El amor total contra el hoyo negro

Samuel Castro | Publicado el 17 de marzo de 2019

“The monster´s gone

He´s on the run and your daddy´s here”

Fragmento de Beautiful boy, de John Lennon

“Podrías tomar todas las palabras del lenguaje y eso todavía no describiría lo mucho que te amo”. Eso le dice David Sheff a su hijo Nic de cinco años, cuando lo lleva al aeropuerto para que viaje donde su mamá, al otro lado del país. Y no hay manera de poner en duda ese amor total, inmenso, gracias a la actuación admirable de Steve Carell en esta película que adapta dos libros de memorias, el de David, del que toma su título, y Tweak, de Nic Sheff, el hijo, en los que describen lo que significó para su relación y para su familia, la adicción a las metanfetaminas del joven, quien a raíz de su enfermedad dejó en suspenso ese futuro brillante que sus talentos y su educación le auguraban.

Por la edad que tiene Nic cuando David pronuncia esa frase, ustedes podrían suponer que la escena ocurre al comienzo de la película. En realidad no, pues el juego con los tiempos es una de las cualidades más interesantes de la propuesta narrativa que ejecuta el director belga Felix van Groeningen, a quien conocemos por aquel intenso drama, también dado a jugar con el tiempo, que aquí se llamó “El círculo del amor se rompe”. Aquella despedida en el aeropuerto es uno más de los recuerdos que se aparecen en el cerebro de David y por consiguiente frente a nuestros ojos, a veces por la añoranza de los días en que sabía decir lo indicado para espantar a los monstruos que acechaban a su hijo y otras por la culpa, preguntándose con desesperación si él mismo fue el causante de la actitud de Nic, si alguna vez dijo algo o hizo algo que fuera la bola de nieve que se convertiría en avalancha. Sus pensamientos van y vienen, lo que permite evitar el usual camino de degradación paulatino que cuentan historias similares, y adentrarnos con mayor profundidad emotiva en una relación padre e hijo llena de amor, y por lo mismo, de dolor ante la impotencia.

“Lo que siento a veces es un hoyo negro que todo lo traga”, confiesa Nic a través de la brillante, brillantísima actuación de Timothée Chalamet, en una sesión de grupo que es parte de uno de los muchos ciclos de rehabilitación-recaída que vivirá, y que terminan siendo el principal pero de la película. Cuando se adapta un libro de no ficción, no siempre se puede jugar con los recursos dramáticos que un guionista de una historia imaginada sí tiene. Ante la falta de un clímax o de un final conclusivo, en ocasiones “Beautiful boy” pareciera patinar sobre los mismos hechos, incluso cuando su intención es mostrar que la actitud del papá hacia lo que le ocurre a su hijo, pasa por todos los estados sentimentales posibles. Sin embargo, esto se compensa con la búsqueda periodística que hace David para entender, y que ilumina para nosotros algo que a veces juzgamos muy a la ligera.

Disfrutaremos la triste “Beautiful boy” entonces, por lo mucho que nos conmueve ver a un padre y a un hijo que se aman, luchando contra unas olas que no los dejan volver a la misma playa de la que partieron.

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