1- ¿Qué puede pasar con unos traguitos en la sangre, algo así como 1,8 gramos por mil, a 142 kilómetros por hora, y la decisión de adelantar al que lo precede?
2- ¿Qué pasa si su hijo, menor de edad, saca el carro a escondidas y se mete a manejar llevando encima no una, sino seis veces la tasa de trago que estaría acorde con su edad para considerarse borracho?
3- ¿Qué sucede si un hombre ciego y su amigo, vidente, intentan hacer la gracia de cambiarse de puesto y el primero toma el volante?
4- ¿Qué desenlace puede arrojar el cuadro de un hombre que, borracho y con plena determinación, se lanza, cual kamikaze, en contravía por una avenida de alto tráfico, llevando aparte, en el cinto, un arma?
5- ¿Qué le espera a quien decide jugar al malo en una vía peatonal de una zona histórica, al calor de unos cuantos traguitos?
6- ¿Qué hacen los padres cuando se enteran que el conductor del bus escolar que acaba de recoger a su hijo o a sus hijos tiene la rasca viva?
7- ¿Cómo maniobra un Mercedes S-280, a 196 kilómetros por hora, el experimentado chofer que se ha clavado copas hasta marcar 1,75 gramos por litro (más del triple del consumo aconsejable)?
8- ¿Qué le puede pasar al jovencito que decidió surfear en lo alto de un BMW, mientras su compañero piloto hace zigzag? Claro, en medio de la rasca.
9- ¿De dónde viene la nena, o mejor, qué andaba haciendo (no importa con quién) y bajo qué efectos, como para terminar en una comisaría por tener, no sólo 0,55 gramos de alcohol en la sangre sino una marca en el cabello que "no es pasta de dientes, ni gelatina, sino otra cosa", según dice el parte de la policía?
¿Paranoia? No. Nada más que historias de la vida real de aquí y de allá, tomadas al azar, para contar los efectos de noches, y días, de alcohol y gasolina que terminaron mal.
Por supuesto que la niña del punto nueve debió pasar por la pena de explicar muchas cosas, no sólo a los oficiales sino a sus padres. Y a los de la tabla debió costarles la suspensión durante unos cuantos fines de semana. El viejo del bus escolar perdió el puesto. Y al ciego, y a su amigote, la chancita les salió cara.
Pero los que volaban a 142 y a 196 kilómetros se volvieron portadas de revistas y periódicos.
¿Es usted uno de los 200 borrachitos que andan a diario en Colombia, con un carro como arma?
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