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Adornado con plumas de guacamayo encontraron el cadáver del ermitaño de la selva brasileña

La expansión de la frontera agrícola y el crecimiento de las ciudades fronterizas afectan la vida de muchas tribus indígenas de la Amazonia.

  • El hombre vivió 26 años alejado del contacto humano. Pocas imágenes se conservan de sus rutinas en la espesura de la selva. Foto: Tomada de video.
    El hombre vivió 26 años alejado del contacto humano. Pocas imágenes se conservan de sus rutinas en la espesura de la selva. Foto: Tomada de video.

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EL COLOMBIANO | Publicado el 30 de agosto de 2022

Desde 1995 no habló ni vivió con nadie. Al final de sus días se acostó en la hamaca, se adornó con plumas de guacamayo, esperó la muerte. Así fueron los últimos momentos del indígena más solitario de la Amazonia brasileña. Sin señales de violencia y casi putrefacto lo encontraron los funcionarios encargados de monitorearlo.

Con él se puso punto de cierre a una tribu. Nadie supo su nombre ni su lengua: las interacciones con el mundo ajeno a los 80 kilómetros cuadrados de su terreno fueron esporádicas, centradas en recoger las herramientas y las semillas dejadas por los miembros de la Fundación Nacional de Indio (Funai), un organismo estatal consagrado a la protección de los 115 grupos étnicos del Brasil. Sin leerlo, el anónimo varón –de aproximadamente 60 años– vivió a plenitud el ideal propuesto por Henry David Thoreau: estar por fuera de la sociedad. Incluso, para ser justos, fue más coherente en este camino que el filósofo estadounidense.

Su ruptura con la civilización se dio después de sobrevivir a una masacre ordenada por los terratenientes de la región. La violencia tuvo el objetivo de despojar la tribu de sus tierras para convertirlas en parcelas de cultivo. Se le conoció con el título del “indio del agujero” por los diseños arquitectónicos de las chozas que levantó a lo largo de 26 años de absoluta soledad. Uno de los pocos registros que de él quedan es un video hecho desde la distancia por la Funai: se le ve desnudo, con una capa a su espalda, en la labor de derribar un árbol. La cámara lo enfoca, aplica el zoom, se aleja.

El cadáver fue llevado a Brasilia para practicarle los análisis de rigor. Las autoridades, que pretenden retornarlo a las entrañas de la selva, temen que su óbito rompa el equilibrio de propiedad. Con su desaparición los 80 kilómetros cuadrados quedan expuestos al apetito de los colonos.


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