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Los NN, principal nexo argentino con las Malvinas

  • El cementerio argentino de Darwin es administrado por familiares de los caídos. FOTOS c. harris
    El cementerio argentino de Darwin es administrado por familiares de los caídos. FOTOS c. harris
  • Bajo la dictadura de Leopoldo Galtieri, los argentinos pasaron de la euforia al fracaso total por Malvinas.
    Bajo la dictadura de Leopoldo Galtieri, los argentinos pasaron de la euforia al fracaso total por Malvinas.
  • Varios enterrados en el cementerio de Darwin eran pilotos de helicópteros derribados por los ingleses.
    Varios enterrados en el cementerio de Darwin eran pilotos de helicópteros derribados por los ingleses.
  • Uno de los hechos trágicos de la guerra fue el hundimiento del buque General Belgrano. FotoS rev. gente
    Uno de los hechos trágicos de la guerra fue el hundimiento del buque General Belgrano. FotoS rev. gente
  • Más de 14.000 soldados argentinos fueron destinados a las Malvinas en 1982, principalmente a Isla Soledad.
    Más de 14.000 soldados argentinos fueron destinados a las Malvinas en 1982, principalmente a Isla Soledad.
  • Tal como en Argentina durante la dictadura, habitantes de Malvinas denunciaron violentas redadas.
    Tal como en Argentina durante la dictadura, habitantes de Malvinas denunciaron violentas redadas.
  • Los británicos tuvieron momentos críticos, pero a la larga supieron prevalecer. FotoS r. gente, k. griffiths
    Los británicos tuvieron momentos críticos, pero a la larga supieron prevalecer. FotoS r. gente, k. griffiths
Por daniel armirola r. | Publicado el 08 de enero de 2017

A dos kilómetros de Puerto Darwin, enclavado en uno de los lugares donde más sangre se derramó durante la Guerra de las Malvinas (1982), el cementerio argentino (Argentine Military Cemetery), es testimonio escondido del sufrimiento humano que dejó un conflicto motivado por la ambición y el apego al poder. Y es escondido, porque para los habitantes de las localidades cercanas habría sido difícil tener todos los días que recordar que en la tierra que pisan, cientos de hombres murieron por un centenario reclamo territorial.

Se encuentra oculto tras una leve hondonada, y de él no sobresalen altas cruces ni capillas, para que no sea visible desde otros puntos. La única señal que se tiene de su existencia, desde fuera, es un pequeño cartel que reza Argentine Cemetery al costado de la vía Darwin Road, de la que se bifurca una pequeña y rústica carretera.

Pero además de estar prácticamente oculto, llama la atención el hecho de que la mayoría de los restos mortales enterrados en él —123 de los 237 soldados argentinos— son de militares no identificados, que han permanecido en condición de NN durante más de tres décadas. Las viejas rencillas y los nacionalismos han conspirado para que esa situación se haya perpetuado por tantos años.

No obstante, el pasado 20 de diciembre, Reino Unido y Argentina llegaron a un histórico acuerdo para permitir la identificación de esos 123 cadáveres a través de exámenes de ADN, tras un largo viacrucis de familiares y amigos de los caídos para poder saber si sus allegados están sepultados allí. Ambas naciones encargaron dicha tarea al Comité Internacional de la Cruz Roja, que iniciará su labor en julio de este año.

Las reacciones han sido diversas, y tal como los sentimientos encontrados que genera el recuerdo del conflicto entre argentinos y británicos en el 82, hay una mezcla de opiniones a favor y en contra.

La puerta de las islas

La propia historia del cementerio se ha convertido en un vínculo duradero entre los argentinos y las Malvinas, una herida y un fuego permanente de su identidad nacional. En los graduales avances y pequeños pactos logrados durante años, dicho lugar se convirtió tal vez en el único en las islas al que los suramericanos pueden hacer culto —así los isleños o kelpers hayan prohibido el uso de banderas o símbolos nacionalistas—.

Su historia es casi casual. El lugar fue escogido en plena guerra, tras la batalla de Goose Green (Pradera del Ganso), en la que perdieron la vida 47 soldados argentinos y 17 británicos. Se trató de la primera batalla terrestre entre los dos bandos, tras un largo traslado de las fuerzas británicas por 12.000 km de mar abierto.

Allí fueron enterrados no solo los 47 caídos argentinos del primer combate, sino también otros 190 fallecidos en la isla Soledad e incluso pilotos derribados y marinos. El coronel británico Geoffrey Cardozo se encargó de organizar la sepultura de dichos soldados.

