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En la ONU se vota un acuerdo que obligaría a eliminar y prohibir este tipo de armas, si el boicot de las potencias no lo vuelve utopía.
La humanidad guarda en la memoria del horror la imagen de lo ocurrido hace siete décadas en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Entonces, dos ataques nucleares provocaron la muerte de 214.000 personas, hirieron a 120.000 y generaron casos de leucemia y de otros tipos de cáncer por el envenenamiento de la radiación.
Aquellas gigantescas nubes en forma de hongo sobre el cielo nipón, los cuerpos calcinados y la destrucción en tierra (que ardió a 4.000 grados celcius) no volvieron a verse. Sin embargo, “nunca habíamos estado tan cerca de repetirlo como ahora”, advierte John Loretz, director de programa de la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear (IPPNW), una organización reconocida con el Premio Nobel de Paz en 1985.
Según los análisis de su organización, solo una de las 15.000 ojivas nucleares (armas de destrucción masiva) que nueve países tienen en su poder hoy (ver margen derecho de la infografía) explotaría 20 ó 30 veces con más potencia que...