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“En México hoy en día no confío en nadie”: viuda de Javier Valdez

EL COLOMBIANO entrevistó a Griselda Triana y conoció la faceta familiar del ya legendario colega.

También abordó la impunidad en la que sigue el caso y la amenaza sobre el periodismo en México.

  • GriseldaTriana, la esposa del periodista Javier Valdez, asesinado por narcotraficantes en México, recibió en España el premio póstumo de la Asociación de Prensa de Madrid. FOTO EFE
    GriseldaTriana, la esposa del periodista Javier Valdez, asesinado por narcotraficantes en México, recibió en España el premio póstumo de la Asociación de Prensa de Madrid. FOTO EFE
14 de enero de 2018
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Por temor o indiferencia, no todas las personas en México están siempre dispuestas a contestar todos los interrogantes de los periodistas cuando se aborda la actualidad de ese país. Pero Javier Valdez (Culiacán, 1967-2017) estaba siempre abierto a hablar con cualquier periodista internacional que lo contactara. No era solo por su constante buen humor y excepcional sencillez, aunque fuera un reportero laureado con premios mundiales como el de la Libertad de Prensa (2011), del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ).

Valdez siempre estaba ahí para responder porque era consciente de la importancia de divulgar al mundo todos los datos sobre la tragedia que viven desde hace décadas los mexicanos, cuando el kraken del narcotráfico se volvió amo del poder, de la muerte y la injusticia en el país. Así, con la amenaza de los criminales sobre su espalda, Javier habló con EL COLOMBIANO tres días antes de ser asesinado.

“Los periodistas tenemos que resistir. Conservar nuestros espacios, seguir manejando nuestros vehículos de acróbata. No quedarnos callados a pesar de tanta desolación”, nos repetía con una valentía tranquila, con un desafío a la violencia únicamente comparable con su amor por México.

Tras su muerte, Javier quedó como héroe de la verdad en un país amordazado. Y como símbolo aún combate al silencio y la resignación. “Tenía mucho más para dar. Me lo imaginaba anciano y escribiendo”, dice a EL COLOMBIANO su esposa, Griselda Triana, tras ocho meses de su asesinato.

La verdad es que Valdez sigue vivo, siempre lo recordaremos. Siempre desafiará al imperio de la barbarie y de la codicia mientras que dure en México. A ella se lo expresamos en entrevista.

¿Cómo ha seguido la familia tras 8 meses sin Javier?

“La seguimos pasando muy mal. Ahorita nos encontramos quizás más afectados que al principio, porque conforme pasan las días, los meses, y además se conjuga todo con estas fechas festivas, nos pega cada vez más duro la ausencia de Javier. Entonces han sido meses muy tristes y complicados. De tener una familia de cuatro, de repente eso ya no es. Nunca será fácil lidiar con su ausencia, y las cosas se complican cuando nos damos cuenta, y estamos viendo todos los días, que no hay señales de que su caso pueda ser resuelto”.

¿Siguen viviendo en Culiacán y cómo se sienten allí?

“Siento el mismo temor que cualquier persona en esta ciudad. Es cierto que soy la viuda de un periodista, pero aquí también están las esposas, los hijos, los familiares de otras personas que han sido asesinadas y que no son periodistas, mas son también víctimas de la violencia que impera en Culiacán y en toda Sinaloa. Muchos vivimos con temor aquí, es en general: todos se la están jugando a diario por el hecho de residir acá”.

¿En qué está la investigación sobre el asesinato de Javier? ¿Ha avanzado algo?

“Sobre los avances de las carpetas de investigación, es información que tienen las autoridades, como la Procuraduría General y la Fiscalía Especializada. Por mi parte, yo no te voy a decir que no ha habido avances, aquí el problema es que no hay ninguna persona detenida. ¿Dónde están los autores materiales e intelectuales? A nosotros como familia de poco nos sirve que nos informen de algunos avances si no hay ninguna persona detenida. Pero bueno, aquí en México cualquier cosa es posible excepto la justicia”.

¿Sirvió para algo el rechazo generalizado que se dio en el momento de su muerte?

“A raíz de que mataron a Javier hay más preocupación de quienes ejercen el periodismo en este país. Prueba de ello fueron las manifestaciones de apoyo y solidaridad por parte del gremio. En especial en el D.F, donde ya voltearon a ver la situación de sus colegas en las provincias, porque son quienes más han padecido la soledad ante la persecución contra quienes denuncian o simplemente informan.

Todos se dieron cuenta de que si los narcos mataron a alguien como Javier, a pesar de su trayectoria y reconocimiento internacional, pueden matar a cualquiera. Entonces se están organizando más, hay agenda y propuestas para que los periodistas se protejan, tengan garantías para ejercer sus derechos y para blindar la libertad de prensa. Si de algo ha servido todo esto —que no quiero decirlo de esa forma porque no es justo que hayan asesinado a Javier para que eso ocurriera— es para que el gremio se preocupara de la necesidad de organizarse frente a las amenazas en México”.

¿Qué es lo que más recuerda de Javier como persona, como esposo y padre?

“Todo. Yo extraño a mi compañero (rompe en llanto), a mi esposo, extraño ya no poder hacer planes con él. Habíamos acordado envejecer juntos, porque las relaciones de pareja a veces no son fáciles, pero teníamos muy claro que queríamos envejecer juntos. Yo me imaginaba a Javier anciano y escribiendo. Javier tenía mucho que dar todavía. Entonces obviamente extraño a mi compañero y sus hijos lo extrañan.

Se extraña todo porque ustedes conocían al periodista, al escritor, pero nosotros conocíamos al ser humano, a la persona que estaba en nuestra casa. Yo le comento a mis hijos que es un privilegio que conocimos también sus defectos, al igual que sus virtudes. Eso lo tenemos que atesorar porque nos hace más humanos. Por eso extrañamos todo de él”.

Usted habla de los planes, y él en vida hablaba de sus viajes. ¿Eran muy viajeros?

“Claro. Todos los sábados eran los días de salir juntos él y yo. Nuestro último viaje familiar fue precisamente a Colombia. Estuvimos alrededor de 10 días en Bogotá, en julio de 2016. Habrá muchas primeras veces desde entonces. Mis hijos pasaron su primer Día del Padre sin su papá, sus primeros cumpleaños sin su papá, la primera Navidad y el primer fin de año sin él. Pero nosotros somos una familia unida y ahora muy fortalecida”.

¿En algún momento Javier le expresó temor por su vida, por la persecución contra los periodistas en México y en especial contra un investigador del narco y la corrupción como él?

“Javier nunca me habló de una amenaza directa, pero siempre nos hizo saber que a él lo podían matar, y que si eso ocurría iba a ser por su trabajo. Finalmente los temas que tocaba sabemos que no le gustan a muchos personajes, por lo que siempre supimos del riesgo que implicaba ser periodista en Sinaloa. Sin necesidad de conocer los nombres, porque si algo hizo él fue siempre proteger a su familia”.

En el sentido de tampoco angustiarlos a ustedes ¿no?

“Claro. Sentíamos que algo no andaba bien, sí. Pero nada más, Javier no nos compartía información que nos pudiera poner en riesgo”.

Precisamente, ¿cuándo y cómo percibieron que algo no andaba bien?

“Semanas antes de su muerte lo sabíamos. Tras ese trabajo (la entrevista publicada en Ríodoce el 20 de febrero de 2017, día en que los narcos intentaron comprar toda la edición para que no la leyera nadie en Sinaloa), pensamos que las cosas se volvían a relajar, él sintió que las cosas se habían relajado, pero no fue así”.

¿Cómo supo de su muerte?

“Yo estaba en mi trabajo, y me llamó Ismael Bojórquez (director de Ríodoce) para decirme que habían atacado a Javier a balazos. Yo le dije que no, que eso no podía ser porque yo había hablado con él hacía 15 minutos. Él me había llamado. Entonces cuando Ismael me dijo lo que pasó mi primera reacción fue no creerle”.