Esos últimos entierros, de pilotos y marinos, se dieron años después: Al capitán Jorge Osvaldo García se le vio salir expulsado con éxito de su avión A-4 después de ser derribado por un misil tierra-aire el 25 de mayo de 1982, pero su cuerpo no fue recuperado del agua. Al año siguiente fue encontrado en la isla Golding y luego llevado al cementerio.

Cuatro años después (1986), se hallaron los restos mortales del teniente Miguel Ángel Giménez “Sombra”, reconocido piloto de los IA-58 Pucará. Los huesos del militar fueron encontrados en la ladera suroeste del Monte Azul, de la isla Gran Malvina, donde se estrelló accidentalmente en una noche de poca visibilidad y tras haber destruido un helicóptero inglés cerca a Darwin.

A su entierro asistieron sus familiares, quienes fueron los primeros parientes de los caídos argentinos en visitar las islas tras la guerra. Su padre, Isaías Giménez, siempre tuvo la esperanza de encontrarlo con vida. Creía que de alguna forma los ingleses lo tenían preso. El 29 de agosto de ese año recordó las palabras que le dieron consuelo: “sepa que si usted perdió a su hijo, la Fuerza Aérea perdió un héroe”.

Tras 17 años de la guerra aún se encontraban restos mortales. En las islas Sebaldes fueron hallados en 1999 los despojos de un militar argentino, pero el proceso de identificación fue dispendioso. No se encontraron placas identificatorias, por lo que los huesos fueron entregados a la Policía de Stanley, que los mantuvo guardados hasta 2008.

Apenas ese año, en mayo, la embajada de Reino Unido en Buenos Aires comunicó a Argentina sobre el hallazgo, tras lo cual los restos fueron trasladados en junio a territorio continental, concretamente al Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand. La institución determinó que estos correspondían al primer teniente Jorge Casco, piloto de un A-4C que se estrelló el 9 de mayo de 1982, también por condiciones de baja visibilidad (ver radiografía).

En 2009, los despojos de Casco fueron sepultados en el cementerio de Darwin.

Tras la caída de la dictadura, los sucesivos gobiernos de Argentina mantuvieron una postura intransigente frente a la diplomacia de Londres, anteponiendo siempre la cuestión soberanista sobre otros asuntos relevantes como: los vuelos entre Argentina y las islas —bien comunes antes de la guerra—; el manejo del cementerio y la identificación de los NN; el comercio y la cooperación, entre otros.

Pero hubo una excepción que favoreció los intereses argentinos, y esta fue la del gobierno de Carlos Menem. En concreto, los avances se lograron gracias a la gestión de Guido Di Tella en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Centrado en esos asuntos “secundarios”, Di Tella logró en 1999, mediante la declaración conjunta de Argentina y Reino Unido del 14 de julio, que los familiares de los caídos sean los responsables de la administración y ciertas decisiones en torno al cementerio.

El acuerdo también permitió los viajes de los familiares y el diseño de un monumento que, en cualquier caso, evitó sobrepasar la altura permitida por la Asamblea Legislativa de las Islas Malvinas, que aprobó el diseño de los arquitectos Mónica Cordero y Carlos D’Aprile en 2002.

¿Soberanía o amistad?

Así, con sucesivos pequeños pactos, el terreno fue preparado para que un cementerio le diera a los argentinos más cercanía a las islas Malvinas que cualquier otro símbolo o acción. Ahora, tras el pacto de identificación de los 123 NN que están enterrados en él, ¿qué piensa la gente en Buenos Aires o en Ushuaia? Las opiniones varían.

El coronel Carlos Pissolito, director de la Asociación Cascos Azules Argentinos e integrante del Centro de Estudios Estratégicos Santa Romana, consideró que “en general, a los veteranos de guerra y a los que sentimos Malvinas, nos parece que el hecho de que Argentina y Reino Unido estén pactando la identificación de los restos es una mala noticia”.

“Detrás de ese aparente gesto humanitario vemos una maniobra de los británicos para retirar los restos de las islas, cuando la inmensa mayoría de los familiares de los caídos están muy conformes con que estén enterrados allí, así sea solo bajo la consigna de ‘soldado argentino solo conocido por Dios’, o el brutal ‘NN’”, dijo.

“El tema de querer identificarlos puede pasar como una cuestión muy humanitaria, muy sentimental, pero en realidad para nosotros, puede ser una maniobra más de Reino Unido para desalojarnos. No quieren ni siquiera los huesos de nuestros muertos”, agregó.

Ante la postura soberanista, que recuerda que entre 1820 y 1833 las islas estuvieron bajo control argentino —hasta la invasión británica liderada por el capitán John James Onslow—, muchos otros argentinos piensan lo contrario, tal como el politólogo Vicente Palermo, columnista de los diarios Clarín y La Nación, e integrante del Centro de Investigaciones Políticas (Cipol).

