Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4
Samuel
Castro
Miembro de la Online Film Critics Society
Tw: @samuelescritor
Es por lo menos paradójico que vivamos reclamándole al cine comercial por el uso de clichés en sus narraciones, como si fuera un pecado mortal, mientras pasamos horas mirando videos en plataformas que son en su mayoría variaciones mínimas del mismo cliché repetidos ad infinitum. ¿O cuántos tipos de “unboxing” creen que existen? Esa crítica en estos tiempos es bastante pueril, más si el subgénero de la película en cuestión es el navideño, donde por mucho que se esfuerce el equipo de producción, la directora o el guionista, es inevitable el coqueteo con lo ya visto.
Tal vez a este tipo de películas habría que juzgarlas más por la manera en que asumen el cliché, lo desarrollan e intentan lidiar con él. El guion de Joe Anders (y prefiero no meterme en las consideraciones que aparecen cuando averiguamos que los verdaderos apellidos del guionista son Winslet Mendes) nos pone en una de esas situaciones que no por dolorosas son poco comunes: una familia va a tener que pasar la época decembrina cuidando a una de sus integrantes más importantes, la mamá de cuatro, la abuela de un montón, porque el médico ya ha dejado claro que ésta es la última Navidad de June. Si June es la gran Helen Mirren, que tiene como norma de trabajo evitar personajes moribundos o que sufran demencia, entonces debemos alegrarnos de que algo en el guion la haya convencido de darnos un concierto interpretativo, donde nos presenta a un personaje complejo, con aristas y púas (no la gusta que a veces la toquen, regaña a sus hijos con crueldad despiadada) que se aleja de la viejita bondadosa o fácil de querer. Y Mirren es el primer ejemplo de una característica común al reparto: ni la sobreactuación fácil para buscar la comedia, ni el exceso injustificado que marque el drama. La trama está construida más bien por pequeñas piezas actorales encadenadas (el paso por el oratorio hospitalario del hijo menor, la confesión del miedo de la hija hippie, la reconciliación de dos hermanas) que llegan a ser tan dolorosas como el canto en un bar de mala muerte del marido, un colosal Timothy Spall, que se convierte en la única forma que encuentra de expresar su tristeza.
El cliché también existe porque si no tuviéramos cosas en común sería imposible apelar a cierto sentimentalismo que necesita códigos compartidos. Kate Winslet hace un debut impecable como directora y deja que su cámara flote sobre esa habitación de clínica convertida en sala familiar, confiando en unos actores, incluida ella, que no desentonan y que no necesitan de primeros planos alargados a las malas para conmovernos. Para eso cuenta además con la sabia mano de Lucia Zucchetti, su editora, que le otorga a la película el ritmo necesario para no parecer una película hecha para televisión. El resto, claro está, lo ponemos nosotros, que debemos excusar un final que se salta el realismo (vaya pues encuentre enfermeros y clínicas así de permisivas) como una concesión a una historia que se apoya en los valores navideños de la reconciliación, la solidaridad y el perdón como su principal fortaleza.