Y contra todo pronóstico, a Teresita y a Marco se les criaron los cuatrillizos, se volvieron unos muchachones alentados y alegres y aunque pasan dificultades económicas, no se quejan, le agradecen a Dios que están juntos y unidos y que ni la pobreza los ha hecho separar.
La historia de esta familia se remonta a 12 años atrás, cuando la prensa registró el insólito caso de Teresita del Socorro Agudelo, una campesina del corregimiento San José de Urama, de Dabeiba, a quien desde allí remitieron a Medellín con dolores de parto, un parto ochomesino que en la localidad no podían atender.
Ella y su angustiado esposo, Marco Antonio Quiroz, llegaron a Medellín sin un peso y con la mente fija en que ese "tercer" hijo que iban a tener les iba a incrementar sus angustias económicas, pero al fin y al cabo lo estaban buscando para cerrar ya los nacimientos y quedar felices, con sus otros dos hijos, Nancy y Adrián, en ese entonces de 4 y 3 años de edad.
Pero cuál sería su sorpresa cuando no llegó ese otro muchachón que esperaba Marco sino una chorrera de cuatro: tres mujeres y un hombre, que, por casualidad, salió de primerito, con esos afanes de varón por gozarse el mundo.
-Imagínese, nosotros esperando uno y se vinieron cuatro. Yo no sabía eso porque me mandaron unas ecografías y no me las pude hacer-, comenta Teresita, aunque reafirma que así lo hubiera sabido, de todos modos los habría tenido, pues sus padres le enseñaron "que un hijo es sagrado y hay que tenerlo como sea".
En su momento, la pareja y sus cuatrillizos mojaron prensa. En parte, porque es poco común un parto tan grande. En parte, también, porque uno fue varón. Y en parte, además, porque Marco y Teresita no sabían ni cómo iban a criarlos y entonces les tocó acudir a la solidaridad para que les ayudaran con semejante carga.
Y la familia sigue unida
Hoy, doce años después, junto a Nancy y Adrián, los cuatrillizos inundan la vida de Teresita y Marco.
Es cierto que el hombre se queja porque no hay empleo, porque tuvo que regresarse a Dabeiba a buscar de qué vivir y es verdad que no le ha sido fácil criarlos y darles enseñanzas buenas para que sean buenos hijos. Pero tal vez esas dificultades han afianzado su amor y le hacen decir esa frase que pronuncia todo padre orgulloso:
-Si volviera atrás, ¡ah! sí, los tendría, ellos son mi felicidad, nunca los abandonaría, ni lo piense-.
Daniela María, Verónica María, Luisa Fernanda y Marcos Roberto nacieron el 9 de diciembre de 1997 en el Hospital General de Medellín. Si en ese momento fueron la sensación, pues salieron en la prensa y el pueblo antioqueño los vio en la televisión, la han pasado el resto de los años refugiados en un barrio de Medellín, llevando una vida normal, casi desapercibida, y con dificultades.
EL COLOMBIANO los volvió a encontrar y supo cómo se han desenvuelto sus vidas desde entonces.
Varios años lo han pasado en el hogar de la madre Carmelina Gambardela, una institución de ayuda a familias necesitadas, donde los acogieron y les dieron educación y apoyo hasta que crecieron.
Hoy, ya grandecitos, las muchachas y el muchacho, se ven unidos, felices y educándose para no ser una carga. Cada uno, a su modo, tiene una meta. Y un sueño. Y esperan superarse para ser independientes y vivir mejor.
Como lo que más tienen en común es la timidez, en monosílabos Verónica María cuenta que quiere ser doctora, Luisa Fernanda veterinaria, Daniela cantante y Marcos... ¡Marcos nada!, porque tiene dificultades de aprendizaje y no sabe leer ni escribir.
-Él nos cuida, va por nosotras cuando nos demoramos en la calle-, narra Daniela.
La prueba reina de eso es que el jovencito está con una pierna enyesada, pues una tarde que iba por ellas donde una vecina cruzó la calle sin fijarse y ¡zas!..., una moto que venía volada lo atropelló.
-Él es especial, pero es un amor de muchacho, no hace sino reírse-, cuenta la mamá.
Ella tiene claro cómo son cada una y él y por eso afirma que Daniela y Verónica son las más unidas.
-Y son las que más se parecen, son igualitas-.
Sí. Se peinan igual, miran igual y las diferencia que Daniela es un tris más altica y más "cotizona con los pelados", dicen en casa.
Luisa Fernanda, que es la más vanidosa, también es la más callada y la más casera. Y como es la más alta, le dio por defenderlas en la calle.
Da gusto compartir una tarde con esta familia, en la que abundan las risas, los secretos entre los cuatrillizos y los consejos de papá.
Lástima que en casa no haya más que eso, amor y consejos. Porque a falta de escaparates, la ropa la arruman sobre una cama vieja. Ante la carencia de plasma, luchan con un antiguo televisor de perillas de 14 pulgadas que sólo coge dos canales, y eso que borrosos y gangosos.
Es un hogar que sigue igual de pobre que hace 12 años, cuando los cuatrillizos nacieron, pues a los pocos meses de salir en la prensa, las ayudas cesaron.
Y hace 15 días, cansado de buscar empleo sin que le saliera nada, Marco hizo empacar los corotos y se regresó a Dabeiba a ver en qué le sale trabajo, pues en Medellín no pudo progresar.
-Yo era campesino y acá me volví albañil. Nos vamos pa'Dabeiba a ver qué hago-.
Para los cuatrillizos será duro, pues se criaron en Medellín, en un barrio popular, y nada saben de la vida en un pueblo. Aún así, se van.
Uno está donde están los que ama y para allá van los ocho: papá, mamá, Nancy, Adrián y los cuatrillizos. Van cargados de esperanza. Arropados de amor. Y lo que nunca imaginaron ni Teresita ni Marco: en manada de ocho.
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