Por otras experiencias, el Nobel de Paz parece no tener efecto en la resolución de conflictos, aunque logra avivar la esperanza.
Si se mira el Premio Nobel de Paz a la luz de la experiencia ajena, su efecto no parece tan relevante como ha sido históricamente la pompa alrededor del galardón.
En 1994, el asesinado primer ministro israelí Isaac Rabin, el fallecido líder palestino Yasser Arafat y Simón Peres, que murió la semana pasada con el rótulo de Nobel, recibieron el reconocimiento por su proyecto inconcluso de acuerdo de paz entre los dos estados.
Transcurrieron 22 años y el conflicto árabe israelí se mantiene, “dejando muy claro que la experiencia de aquel Nobel famoso no tuvo ningún impacto”, dice Luis Eduardo Bosemberg, historiador de la Universidad de Los Andes, para quien un electorado y unos líderes israelitas cada vez más hacia la derecha, la actitud pusilánime...
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