“El acuerdo entre ambos países atiende una necesidad de muchas familias, que tienen todo el derecho de esperar que eso se concrete. Pero además de eso, es como ponerle simbólicamente un cierre a la guerra, a ese episodio tan trágico, cuyas consecuencias y secuelas aún se arrastran hasta ahora. Me parece por tanto positivo desde cualquier punto de vista y espero que se materialice”, afirmó.

“Cuando hablo de secuelas me refiero al peso de la memoria de la guerra como algo que no terminó. Como agravios y cosas que precisan de una reparación de ambos lados. Sobre todo del lado argentino, donde hay un poco de victimismo, a pesar de que la guerra la comenzó la dictadura militar, y por eso está muy bien cerrar ese episodio”, añadió.

En ese sentido, como el politólogo Palermo, otros argentinos ven con buenos ojos el enfoque que tiene la administración de Mauricio Macri respecto a las Malvinas. En su opinión, muy pocos fueron los gobiernos que decidieron ser pragmáticos en su diplomacia con Reino Unido desde el retorno a la democracia en 1983 —tras la elección de Raúl Alfonsín—.

“En este contexto delicado, donde es difícil tener una buena relación con Reino Unido, de confianza mutua, dejar a un lado la cuestión de la soberanía me parece muy bien. Hay que pasar esa página para establecer vínculos permanentes”, argumentó Palermo.

“Históricamente, salvo el gobierno de Menem con la política exterior liderada por Guido Di Tella, todos pusieron el tema de las Malvinas en medio. Todos dijeron ‘vamos a conversar, pero vamos a comenzar hablando de soberanía. Si no hablamos de soberanía no hablamos de nada’. La única excepción a esto fue con el canciller Di Tella. Ahora estamos aparentemente en una etapa nueva, que probablemente pase por esos carriles y recupere la visión que tenía el gobierno argentino durante los noventa. Esperemos que esto ocurra”, concluyó.

Un pedazo de Argentina

Desde 2012, fueron ONG como la Asociación Combatientes de Malvinas por los Derechos Humanos (Acomadeh), las que impulsaron la iniciativa para identificar a los 123 NN enterrados en el cementerio argentino de Darwin. Tras una orden judicial, el 2 de abril de 2012, en el acto por el 30 aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas, en Ushuaia, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció que la Cruz Roja Internacional mediaría ante el Reino Unido para poder identificarlos.

Gustavo Pirich, excombatiente y presidente de Acomadeh, se siente esperanzado con este acuerdo que ayudó a impulsar junto a otros Veteranos de Guerra de Malvinas (VGM): “venimos luchando por esto desde hace muchos años. Ahora los familiares podrán saber la verdad, pero de ninguna forma se van a trasladar los restos al continente”.

Pirich fue asignado como soldado conscripto en la avanzada para defender el Monte Wireless Ridge, donde entre el 13 y 14 de junio de 1982 se libró uno de los últimos y decisivos combates de la guerra. Allí perdió amigos que probablemente están enterrados en el cementerio de Darwin. Espera resolver ese interrogante de décadas en julio próximo.

Mientras tanto, el cementerio argentino de Darwin seguirá siendo un pedazo del, según como se vea, centenario reclamo o utopía: “ahí está nuestra sangre derramada”, recuerda Pirich. Y los NN, “esos huesos enterrados, son además el mejor certificado de posesión que tenemos sobre Malvinas”, coincide Pissolito.

Contexto de la Noticia

radiografía misiones aéreas al borde de la muerte

Durante la guerra, los pilotos de combate argentinos, de aviones como el Douglas A-4 y el IA-58 Pucará —los más usados por dicho país en la contienda—, tenían serios problemas para acercarse a los navíos británicos y atacarlos. El principal era tecnológico. Sus aeronaves eran vulnerables a los misiles tierra - aire lanzados desde los buques o baterías antiaéreas, y a los AIM-9 Sidewinder disparados desde los aviones Sea Harrier. Por tanto, para evitar contacto radar, volaban a alturas muy bajas, rasando el mar, hasta avistar a su objetivo y descargar sus bombas. En condiciones de baja visibilidad, aumentaba el riesgo de siniestros como el de Jorge Casco y Miguel Ángel Giménez.

Daniel Armirola Ricaurte

Salsero a ultranza. Volante de salida. San Lázaro me protege antes del cierre. Máster en Periodismo - El Mundo (España). Redactor Internacional - El Colombiano.

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