autor que ha cumplido con integridad su tarea de comunicar una visión.
Leer es edificar. Leer es dar la vuelta al mundo en infinitos mundos. Leer es correr maratón, no asfixiarse en carrera de cien metros. Convertirse en lector implica expandir pulmones, hacerse diestro en respiración de cuatro tiempos que permita pasar de kilómetro en kilómetro sin cansarse. Leer es actividad física, preparación atlética, tal como lo predica para el acto de escribir Haruki Murakami.
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