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“Hay que desmitificar la idea de que los jóvenes ya no quieren estudiar carreras universitarias”

La rectora de Eafit, Claudia Restrepo, cuenta el plan a 2035, la creación del programa de medicina, un sistema propio de becas y la propuesta de un Distrito Educativo y CTI en el sur.

  • Claudia Restrepo es la primera mujer en asumir la rectoría de la Universidad Eafit en más de 65 años de historia. FOTO CORTESÍA
    Claudia Restrepo es la primera mujer en asumir la rectoría de la Universidad Eafit en más de 65 años de historia. FOTO CORTESÍA
hace 6 horas
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Tras alcanzar la máxima acreditación de alta calidad por diez años —hito que en el sector privado del país solo comparten otras tres universidades—, Eafit traza su hoja de ruta hacia 2035. En entrevista con EL COLOMBIANO, su rectora, Claudia Restrepo, analiza el panorama de la educación superior en Colombia, la respuesta de la institución frente a la pérdida de subsidios estatales y las reformas aplicadas para formar profesionales aptos para la era de la inteligencia artificial. También detalla los proyectos que vienen para la universidad, entre los que destacan la apertura de la carrera de medicina y la consolidación de un distrito de ciencia, tecnología e innovación en el sur del Valle de Aburrá.

¿Qué significa para Eafit haber obtenido la acreditación de alta calidad por 10 años?

“Estamos muy orgullosos de habernos ‘puesto la 10’. En los procesos de acreditación de alta calidad en el país, el sistema evalúa la excelencia de las instituciones y otorga vigencias por seis, ocho o diez años, siendo esta última la máxima posible. Eafit fue de las primeras instituciones en acogerse voluntariamente a este sistema en 2003.

Hoy, en el 2026, tras cuatro procesos de acreditación consecutivos, hemos recibido esta máxima acreditación de 10 años, un logro que solo comparten nueve universidades en Colombia. Esto representa un reconocimiento de confianza por parte del Consejo Nacional de Acreditación (CNA) hacia nuestros estándares de calidad y trayectoria”.

Esto coincide con su ratificación como rectora hasta 2030. ¿Cómo se articula eso con la planeación de largo plazo?

“Esta solidez responde a una trayectoria consistente. El rector Juan Felipe Gaviria inició nuestra participación en el sistema de acreditación en 2003, y los rectores posteriores hemos mantenido de manera coherente esa ruta. En cuanto a la planeación, todas las universidades cuentan con un plan de desarrollo de futuro.

El nuestro se denomina ‘Itinerario’ y está proyectado hacia 2035, independientemente del período de la rectoría. Lo que hacemos es tomar las recomendaciones del CNA para robustecer nuestros procesos. Por ejemplo, para seguir consolidando nuestra propuesta en ciencia, tecnología e innovación (CTI), lanzamos las becas de talento en CTI. En el informe del CNA se destacó especialmente nuestra estrecha conexión con el ecosistema de organizaciones y el impacto real que generamos a nivel regional y nacional en transferencia de conocimiento”.

¿Cuáles son los proyectos clave de futuro?

“El primero de ellos es la creación de nuestra sexta escuela: la Escuela de Ciencias de la Vida y del Cuidado, que iniciará con el programa de Medicina. Este proyecto ya se encuentra en las etapas finales de evaluación ante el Ministerio y esperamos poder ofrecerlo a partir del próximo año. Adicionalmente, relanzaremos la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería para potenciar su rol como centro de ciencia, tecnología e innovación, sumando programas recientemente incorporados como Ingeniería Industrial y de Construcción, y proyectando nuevas opciones como Ingeniería de Sostenibilidad e Ingeniería Química.

En segundo lugar, seguimos consolidando nuestro liderazgo en propiedad intelectual como la universidad privada del país con mayor número de patentes per cápita, impulsando fondos específicos de CTI y nuestro fondo de ideación ‘You Venture’.

En tercer lugar, trabajamos en el concepto de aprendizaje para toda la vida, articulando de forma continua las experiencias desde la universidad de los niños hasta las iniciativas de actualización rápida para profesionales. En cuarto lugar, mantenemos nuestra meta de avanzar hacia un modelo de ‘admisión ciega’ en el que la calidad y el talento sean los únicos requisitos de acceso, sin importar las condiciones económicas del estudiante.

