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La estrategia para preservar los paujiles de pico azul que se adelanta en Medellín

La especie ‘Crax alberti’, endémica del país y que habita al norte de Colombia, está en amenaza. En el antiguo Zoológico Santa Fe se adelanta una estrategia de preservación.

  • El paujil macho de pizo azul (izquierda) y la hembra (derecha) son dos individuos de la especie endémica que peligra en el país. Foto: Jaime Pérez.
    El paujil macho de pizo azul (izquierda) y la hembra (derecha) son dos individuos de la especie endémica que peligra en el país. Foto: Jaime Pérez.
  • El paujil macho tiene tonos negros y azules en su plumaje y su pico es de un azul índigo. Foto: Jaime Pérez.
    El paujil macho tiene tonos negros y azules en su plumaje y su pico es de un azul índigo. Foto: Jaime Pérez.
  • La paujil hembra tiene líneas blancas en su plumaje y no tiene pico azul. Foto: Jaime Pérez.
    La paujil hembra tiene líneas blancas en su plumaje y no tiene pico azul. Foto: Jaime Pérez.
01 de marzo de 2024
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En el Parque de la Conservación, en el barrio Guayabal, habitan cuatro paujiles de pico azul —dos machos y dos hembras— que no están en exhibición al público, más bien, se encuentran en una zona especial donde biólogos buscan que estos animales se reproduzcan y tengan crías como una estrategia de preservación de la especie, que es endémica, lo que significa que solo existe en el país.

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La razón por la que han buscado reproducirlos es por la disminución de individuos reportados en vida silvestre, cuenta Óscar Daniel Medina Barrios, coordinador de Población Animal y Conservación del Parque, tanto así que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la incluyó como especie “en peligro crítico de extinción”.

Según un estudio basado con la población de paujiles de Yondó, realizado por la ONG Wildlife Conservation Society, la población de esta especie en el país es de menos de 2.000 individuos y si la caza de esta especie terminara podrían tener una viabilidad de 100 años.

Esta ave es habitual en el norte de Colombia, está distribuida en las tierras bajas del país (hasta 1.200 metros sobre el nivel del mar) desde el Valle Medio del río Magdalena hasta la Sierra Nevada de Santa Marta, aunque también se han hecho reportes en Antioquia en municipios como El Bagre.

Ellos habitan en los sotobosques, lugares donde abundan arbustos y árboles pequeños y vegetación entre la que se escoden y estiran el cuello. Las razones por las que se encuentran en peligro son la deforestación, la caza y el tráfico ilegal de fauna silvestre.

“La presión antrópica es la gran contribuyente de todas las extinciones en la naturaleza, la actividad humana como la tala de los bosques donde estos animales viven es la principal causa. El segundo problema es la cacería, ya que poblaciones rurales consumen su carne al ser animales grandes —el macho mide 50 centímetros y la hembra entre 40 y 45— y son una ‘buena fuente de proteína’ y en tercer luegar está el tráfico ilegal”.

Sin embargo, hay un cuarto factor que el biólogo describe y que es causa de la disminución de individuos: su proceso de reproducción es complejo, al ser animales monógamos, solitarios y las hembras suelen ser exigentes con los machos.

Además, en el momento de reproducirse, ambos animales pueden ser extremadamente violentos —el macho picotea a la hembra, le puede quitar plumas, golpearla— lo que podría llevarla a la muerte, así que en condiciones ex situ (cautiverio) los biólogos deben preservar la vida de la hembra e intentar que los individuos desarrollen primero comportamientos filiales por el otro e intentar la reproducción entre la especie.

Esto es lo que se adelanta desde el Parque de la Conservación y, precisamente, para este proceso la bióloga Zhara Valentina Cubillos, de la Universidad Nacional de Colombia, estudió durante su pasantía en el Parque a estos paujiles y en el proceso enriqueció su hábitat para analizar la relación de estas mejoras con su comportamiento reproductivo, teniendo en cuenta que son individuos mayores —un aproximado de 10 años— y no mostraban tanto interés.

El paujil macho tiene tonos negros y azules en su plumaje y su pico es de un azul índigo. Foto: Jaime Pérez.
El paujil macho tiene tonos negros y azules en su plumaje y su pico es de un azul índigo. Foto: Jaime Pérez.
La paujil hembra tiene líneas blancas en su plumaje y no tiene pico azul. Foto: Jaime Pérez.
La paujil hembra tiene líneas blancas en su plumaje y no tiene pico azul. Foto: Jaime Pérez.

