En la vida todo es cuestión de perspectiva, dicen, y en esta situación sí que se puede aplicar el adagio popular pues una escena en medio del discurso del estado de la Unión pronunciado por Joe Biden este martes ha llamado la atención más que las palabras pronunciadas por el presidente.
Y es que, minutos antes de que el mandatario le hablara al Congreso y a todo el país, las cámaras siguieron a la primera dama, Jil Biden, quien caminaba por la tribuna principal del Capitolio saludando a los invitados al evento, incluyendo a Doug Emhoff, el esposo de Kamala Harris, la vicepresidenta de EE. UU., con quien tuvo un peculiar encuentro, pues se dieron un beso que tiene hablando a más de uno.
En los videos que circulan en redes sociales se ve cómo ambos se acercan y, en lo que puede ser un efecto visual, parecen besarse en la boca. La situación ha sido objeto de críticas y burlas en las que los más creativos han pedido, como en el fútbol, la intervención del VAR para aclarar lo sucedido.
No es la primera vez que Jill Biden pasa por una situación similar. En 2016, durante un evento en la Casa Blanca en el que también estaba Jeff Bezos, CEO de Amazon, un ángulo capturó lo que parecía ser un beso en la boca entre ambos. Sin embargo, todo es cuestión de perspectiva, pues en ambos casos sí fueron besos en la mejilla.
Biden y un discurso optimista y lleno de cifras
El presidente Biden abogó en su discurso por una sociedad más justa con mejores salarios para los obreros y más impuestos para los multimillonarios. También aprovechó para advertirle a China que no dudará en actuar si amenaza la soberanía de Estados Unidos.
En un discurso optimista y lleno de cifras, Biden presumió de la tasa de desempleo más baja en 50 años, de la caída de la inflación y de los beneficios de los enormes programas de inversiones y reformas emprendidos por su administración.
“Terminemos el trabajo”, dijo el presidente de 80 años, que baraja presentarse a la reelección en 2024.
En el plano internacional, lanzó un aviso a Pekín después del derribo de un globo chino que, según Washington, servía para espiar. “Como dejamos claro la semana pasada, si China amenaza nuestra soberanía, actuaremos para proteger nuestro país. Y lo hicimos”, dijo.
Pero fue un discurso más centrado en política interna, con una defensa a ultranza del corazón industrial de Estados Unidos, del “made in USA” que ayudó en su día a su predecesor republicano Donald Trump a conquistar las ciudades obreras.
“Mi plan económico es invertir en lugares y personas que han sido olvidados”, que “se han quedado atrás o han sido tratadas como si fueran invisibles” durante las últimas cuatro décadas, concluyó el mandatario.