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50 años de nuestro Woodstock criollo, Ancón
Crítico

Diego Londoño

Publicado el 10 de junio de 2021

50 años de nuestro Woodstock criollo, Ancón

En pocos días se cumplirán los 50 años de un evento que trazó nuestros días en el rock y la contracultura. Celebramos la osadía y el sonido rock que ancló su raíz para contar esta historia.

Para 1969, el fenómeno rockero se había convertido en una forma de vida universal. Cada vez se hacía más fuerte y se posicionaba como una cultura que proponía soluciones, donde el No a la guerra, la ecología, el amor y el libertinaje, se materializaban no solo en las canciones y en las acciones, sino en los espacios. Es así como nace el Festival de Música y Arte de Woodstock, tres días de paz y música. Este evento fue uno de los festivales de rock y de encuentro jipi más importantes de la historia. Se realizó entre el 15 y el 18 de agosto. La cita tuvo lugar en Bethel, New York, Estados Unidos, y contó con la asistencia de, aproximadamente, 400 mil personas que bailaron, vibraron y convirtieron este festival en un hito de los años sesenta. En escena, musicalizando estos días de rebeldía, liberación sexual y manifestaciones antiguerra, estuvieron grandes de la música y del rocanrol como Janis Joplin, Carlos Santana, Neil Young, The Who y Jimi Hendrix.

A raíz de este polémico encuentro que generó opiniones en la sociedad estadounidense, algunos pequeños grupos de personas en Medellín empezaron a preguntarse qué hacer por este nuevo movimiento. En un pequeño sótano ubicado en el centro de Medellín, en el pasaje Junín Palacé, llamado “La caverna de Carolo”, custodiado por un elfo de tamaño humano, lleno de afiches psicodélicos, reflectivos a la luz y con olor permanente a incienso que disimulaba el olor a cannabis, el “decano” de los jipis en Medellín, Carolo, empezó a desarrollar los planes que armó un tiempo atrás en la isla de San Andrés con Gonzalo Arango, Pablus Gallinazus y Fanny Buitrago.

En las playas de la paradisíaca isla, Carolo por los efectos del LSD, vio en las nubes del cielo azul celeste lo que sería la versión del Woodstock al estilo colombiano. Todos rieron, dijeron que se había chiflado, pero él, terco y obstinado, lo hizo y fue así como en 1971, en el municipio de La Estrella, al sur del Valle de Aburrá, nació el Festival Ancón, el primer encuentro del rock y el jipismo en Colombia.

El Ancón fue una utopía en su comienzo, pues Medellín con respecto a las demás ciudades del país, era quizá la más religiosa, rezandera, pacata y conservadora. En un pequeño cerro y una explanada ubicada en el sector de Ancón, existía un parque con instalaciones para que las familias disfrutaran de los picnic y paseos de olla. Gracias a todos estos beneficios de naturaleza, extensión y aislamiento de la urbe, fue habilitado este espacio para el Festival de Ancón, el cual recibió el nombre por su lugar de realización y tuvo como eslogan “Es cuestión de fe y nos unimos todos con música”.

Los preparativos avanzaban para la construcción del festival que resonaría históricamente en el país. Álvaro Villegas, quien más adelante sería apodado ‘el alcalde hippie’, aceptó la realización del evento con la promesa de cambiar las piedras y los cocteles Molotov, por flautas, guitarras y bongós. La ciudad estaba conmocionada y en estado de alerta, pues llegarían a ella las melenas de todo el país, las minifaldas y la efervescencia de la juventud moderna con sus consignas de paz, amor, sexo libre y, sin lugar a dudas, el consumo de marihuana, LSD y cacao sabanero. La Iglesia, a través de sus portavoces, emitió un comunicado sobre el festival y sobre la decisión de Álvaro Villegas que luego de las críticas fue destituido de su cargo de alcalde

Ninguna empresa privada ayudó económicamente, excepto Coltejer que aportó una lona gigantesca para el escenario. Leonardo Nieto, propietario del Salón Versalles, aportó al festival cinco mil pesos y también sirvió de fiador para que Manuel Arcila, el creador del juego de la lotería en Medellín, prestara diez mil pesos que luego condonó. Por último, Carolo giró 56 cheques posfechados, pues nadie creía en el Ancón. Entre los grupos participantes que pisaron la tarima de madera con soportes metálicos y tejas de Eternit estaban Los Riders, Los Monsters, Conspiración del Zodíaco, La Banda Universal del Amor, Terrón de Sueños, La Planta, Los Flippers, Galaxia, La Banda del Marciano, Carne Dura, Los Black Star, Los Graduados, Gran Sociedad del Estado, Los Lasser, Columna de Fuego y Free Stone.

Carolo, por su parte, estaba feliz. Había logrado su sueño de verano adolescente, de convertir unas montañas enlodadas de una pequeña vereda del municipio de La Estrella, en el primer festival de rock en Colombia, en el Woodstock criollo. “El Festival de Ancón es irrepetible, porque Ancón no fue un espectáculo ni un evento, Ancón fue un cambio de generación, y los cambios de generación no se pueden repetir cada vez que a un empresario se le ocurra”, dijo Carolo

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