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Crónicas de un Fan Fatal: Una parte del tango nuestro

hace 1 hora
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  • Crónicas de un Fan Fatal: Una parte del tango nuestro

El tango llegó a esta ciudad y se quedó para siempre, y esa música con los años se empezó a parecer a nosotros.

Eso pasó con el tango en Medellín. Una ciudad que hizo suyo a Gardel, que convirtió sus canciones en parte de la memoria colectiva y que aprendió a escuchar en el bandoneón algo que, aunque venía del Río de la Plata, también hablaba de nosotros, de la nostalgia, de la violencia, de las despedidas, de los amores imposibles, de la calle, de la noche y de esa manera tan nuestra de querer intensamente.

Pero hay una historia menos contada y es la del tango que se hizo en estas montañas.

En 2011, un grupo de músicos formados en la Universidad de Antioquia decidió meterse de lleno en ese territorio. Carolina Granda en el piano, Marco Blandón en el bandoneón, David Mira en la guitarra, Paulo Parra en el contrabajo y Sebastián Montoya en el violín. Cinco músicos que entendieron que tocar tango no tenía que significar simplemente repetir una tradición.

Así nació F-31.

El nombre, tomado del avión en el que viajaba Carlos Gardel, ya decía mucho. Era un homenaje, sí, pero también una declaración de principios, porque Gardel podía haber llegado a Medellín desde el sur, pero el tango, después de tantas décadas, ya tenía aquí su propia historia.

F-31 entendió algo que me parece fundamental y es que una orquesta colombiana puede tocar tango sin disfrazarse de orquesta argentina.

Por eso su música tiene otra respiración. Hay en ella algo de estas montañas, de nuestra manera de vivir la ciudad, de la melancolía paisa, de la velocidad de Medellín, de sus noches y sus contradicciones. Es tango, pero pasado por nuestro filtro. Un tango instrumental, contemporáneo, inquieto, que no le tiene miedo a mirar hacia adelante.

Lo fueron construyendo disco a disco: Alzando Vuelo, Medellín Downtango y Atemporal. Tres momentos de una búsqueda que ha llevado a F-31 por escenarios de América, Europa y Asia, pero que siempre termina regresando a Medellín.

Y quizás ahí esté lo más bonito de estos quince años, en demostrar que la tradición no es una jaula. Que también se puede querer profundamente una música y, al mismo tiempo, atreverse a cambiarla.

F-31 cumple quince años y no celebra solamente una trayectoria. Celebra la posibilidad de que una música que parecía pertenecerle a otras calles, a otras ciudades y a otro país, también pudiera convertirse en nuestra.

Y justo, esos quince años se celebrarán hoy 15 de septiembre, en el Teatro Pablo Tobón Uribe ¡Qué hace que empezamos!, Los 15’s del F-31, será un recorrido por su historia, sus discos y las canciones que han construido este sonido, acompañado además por invitados que han hecho parte de su camino.

Quince años después, F-31 sigue demostrando que el tango también puede sonar desde estas montañas.

Y qué bueno que siga sonando.

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