En Medellín, el emprendimiento ocupa un lugar importante en la dinámica empresarial. La ciudad ocupó el segundo lugar en el Índice Subnacional de Emprendimiento 2025, un reconocimiento que refleja su avance en la creación, crecimiento sostenido y consolidación de nuevos negocios. Detrás de esas cifras también hay vínculos que decidieron convertir el amor y la amistad en proyectos compartidos.
Estas son tres historias de parejas y amigos que encontraron en el trabajo una nueva manera de construir juntos.
Zadquiel: la diferencia suma
Aunque Jhonattan y Camilo se conocieron en Facebook hace 10 años, no fue sino dos años después que decidieron comenzar su relación tras un reencuentro que rápidamente se convirtió en compromiso romántico y empresarial.
Tan solo 15 días después de establecer el noviazgo, Camilo le propuso a Jhonattan comenzar un emprendimiento de manillas y souvenirs al notar sus habilidades manuales. Tres meses después, Zadquiel ya estaba consolidado. El emprendimiento ha estado marcado por, como ambos describen, una relación de extremos, donde Jonathan es el más tranquilo y Camilo mucho más extrovertido, “Jhonattan produce mientras yo hago toda la parte comercial y así cada uno tiene sus roles muy bien estructurados”. Así, la diferencia, tanto en el negocio como en el amor, no llama al conflicto sino a la complementariedad.
A pesar que desde el principio se han acompañado como pareja y socios, Jhonattan y Camilo distinguen el ámbito laboral del familiar, “lo que pase de 10 a.m. a 6 p.m. es empresa, de ahí en adelante es hogar”, cuenta Camilo, mientras Jhonattan agrega que, tanto las conversaciones incómodas sobre dinero como los acuerdos en la relación y sus proyectos de vida, les ha permitido madurar como pareja.
Zadquiel como marca, busca comunicar que los accesorios, incluyendo piedras o cadenas, también son masculinos y que lo importante es sentirse a gusto y cómodo con su estilo propio.
Ruido: un proyecto para crecer juntas
El amor entre Daniela y Diana surgió en marzo del 2023 en un encuentro con una amiga en común, la chispa fue inmediata y, según cuenta Diana “a partir de entonces no nos separamos”. La relación no necesita conceptos para saberse estable y segura, cuentan entre risas que ninguna le ha propuesto a la otra ser la novia, pero pese a eso hoy tienen juntas un café-bar llamado Ruido en el barrio La Candelaria de Medellín.
Daniela fue quien lo propuso a finales del 2025 “yo voy a hacer un bar y usted verá si me apoya”, después de sopesarlo Diana aceptó y renunció a su trabajo. Aunque el camino a montar el negocio no se libró de tropiezos y equivocaciones, la vida misma parecía abrirle camino a la pareja que a suerte de fallo y error han aprendido los vaivenes del negocio.
Entre amistades y familiares que promocionaban el lugar, ayudaron a pintar y pasaron allí las tardes, Ruido, se ha consolidado como un espacio de encuentro para todo tipo de personas, una esencia propia de la relación, “se llama Ruido porque toda música empezó como eso, como ruido, pero también se basa en cómo pensamos, decimos, existimos y resistimos”. Todo lo que ha sido considerado como ‘ruido’ allí tiene cabida.
“De Diana admiro que todo lo que se propone, lo hace”, dice Daniela, mientras recuerda los obstáculos superados, “y Daniela es la calmada, me ayuda a entender los ritmos de los demás y a manejar personal”, le responde Diana. Mientras hablan, ambas se complementan la historia, recuerdan anécdotas y sueltan carcajadas cómplices y amorosas. Coinciden en que Ruido es como un hijo al que en un futuro esperan ver crecer y caminar por cuenta propia.
Pantolocos: el amor y la amistad en el teatro
En esta historia, el amor y la amistad surgió a través del arte. Camilo se formó en teatro en el corregimiento Altavista y fue a través de una presentación en el colegio que despertó el interés artístico de Juan Fernando, quien para entonces tenía 9 años.
Las casualidades o los hilos invisibles unieron románticamente y desde adolescentes a Camilo y Tatiana, hermana de Juan Fernando. Sus casas eran vecinas, lo que aceleró lo inminente. Juan Fernando escuchó uno de los ensayos de Camilo y reconoció al joven que tiempo atrás había admirado. Su hermana fue quien los conectó, “yo veía a ese niño y pensaba que era charrito, pero tenía talento. Entonces accedí a formarlo”.
Una semana después Camilo, Juan Fernando y Tatiana como productora, formaron Pantolocos, llamado entonces Pantoclown, “nos empezaron a invitar a eventos departamentales y festivales. Nosotros estábamos jugando, pero ya estábamos en el mundo profesional del teatro sin saberlo”.
Desde entonces, 23 años han pasado y Pantolocos es una reconocida compañía teatral y proyecto artístico de Medellín. Sus tres cofundadores tienen una visión común de lo que significa compartir vida laboral y familiar, “comprendimos que somos humanos y artistas permanentemente y que tenemos un proyecto que va mucho más allá de tener esas separaciones”, explica Juan Camilo.
Para Pantolocos encontrar esas formas de convivir en familia y trabajo requiere comunicación, bondad, cuidado y respeto. Honrar su vínculo en todo momento para seguir tejiendo y amando a través del arte.
En un ecosistema donde el acceso al capital también es determinante para que los negocios nazcan y crezcan, Medellín lideró en 2025 el pilar de financiamiento del ISEM, con 4,65 puntos, y obtuvo la máxima calificación en el indicador de valor de fondos de capital emprendedor.
Tres historias distintas y una misma decisión de construir en conjunto. Para Daniela y Diana fue crear un lugar que refleja su manera de entender el mundo; para Jhonattan y Camilo, convertir sus diferencias en una forma de complementarse; y para Pantolocos, hacer del arte un proyecto que ha crecido junto con sus vínculos.