Un país rico en palmas que cada vez las arrincona y amenaza más pese a que tienen infinidad de usos, desde alimento hasta artesanías y construcción. Incluso una de ellas es el árbol nacional.
Se cuenta con 252 especies y 45 géneros, de acuerdo con el primer Plan de Manejo, Uso y Conservación de Palmas que busca su protección y conservación. El tercer país en cantidad, detrás de Brasil y Malasia.
El plan, elaborado por el Grupo de Investigación en Palmas Silvestres de la Universidad Nacional con el Ministerio del Medio Ambiente, muestra los servicios que prestan estas plantas y su estado actual. Hay 54 especies con alguna categoría de amenaza y casi la mitad de estas son endémicas, la mayoría en la región andina, donde también tienen más problemas.
Fue elaborado por la investigadora Gloria Galeano como directora del proyecto, con asesoría de Rodrigo Bernal, quien fue autor principal del catálogo de plantas de Colombia.
Pero no solo se trata de hablar de las palmas amenazadas. También de sus usos, que son un motivo para conservarlas.
El porqué
De las 252 especies, 161 tienen alguna utilidad por los humanos y 32 se pueden comercializar. Son 192 usos los que proveen las distintas partes, del tallo a las hojas, el tronco y los frutos. Se conoce su empleo en construcción, elaboración de utensilios y herramientas, temas culturales, alimentación humana, medicinal, alimento para animales, ornamentos, elaboración de artesanías y combustibles.
Unos ejemplos de las que se aprovechan, de acuerdo con el Minambiente, son la palma de Vino, que es fuente de aceites, fibra, palmito y materiales de construcción.
La nolí tiene un alto potencial para producir aceite y la moriche es una de las más abundantes en la Amazonía. Casi todas sus partes se utilizan: su fruto es alimento de los pueblos indígenas porque su pulpa tiene altos contenidos de vitamina A, carbohidratos, ácidos oleicos, tocoferoles y caroteno, explicó Rodrigo Bernal, uno de los autores.
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