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Médico colombiano y su esposa ucraniana recuerdan cómo la hipocresía de la cúpula comunista salió a flote el 26 de abril de 1986, el inicio del fin.
Fieles a su tradición ortodoxa, los ucranianos tratan de buscar en la Biblia señas de lo que vivieron hace 30 años frente a un fenómeno que poco comprendían, y el libro que mejor pueden asociar frente al desastre nuclear de Chernóbil es el Apocalipsis:
“El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas” (8:10-11).
Del ajenjo —que tiene dos nombres en ruso, polyn y chernobyl— se hace la absenta, y de ella queda la estupefacción y la intoxicación. Lo que resta es dormir, como si se muriera unas horas, pero está después el recuerdo de esa muerte en una larga resaca, como una sombra que seguirá los pasos. Así, quienes vivieron en Ucrania los días aciagos de la tragedia nuclear asumen su experiencia....