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Luis Fernando Álvarez
Columnista

Luis Fernando Álvarez

Publicado el 04 de febrero de 2022

Demagogia: desde Aristóteles hasta el papa Francisco (2)

En el libro quinto de la Política, Aristóteles afirma que la demagogia es la forma de gobierno que deriva de la degradación y corrupción de la democracia y que el surgimiento de la figura del demagogo es la que propicia la caída de la democracia. El papa Francisco, en reciente alocución ante los miembros del denominado consorcio de medios católicos, cuyo objetivo es ”aclarar las noticias falsas y la información engañosa”, dijo que toda afirmación falsa implica una violación de los derechos humanos. Agregó: “la información correcta debe garantizarse, sobre todo, a los menos equipados, a los más débiles y a los más vulnerables”.

Obsérvese la permanente preocupación en la historia de la humanidad por la necesidad de que la ciudadanía en general, especialmente la más vulnerable y retraída, sea protegida contra el odioso flagelo de la mentira. La falta de la verdad o la verdad a medias son instrumentos que vienen siendo utilizados de manera recurrente por políticos en campaña y gobernantes en acción. En ambos casos, se corre el riesgo de caer en la ominosa práctica de la demagogia. Es obvio que, durante el ejercicio del poder y, con más veras, durante el desarrollo de campañas políticas, los gobernantes y candidatos de turno utilicen y difundan mensajes de corte populista. Hemos afirmado que, en la ciencia política y constitucional, el populismo no es por sí mismo una práctica censurable, siempre y cuando se acompañe con advertencias, condiciones o excepciones que establezcan límites reales al discurso populista.

La conducta condenable se presenta cuando el titular del poder o del discurso populista pasa la línea de las posibilidades reales para ubicarse en el campo de la especulación inventada, mentirosa o a medio verdad. Cuando ello ocurre, la presentación deja de ser populista en el buen sentido del término y se convierte odiosamente en una argumentación demagógica, comúnmente señalada como populismo barato.

No cabe duda, el discurso demagógico se aprovecha de varias circunstancias y condiciones sociales de alta gravedad, así: (i) Desengaño por parte de las clases populares con las promesas y realizaciones de gobiernos anteriores, (ii) presencia de circunstancias especiales y puntuales de abandono, miseria o desplazamiento, como las originadas o agravadas por la pandemia del covid-19, (iii) desespero por lograr objetivos sociales mejores, disminuir los índices de pobreza, de desempleo y desigualdad, (iv) falta de información y formación sociopolítica por parte de masas ciudadanas, dispuestas a cubrir su debilidad en formación política escuchando y aceptando discursos con un alto contenido emocional y esperanzador, así carezcan de fundamentos conceptuales o de demostraciones reales sobre causas y efectos, (v) repetición de mensajes tendenciosos que se aprovechan de las debilidades antes descritas, para hacer ver al gobernante o candidato como una especie de mesías, dispuesto a cubrir y atender, en poco tiempo, las ausencias y debilidades de la sociedad. Es la mentira demagógica, que, por más que se repita, continuará atentando contra la democracia y los derechos de los individuos 

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