Finalmente, en infraestructura, estamos diseñando un gran centro de conexiones en la zona norte del campus con proyección a tres años, el cual funcionará como una gran puerta de entrada al distrito de innovación sur, facilitando el desarrollo de grandes eventos globales de emprendimiento y tecnología y completando el tejido de nuestro campus como un verdadero laboratorio vivo de conocimiento”.

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La educación superior atraviesa turbulencias sociales, económicas y tecnológicas. ¿Cómo navegan en esta realidad?

“Estamos en un excelente momento institucional y los 10 años de acreditación demuestran nuestra capacidad de respuesta frente a desafíos exigentes en múltiples dimensiones, comenzando por el acceso a la educación superior. El gobierno que terminó finalizó los subsidios a la demanda que beneficiaban a los estudiantes y debilitó programas como ‘Ser Pilo Paga’ y ‘Generación E’, al tiempo que el Icetex perdió fuerza. Frente a esto, tomamos la decisión de estructurar el sistema de becas propias de la universidad, que actualmente es el más grande del país en una universidad. Ofrecemos cerca de 300 becas cada semestre, con coberturas de entre el 40% y el 100% de la matrícula, de acuerdo con las necesidades de estudiantes.

Para este programa se postulan cada semestre entre 1.500 y 1.700 jóvenes con talento. Adicionalmente, impulsamos la creación del Fondo Futuro junto a otras universidades de la región, el cual funciona como una alternativa de financiamiento local para mitigar el debilitamiento del Icetex en Antioquia”.

¿Qué impacto real ha tenido este sistema de becas en la población estudiantil de pregrado?

“Gracias a estas estrategias y al apoyo de una red de fundaciones y filántropos, hoy el 30% de nuestros estudiantes de pregrado cuenta con algún tipo de beca, un indicador que hace cinco o seis años se situaba en el 20%. Nuestra población de pregrado se mantiene muy estable, oscilando entre los 9.500 y 10.000 estudiantes, según el semestre”.

El aprendizaje está cambiando de forma acelerada. ¿Qué reformas implementaron para responder a los nuevos tiempos?

“En los últimos cuatro años llevamos a cabo una reforma curricular de todos los programas académicos, enfocándolos en el desarrollo de competencias y la resolución de retos. Implementamos el modelo ‘Aprendizaje E’, el cual posiciona al estudiante en el centro de la experiencia formativa y fomenta el aprendizaje experiencial, el emprendimiento y la innovación como pilares sustantivos. A la par, elevamos sustancialmente los niveles de exigencia.

El año pasado modificamos el modelo de admisión, estableciendo como requisito obligatorio para todos los programas un puntaje específico en la prueba Saber 11, las calificaciones de noveno y décimo grado (o décimo y undécimo para colegios de 12 grados), y una entrevista obligatoria. Muchos pensaron que subir la exigencia reduciría la matrícula en un momento complejo para el sector, pero la realidad es que el número de aspirantes ha aumentado. Además, fortalecimos las normas de permanencia, restableciendo la asistencia obligatoria como factor de evaluación, endureciendo las condiciones de cancelación y estableciendo que para graduarse es obligatorio superar el promedio nacional en las pruebas Saber Pro”.

¿Cómo abordan la irrupción de la inteligencia artificial?

“Creemos en dos premisas sobre la IA entrando a la universidad. Primero, todos los estudiantes de Eafit, sin importar si estudian Literatura o Ingeniería Matemática, deben cursar Pensamiento Computacional en su primer semestre. Esto los capacita para entender la lógica de la automatización, la programación y la inteligencia artificial, permitiéndoles comprender el pensamiento complejo.

Lo otro es que somos convencidos de que entre más tecnología tenés, más capacidades de competencias básicas tenés que dominar: lectoescritura y razonamiento matemático. Por eso cambiamos el proceso de admisión para guiar a los estudiantes que lo requieran hacia nuestro programa de nivelación pedagógica ‘Programa E’ antes de iniciar su carrera. No nos oponemos al uso de la inteligencia artificial; al contrario, queremos que la utilicen, pero con la sofisticación necesaria para plantear buenas preguntas (’prompts’) y con un criterio analítico sólido”.

