Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Por Nicolás Loaiza Díaz - opinion@elcolombiano.com.co

El peligro estupidez organizada

La persona estúpida no necesariamente carece de capacidades; lo que pierde es autonomía.

hace 1 hora
bookmark
  • El peligro estupidez organizada

Por Nicolás Loaiza Díaz - opinion@elcolombiano.com.co

Hay una idea de Dietrich Bonhoeffer que incomoda más que muchas denuncias sobre el mal: la maldad no es el mayor peligro, el verdadero peligro es la estupidez. No en la falta de inteligencia, sino en algo más político y más peligroso: la renuncia voluntaria a pensar.

Las personas malas suelen tener una lógica reconocible. Buscan poder, dinero, venganza, control, prestigio. Pueden ser cínicas, crueles o calculadoras, pero sus agendas tienden a ser predecibles. Con ellas se puede discutir, resistir o anticipar, algo que resalta Carlo Chipolla (reseña: clic aquí). El problema con la estupidez, siguiendo a Bonhoeffer, es que no opera desde una estrategia individual clara, sino desde la obediencia colectiva. La persona estúpida no necesariamente carece de capacidades; lo que pierde es autonomía. Deja de preguntarse, deja de dudar, deja de contrastar. Cambia el pensamiento por pertenencia.

La estupidez no se parece a la ignorancia simple. Se parece más a una barra brava, a una secta, a un movimiento nacionalista, a un regionalismo herido, a un partido convertido en religión o a cualquier grupo que le diga a sus miembros qué deben sentir antes de decirles que piensen por si mismos. Allí la realidad deja de importar por sí misma y empieza a valer solo en la medida en que fortalezca al grupo. Si el hecho favorece a los míos, es verdad. Si los contradice, es propaganda enemiga.

Bonhoeffer entendió esto en el contexto del nazismo, pero la advertencia va mucho más allá de ese episodio horrendo de la historia. El poder no solo necesita malvados; necesita personas dispuestas a apagar su juicio crítico para sentirse parte de algo más grande. Personas que repiten consignas que no han pensado, defienden líderes que no cuestionan y justifican daños que no aceptarían si vinieran del bando contrario. La estupidez colectiva no nace de no saber, sino de no querer saber: pensar obligaría a romper la comodidad de la tribu.

Ahí está su fuerza destructiva. El grupo empieza prometiendo identidad, protección y sentido. Luego exige lealtad. Después pide silencio. Finalmente, necesita que sus miembros llamen virtud a la obediencia y traición a la crítica. En ese punto, ya no impor ta si hablamos de política, religión, fútbol o nación: la lógica es la misma. El grupo se alimenta a sí mismo. Sus causas dejan de servir a una idea amplia de justicia, comunidad o verdad, y empiezan a servir únicamente a su propia expansión. Acumula poder para protegerse, y luego necesita más poder para justificar el que ya acumuló.

Por eso esta no es una moraleja sobre ser buenas personas. Es una crítica a sociedades que celebran la pertenencia sin exigir conciencia. Pero muchas veces llega escoltado por ciudadanos normales, convencidos de que pensar por cuenta propia es una forma de deslealtad (como bien lo argumenta Hannah Arendt).

Finalizo con un pasaje bíblico del Éxodo 23:2

(2) No seguirás a la multitud para hacer el mal, ni testificarás en un pleito inclinándote a la multitud para pervertir la justicia.

Sigue leyendo

Por Nicolás Loaiza Díaz - opinion@elcolombiano.com.co

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD