Bradley Wiggins terminó exhausto, tendido en el suelo, con su media barba, delgado, visiblemente cansado. Cuando se levantó fue hacia el podio a escuchar el himno de su país y a reclamar su medalla de oro, la cual, lleno de satisfacción, besó. Había logrado otro hito: acabar con el reinado que llevaba tres años en poder del alemán Tony Martin.
En Ponferrada, España, sede de los Mundiales de ciclismo en ruta, parecía que el británico Wiggins no corría sino que volaba en la contrarreloj de 47.1 kilómetros, reseñó la agencia EFE.
Como un cohete, Wiggins entró a la meta con un tiempo de 56.25 minutos, superando por 26 segundos a Martin, el gran favorito, y en 41 al holandés Tom Dumoulin.
"Misión cumplida, sabía que tenía fuerza. Cuando vi la pista supe que si en algún lugar iba a derrotar a Tony sería aquí", dijo Wiggins, oro en los Juegos de Londres 2012, y que engrandeció su leyenda con el maillot arcoiris, luego de ganar dos títulos olímpicos, tres mundiales en pista, dos Dauphinés, una París Niza, un Tour de Romandía y el Tour de Francia 2012.
A sus 34 años, Wiggins se traza metas claras. "No tengo intención de seguir en el ciclismo de ruta mucho tiempo. Me prepararé para la modalidad de persecución, no iré al Mundial de E.U. el año que viene y me dedicaré en pleno para los siguientes Juegos Olímpicos".
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