¿Los acompañó en algo el gobierno de Enrique Peña Nieto tras su asesinato?

“Aquí lo que tiene que hacer el gobierno es esclarecer su asesinato. Para eso es que está. Lo mejor que nos puede dar es aclarar su crimen. Nada más va a reparar el daño que nos hicieron, que le hayan quitado el padre a sus hijos, y a mí a mi esposo, a mi compañero. Nada lo va a compensar más que aclarar la verdad. Entonces no puede ser posible que con todos las instituciones y recursos que tienen, sean incapaces de resolverlo y dar con quienes lo mataron y ordenaron su ejecución”.

El día de su muerte, El País de España tituló “Asesinado Javier Valdez, el gran cronista del narco en Sinaloa”. ¿Sabía usted de esa relevancia mundial de su esposo? ¿O solo se percató cuando reclamó el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) en su nombre?

“El reconocimiento a la trayectoria y al trabajo de Javier se ha valorado y apreciado más fuera de Sinaloa y fuera de México. Cuando se manifiestan la APM y otras asociaciones de diferentes partes del mundo, me emocionó. Ese seguimiento internacional ha permitido que la exigencia por aclarar su asesinato se haya reforzado.

Javier era una persona a la que buscaban siempre los corresponsales de otros países, y que estaba muy visible. Estaba siempre al alcance de la mano de cualquier periodista que buscara conocer lo que es la violencia por el narcotráfico en este país. Y si a alguien buscaban era a él. Entonces como familia sabíamos que Javier gozaba de ese reconocimiento. Pero creo que ni él se imaginaba que se podría dar tal respuesta solidaria en el mundo pidiendo justicia. Eso ha sido impactante para nosotros y de alguna manera nos ha servido para sentir que no estamos solos en esto”.

En junio de 2017, los periodistas de Ciudad de México se percataron de que también eran perseguidos y no solo por narcos, sino por políticos. Valdez hablaba mucho de eso, del hecho de que más peligrosos que los propios narcos podían ser los políticos y empresarios asociados a ellos. ¿Estarían esos sectores detrás de su muerte?

“Todo está corrompido hoy en día en México. Si las instituciones, si los políticos actuaran con honestidad, no habría impunidad generalizada en el país. Los mexicanos actualmente no sabemos de quién nos tenemos que cuidar más, si de las organizaciones criminales o del mismo gobierno. Finalmente nos parece lo mismo”.

Javier hablaba de su simpatía por Andrés Manuel López Obrador como opción para un cambio de rumbo en las presidenciales de 2018. ¿Usted cree en alguien para el país?

“Yo ahorita no creo en nadie, yo ahorita no confío en nadie. Es difícil, es muy difícil tener fe hoy en algo en México. Yo soy católica, no íbamos mucho a la iglesia con Javier, pero pensaba una cosa el día de ayer: ¿cómo puedo en este momento refugiarme en Dios y la Iglesia, como muchas personas en mi misma situación lo harían, si eso implicaría ir soltando mi exigencia de justicia? Yo no espero la justicia divina, no me interesa, yo quiero que se dé la justicia de los hombres y de las leyes”.

Sabiendo lo que usted ha sufrido, y si pudiera hablarle a todos los periodistas que aún investigan sobre el narco en México, ¿los animaría a seguir con su labor a pesar del sufrimiento familiar?

“Por supuesto que sí. A Javier yo nunca le podría haber pedido que dejara de escribir. No lo iba a hacer. No solo era algo que le gustaba, él lo veía como su responsabilidad. Era su otro matrimonio, él estaba casado con el periodismo. Asumió ese compromiso y yo nunca le iba a pedir que no lo hiciera a pesar de todos los riesgos y amenazas. Pero creo que los periodistas tienen que seguir abordando estos asuntos, y a pesar de que es una decisión personal, va a continuar haciéndolo quien de verdad crea que con su trabajo puede cambiar en algo la conciencia de las personas que vivimos en México”.

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