Enriquecimiento del hábitat

Durante cuatro meses, la bióloga enriqueció el hogar de estas aves –conformadas por recintos cerrados con un nido y algo de espacio– con balazo (Monstera deliciosa) y platanillo, plantas cuyas hojas rojas y amarillas parecen picos de aves.

Aprovechando su presencia en el Parque, se ubicaron nueve ejemplares en cada espacio para que sirvieran como aislantes del ruido. Se dispusieron árboles a nivel del suelo para que ellos pudiesen esconderse y se sintieran más cómodos, ya que son animales que les gusta estar entre árboles; también se hicieron unos ajustes para que entrara mayor luz solar.

“Cuando llegué aquí los paujiles estaban retraídos y poco activos; presentaban muestras de estrés por no tener un hábitat adecuado, y por ende sus intenciones de reproducirse eran muy bajas; después de enriquecer sus recintos y de aplicar un plan de manejo que tuvo en cuenta la interacción entre ellos y la alimentación, así como retos cognitivos para conseguir comida y su condición física, las aves volvieron a presentar intención de copular y un mayor dinamismo y movimiento”, cuenta Zhara Valentina.

Naturalmente los paujiles machos deben seducir a las hembras. Una de sus estrategias de cortejo consiste en reunir las piedras más preciosas que encuentra a su alrededor para ofrecérselas a la hembra y esperar que las reciba. Esta práctica ha alentado el mito de que las aves guardan oro en su cuerpo, por lo que algunas personas las cazan para comprobar si esto es cierto.

“Después de ajustar los nidos hubo acercamientos para reproducirse: uno de los machos montó a una hembra de unos 6 años, pero el proceso no llegó a buen término porque se tornó muy agresivo. Un segundo macho, con el que también hubo buena química pero no se interesó”, indica la bióloga

Durante el estudio se lograron distinguir otros comportamientos de cortejo que no estaban registrados –hay poca información registrada de la especie— pero que siguen siendo preliminares.

“En mis observaciones descubrí otros movimientos relacionados al cortejo. Uno lo llamé Golpe al flanco al picotearse los dos flancos rápidamente y es diferente a acicalarse y lo hacían cuando una hembra los observaba o cuando llegaba su cuidadora. A otro lo llamé la Secuencia del cortejo, el paujil se agazapaba, se acurrucaba y encogía el cuello y luego lo sacaban para emitir un pujido. Luego oculta de nuevo el cuello. A otro lo llamé la Danza del cortejo al poner sus alas hacia atrás y moverse rápidamente acompañado de un levantamiento del plumaje de la cola”.

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Estos comportamientos aumentaron con el enriquecimiento del hábitat, lo que indica que haber mejorado su espacio trae respuestas favorables en su comportamiento reproductivo. Esto es un paso más cerca para lograr la reproducción de estos paujiles

De hecho, la bióloga Julieth Nataly García Caro, Promotora de Bienestar Animal del Área de Conservación del Parque dice que guarda la esperanza de que en algún momento se logre el nacimiento de un polluelo —que tardaría alrededor de un mes en nacer—.

Los retos por mantenerlo vivo en condiciones exsitu son después de que nace: “Un neonato al estar bajo cuidado humano no es lo mismo que si estuviese al cuidado de sus parentales. Por ejemplo, enseñarles a cómo deben alimentarse y también el reflejo del pico abierto que tienen las aves, ellos lo posicionan de una forma muy específica para recibir comida de su madre y para nosotros es difícil imitar esto, ese es uno de los retos más grandes”.

El público no puede ver los cuatro paujiles del Parque de la Conservación. Sin embargo, hay uno que sí está en un lugar visible. En total son cinco los paujiles que habitan allí, por si quiere ir a conocerlo.

Ellos se alimentan de frutas como plátano, papaya, mango; semillas y proteína, como suplemento se les da concentrado de pollo. Y algunos días hacen actividades de enriquecimiento y esconden insectos para que ellos los encuentren y los consuman.

Los paujiles están juntos pero en espacios divididos. El macho busca a la hembra, le lleva piedras y espera poder copular para reproducirse. Esa es la idea de los biólogos, siempre y cuando la vida de la hembra no peligre en el acto.

“Existe cierta frustración en los paujiles machos, pero se debe preservar la vida de los cuatro individuos. Si vemos que están muy agresivos, los separamos”. Y así continúa el proceso.

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