Imposible entender el abandono al que fue sometido por la Alcaldía y sus gestores culturales el teatro al aire libre Carlos Vieco, del cerro Nutibara, hoy una suerte de monumento a la desidia oficial por las expresiones artísticas. El teatro, simplemente, se fue muriendo, al parecer, sin doliente alguno. En sus mejores épocas el escenario quedaba pequeño para reunir a un Medellín ávido de música, poesía, teatro... Poetas del mundo, que participaron en el Festival Internacional de Poesía, lo llevan en sus recuerdos. Muy necesario que la actual administración lo recupere para todos.
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