En el centro de Tokio un lugar reúne las almas de 2,5 millones de soldados. Transferidas a un sable y un espejo, descansan en un altar de puertas de madera en el centro del santuario Yasukuni, a 15 minutos del Estadio Olímpico, lugar en el que Japón pretende inaugurar los primeros Juegos Olímpicos modernos de un mundo en post-pandemia. Entre los venerados del santuario, hay 14 hombres que China considera criminales. A las dos potencias las separan siglos de conflictos que se trasladan ahora al terreno de las justas deportivas.
Sus caminos se cruzan allí. El 7 de septiembre de 2013 el Comité Olímpico Internacional (COI) eligió a Tokio como sede de los Juegos de verano de 2020; el 31 de julio de 2015 el mismo organismo decidió que Pekín organizaría los Juegos de invierno de 2022. El mundo era entonces otro.
La euforia japonesa por el evento se ha desvanecido, devastada por una segunda y tercera ola de coronavirus que mantiene en estado de emergencia a 11 de sus 47 prefecturas (división territorial...