Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4
En el baile de disfraces electoral, hay reconocidos trashumantes y aventureros, cuando no manzanillos que posan de estadistas.
Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co
De las decenas de candidatos que componen el elenco de aspirantes presidenciales para las elecciones de este 2026, ¿cuáles son los que están bien preparados, son talentosos y les cabe el país en la cabeza para buscar soluciones y reconstruir lo que va a quedar después de la frustración petrista? ¿Cuántos están en el partidor sólo por satisfacer vanidades o valorizar adhesiones? ¿Cuántos son meros negociantes que están en el partidor exclusivamente en busca de figuración para salir de su ostracismo político o conquistar contratos y canonjías que brinda un Estado macrocefálico y dilapidador?
En el baile de disfraces electoral, hay reconocidos trashumantes y aventureros, cuando no manzanillos que posan de estadistas. Personajes arribistas, de aquellos de “ideas fijas sobre bases móviles”, que podrían completar algunos capítulos que se olvidaron al español José Antonio Marina en su libro “La vacuna contra la insensatez”, texto que describe el manual del perfecto manipulador. Allí se consignan frases que parecen sacadas de mentes de no pocos de los que aspiran gobernar a Colombia.
Y vamos al grano. “Si quiere ser un perfecto manipulador, confíe ciegamente en la credulidad de las personas. Aprovéchese de su vulnerabilidad y desprécielos por ser vulnerables”. “Para ser un buen manipulador, no olvide que la esencia de la política es la oposición amigo/enemigo. Quien no es su amigo, es su enemigo. Y al enemigo, ni agua”. “No intente enfrentarse a las fortalezas de su presa. Descubra sus debilidades. Si no es un experto en descubrirlas, nunca será un manipulador perfecto”. Y esta, que podría ser la norma seguida por no pocos personajes que se mueven en el tinglado de la farsa, acurrucados en la Casa de Nariño: “Desacredite todas las fuentes de información que no sean las suyas”. Los manipuladores, de mano con los corruptos, entran en el octavo círculo del infierno de Dante.
En este libro abundan las descripciones acerca del oficio del maquinador. “Si usted aspira a ser un manipulador político, le interesa fomentar las pasiones colectivas pero dirigiéndolas contra un enemigo: el odio, el deseo de venganza, la furia, el resentimiento. Si consigue que alcancen el estado de masas, están en sus manos”. Otra: “Como manipulador político, si está en el gobierno, ofrezca una visión maravillosa de la situación. Nunca acepte un error. En cambio, si está en la oposición, tiene que presentar un balance catastrófico. Nunca acepte un éxito de la oposición”. Y una más, dejando otras entre el libro, que podrían ser la mejor radiografía de los embaucadores del actual mercado persa electoral: “Corromper es romper la integridad del contrario y, por tanto, debilitarlo. A su vez, acabará convirtiéndose en corruptor. Su poder aumentará. El honrado es poco de fiar”. Y para cerrar estos mandamientos del perfecto maniobrero, esta última recomendación: “Y no olvide que no solo hemos entrado en la era de la posverdad, sino también de la posvergüenza”. Colofón del autor: “Si sigue todas estas reglas no solo serás un perfecto manipulador. También serás un perfecto canalla”. ¡Maquiavelo en su esplendor!