Hay recuerdos que se quedan tatuados en la memoria y que, aunque pasen los años, no se esfuman, ni se olvidan. Algunos son bellos. Otros no tanto. Estos últimos son bivalentes: dejan heridas, traumas difíciles de sanar, pero también crean lazos eternos, imposibles de romper.
La vida de Albeiro Valencia Tabárez, un campesino noble y berraco que vive en la vereda El Pantalio de La Unión, Antioquia, se dividió en dos la noche del 28 de noviembre del 2016. Pasadas las 11:00 p.m. de aquel lunes, escuchó en la radio que había un avión desaparecido.
La voz que salía por el transistor agregó que era la aeronave en que venían los futbolistas del Club Chapecoense de Brasil, para disputar la final de la Copa Sudamericana con Atlético Nacional. Además, informó que la última comunicación fue cerca del aeropuerto, al parecer por La Unión.
Todo era difuso. Esa noche llovía y hacía mucho frío. Además, en la parte alta de la vereda, donde vivía entonces y era mayordomo de una finca, no se escuchó ningún ruido, ninguna explosión y todo el mundo sabe –o intuye–, que cuando un avión se cae suena.
Albeiro no creyó que la aeronave estuviera cerca. Sin embargo salió a mirar. Vio, en la cara del Cerro Gordo que mira hacia el parque de La Unión, algo poco usual: la cola de un avión de color blanco con líneas rojas y verdes.
¿Cómo llegó Albeiro Valencia a la emergencia del Chapecoense?
Quedó en shock. Se sorprendió porque no hubo ningún ruido. Decidió salir rápido hacia el lugar. Pensó que podía ayudar, salvar vidas. Fue una de las primeras personas que llegó al sitio donde cayó el avión hace casi diez años.
Es un viernes de finales de septiembre del 2026. Un sol picante de tierra fría está posado sobre la finca Chapecoense, hogar donde Albeiro vive con su familia. Sus ojos verdes se llenan de lágrimas y quedan más claros, casi cristalinos. La voz se le quiebra. Agacha la mirada. Hace un ruido con la garganta, buscando el sosiego que acaba de perder cuando lo que vio esa noche pasa por su mente. Pide perdón. Luego empieza a hablar.
“Es muy duro recordar lo que viví. Cuando llegué se escuchaban gritos, personas pidiendo auxilio. Después, con el paso del tiempo, todas esas voces se fueron apagando”, dijo, con la mirada clavada en la manga de su casa, pero extraviada, perdida, como si, por un momento, hubiera retrocedido al 2016 y estuviera parado frente a los restos del avión LaMia 2933.
¿Cómo armó el museo con las partes del avión de LaMia que se cayó en 2016?
Subimos los pocos metros que separan la casa donde Albeiro vive con su familia, de un ranchito de madera, techo plástico y ventanales cubiertos con tela, donde conserva los recuerdos de la tragedia que cambió su vida.
Albeiro espera en la puerta. Nos hace el honor de entrar primero al museo que tiene de la tragedia. No hay forma de no quedar paralizado, de que las manos no suden, de que el corazón no se achicopale y un sentimiento profundo genere presión en el pecho pidiendo soltar el llanto cuando se ven, colgadas en la pared del rancho, las latas originales del avión donde venía el Chapecoense.
Albeiro tiene, al ingreso de su museo, dos partes del avión donde estaba estampado el escudo del equipo brasileño. Las latas, de pintura blanca, tienen visos de un gris metálico en los puntos que más se golpearon cuando el avión se fue al suelo y quedó hecho pedazos.
En el museo de Albeiro también hay una nevera de Gatorade, con la parte de arriba partida, que venía en el avión, así como una maleta de mano, de las que se cuelgan en los hombros, que pertenecía a alguno de los miembros de la delegación que venía para la capital de Antioquia a jugar “el partido de su vida”.
Todo genera impacto visual; pero rompe el alma mirar la silla, abullonada y con forro de cuero, que quedó intacta después del accidente y que Albeiro tiene en su museo. No se sabe quién venía en ella, pero él, con una mezcla entre entusiasmo y solemnidad, habla de Hélio Neto, uno de los seis sobrevivientes de la tragedia, que pidió viajar en el asiento donde, días antes del viaje a Colombia, se sentó Lionel Messi con la Selección de Argentina.
Pocos metros a la izquierda hay una vitrina transparente donde se ven cámaras, computadores y los relojes que tenían los jugadores. Hay uno que quedó congelado en las 9:58 p.m., hora en la que se estima ocurrió el accidente.
Es difícil, al ver las cámaras, por ejemplo, no pensar en la ilusión que traían los futbolistas. Tantos elementos para tomar fotos y grabar videos indican el deseo de inmortalizar aquella final que los metería en la historia. Los relojes, por otro lado, son recuerdo del paso incontenible del tiempo que, ante una tragedia como la de Chapecoense, solo se amaina con el ejercicio de la memoria que cumple el museo de Valencia.
Más de uno queda frío cuando ve, doblada, limpia y con las insignias sombre los hombros, la camiseta blanca que llevaba el piloto del avión de LaMia que, presuntamente en algún momento, decidió no parar a recargar combustible y, por temor a una sanción millonaria, no avisó a la torre de control que venía con la reserva cuando le pidieron sobrevolar el aeropuerto de Rionegro porque otra nave pidió prelación para la pista.
El sueño que tiene es lograr que su museo sea más visitado. La forma de llamar la atención desde la vía es el tren de aterrizaje original del avión, que él lo conserva en la entrada de su finca. Cuando se mira, es imposible no pensar en que estuvo a dos minutos de tocar pista en Rionegro. Ahora, es un recuerdo para Albeiro de esa noche que llevará tatuada toda la vida en su memoria.
- ¿Quién es Albeiro Valencia Tabárez y qué papel desempeñó la noche de la tragedia del Chapecoense?
- Es un campesino y habitante de la vereda El Pantalio, en La Unión, Antioquia, quien fue una de las primeras personas en llegar al Cerro Gordo a prestar auxilio a las víctimas la noche del 28 de noviembre de 2016.
- ¿Dónde queda ubicado el museo con las partes del avión del Chapecoense?
- El museo está ubicado en la finca Chapecoense, en la vereda El Pantalio del municipio de La Unión, cerca al sitio del accidente.
- ¿Qué objetos originales del vuelo de LaMia 2933 se conservan en el museo?
- Se conservan latas con el escudo del Chapecoense, el tren de aterrizaje original, una silla de la aeronave, relojes congelados a la hora del impacto, cámaras, la camiseta del piloto y objetos personales de la delegación.