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En el debate sobre el futuro de la educación superior suele decirse que los jóvenes prefieren cursos cortos sobre carreras tradicionales. ¿Eso es real?

“La educación superior requiere de una flexibilidad mucho mayor. El modelo estatal colombiano tiene una gran rigidez: aprobar el registro calificado de un programa nuevo tarda de dos a tres años en el Ministerio, lo cual genera una falla de mercado frente a la velocidad del cambio tecnológico. Necesitamos que el Ministerio otorgue mayor flexibilidad a las universidades acreditadas para operar ágilmente y auditar con posterioridad.

Pero hay que desmitificar algo: no está pasando eso de que los jóvenes no quieren estudiar la educación superior y que quieren hacer cursos cortos. En Colombia, la estadística y los estudios demuestran lo contrario. Una encuesta muy representativa realizada por la Fundación Empresarios por la Educación determinó que cerca del 90% de los jóvenes anhela acceder a la educación superior porque continúa viéndola como la vía principal de movilidad social. Los jóvenes toman decisiones racionales de futuro, valoran la empleabilidad y saben que el mercado reconoce la profesionalización y la certificación. Eafit es la primera universidad en empleabilidad de Antioquia y la cuarta del país. Pero la universidad no es solo el plan de estudios; el campus físico es indispensable para que los estudiantes maduren, consoliden redes de contactos profesionales y desarrollen competencias socioemocionales complejas. La virtualidad tiene un espacio fundamental en el upskilling (formación continua) y el reskilling (o recapacitación) de cara a la educación para toda la vida, pero el pregrado presencial sigue siendo irreemplazable”.

¿Cómo es lo de un Distrito CTI?

“Nos estamos consolidando como un nodo clave de ciencia, tecnología e innovación (CTI) en la región. Hemos propuesto para la revisión del POT la conformación de un Distrito Educativo Sur; así como está Futumed en el norte (con Ruta N como ancla), queremos tener en el sur un eje de Distrito de Educación y de Innovación. Porque no solo es Eafit, es el Colegio San José de Las Vegas, el Inem y el Politécnico. Actualmente, el campus de Eafit alberga cinco centros de innovación de empresas como Argos, Premex y Bios, además de acoger a 18 emprendedores de impacto ubicados en Ongoing y We House. Asimismo, impulsamos ‘You Venture’, un fondo de ideación tecnológica para proyectos complejos, y consolidamos centros de vanguardia como ‘Energy Valley’ en el sector energético y próximamente ‘Fine’ en innovación financiera”.

Acabamos de vivir un semestre convulsionado con tres elecciones y un debate álgido. ¿Cuál debe ser el papel de la universidad para que esas diferencias se queden en los argumentos?

“Mira, de hecho, esa fue una pregunta que nos hicimos un grupo grande de universidades en Colombia, hicimos un proyecto que se llama Cuidar la democracia y ese modelo buscaba justamente ver cómo activar las capacidades de las universidades para pensar en los temas de la democracia. Hicimos una gran encuesta en el país tratando de entender qué pensaban y sentían los colombianos frente al ejercicio democrático y tratar de hacer foros, paneles, conversación, sensibilización, y hablar con los candidatos alrededor de este ejercicio. Ese es un ejemplo de algo que las universidades pueden ser: mesas de deliberación y de reflexión alrededor del ejercicio democrático.

Claramente las universidades en Colombia y en el mundo están pasando por un momento de mucha tensión alrededor de los temas ideológicos, porque son un espacio cuidado, seguro para que haya diversidad de pensamiento, pluralidad, conversación activa, pero no somos ajenas a tensiones de la sociedad.

Creo firmemente en que la libertad de cátedra —pilar de la autonomía universitaria— debe traducirse en la garantía de un espacio seguro donde los jóvenes expongan sus posturas de manera libre y no bajo las creencias del profesor. Nos toca modular, acompañar, vivir tensiones, establecer mecanismos de conversación que cada vez garanticen condiciones de pluralismo y resistir las tensiones que puedan ocurrir en ese tiempo para poder garantizarle, sobretodo, la tarea de una universidad en general que es garantizarle a los jóvenes espacios seguros para poder hacer el ejercicio de aprendizaje”.

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