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Las redes y la salud mental: la obsesión por la vida perfecta

Hay una estrecha relación entre el uso de las redes y los trastornos mentales. Conozca sus implicaciones actuales.

  • Los niños y adolescentes son los más propensos caer en las oscuras dinámicas de las redes sociales. FOTO: GETTY
    Los niños y adolescentes son los más propensos caer en las oscuras dinámicas de las redes sociales. FOTO: GETTY
15 de abril de 2023
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Molly Russell se suicidó en 2017 a los 14 años. Su padre ha declarado que los culpables fueron Instagram y Pinterest, las redes sociales que con su algoritmo le recomendaron a la joven más de 2.000 publicaciones sobre autolesiones y depresión en las últimas semanas antes de que se quitara la vida bajo los efectos “negativos de contenidos en internet”, según Andrew Walker, forense y juez instructor de Londres.

Fue el primer caso que llevó a los tribunales a estas dos aplicaciones para hablar públicamente sobre su responsabilidad en la salud mental de los usuarios, lo que logró que el tribunal británico las declarara como corresponsables del suicidio de la menor de edad.

La realidad es esta: las redes sociales sí pueden afectar la salud mental. Lo han dicho incluso personas que fueron empleados de estas empresas: en 2021, Frances Haugen, exinvestigadora del departamento de integridad cívica de Facebook, empresa dueña de Instagram, filtró unos informes privados en los que se asegura que los algoritmos de esa app son dañinos para la salud mental de los niños, especialmente chicas jóvenes.

Por eso las redes en general han tenido que tomar medidas, aún insuficientes, pero importantes: si alguien busca la palabra suicidio, la red le preguntará antes de seguir si necesita ayuda, que es contenido sensible y que ellos tienen fuentes de expertos que pueden ayudar. Sin embargo, en algunas es una decisión personal y puede hacer caso omiso.

Romper los límites

Dos de los grandes problemas son los mundos irreales que se crean en redes sociales y la obsesión por ellas: se pasan los límites de tiempo, como si afuera no hubiesen más cosas que hacer que estar pendiente del like o las reacciones.

En el artículo Por qué las redes sociales hacen que la gente se sienta infeliz y formas sencillas de solucionarlo publicado en Scientific American en 2022, los científicos reportaron que la interrupción del sueño, una baja satisfacción con la vida y la baja autoestima son algunas de las consecuencias negativas de la salud mental que se han relacionado con ellas.

También está que son adictivas: están hechas para dar grandes cantidades de dopamina en poco tiempo. Haga un barrido cercano: cuántas personas están viendo el celular en este momento. No se puede parar. Según el artículo, las personas entran en estado de disociación, un proceso psicológico en el que la mente se desconecta de las acciones y se aíslan de los demás.

Hay además una percepción de compañía: se tienen muchos amigos, muchos likes, pero... ¿y cuando necesita un abrazo y un consejo, ese amigo está ahí, es real? Además hay conversaciones fragmentadas, que se toman como un acto comunicativo completo.

La psicóloga Verónica Echeverry dice que hay jóvenes que están físicamente en el mismo lugar y hablan por WhatsApp. “Casi no estamos teniendo ese contacto directo que nos hacía un poco más personas y más cercanos. Estamos poniendo en juego nuestras emociones en lo que las redes no están vendiendo: nos sentimos presionados, retados”.

Este uso desmedido tiene más riesgos. La psicóloga Laura Restrepo explica que las redes sociales pueden producir emociones de fracaso y frustración porque los usuarios se exponen a un mundo en el que se comparte lo perfecto como historias en fiestas pasándola bien. Si una persona deprimida ve esto puede afectarla más.

Tu vida es mejor, ¿no?

Paola Hincapié, especialista en redes sociales y directora de contenidos en Agencia El Grifo, señala que ese riesgo de comparación constante, que les pasa a muchas personas, no es saludable y las redes siempre apuntan hacia el deseo y lo aspiracional.

Pocas personas muestran su verdadero yo: resulta aburrido contar que no se está en la playa sino que las vacaciones se pasaron en casa con los papás. Eso genera frustración. ¿Por qué ella sí y yo no? ¿Por qué su vida es perfecta y la mía no? Las redes producen sentimientos de fracaso, inutilidad, rabia y tristeza por tener fácil acceso a la vida de los demás y llegan las comparaciones.

En ese mundo también hay una preocupación por la imagen física y las apariencias, ya que el cuerpo y el rostro se pueden modificar fácilmente con los filtros y se olvidan de que la piel perfecta no existe y que el acné es natural, que la nariz no es tan delgada como aparece en las fotos. Todo esto distorsiona la imagen y hace que enfrentarse a la realidad sea más difícil y doloroso.

“Todo el tiempo las redes están haciendo comparar a las personas y luego miras tu realidad inmediata y física y te das cuenta de que las cosas no son como se ven en las redes”, asegura Hincapié. Además, al ser un mundo tan conectado, hay información en exceso que satura. Esto desborda la capacidad de procesamiento de los usuarios y no hay cómo responder a las demandas que se plantean.

Los más vulnerables

Los niños y adolescentes, aseguran los especialistas, son los más propensos a caer en dinámicas de aprobación y aceptación en las redes sociales. A medida que aprenden a relacionarse en los escenarios digitales, se desinteresan por otras actividades como el ejercicio y los espacios para socializar, lo que intensifica el trastorno depresivo, aseguran desde el Child Mind Institute.

Esteban Uribe, psiquiatra y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, asegura que esta población está en un proceso de desarrollo psicológico y de la estructura de su personalidad, por lo que son más influenciables.

“Las redes sociales están dentro del paradigma de la felicidad y los niños y jóvenes creen que el contenido de bienestar, perfección y abundancia lo es todo en la vida, pero hay momentos difíciles. Otra cosa es que allí se encuentran modelos aspiracionales que pueden ser inalcanzables”.

Un estudio publicado en 2020 en la National Library of Medicine titulado Uso de las redes sociales y depresión en adolescentes: una revisión de alcance expuso un aumento de la depresión en adolescentes en las últimas dos décadas que coinciden con la llegada de las redes sociales.

En Estados Unidos los diagnósticos de depresión aumentaron del 8,7 % en 2005 a 11,3 % en 2014 y reportaron que por lo menos el 97 % de los adolescentes entre 13 a 17 años usan al menos una de estas plataformas: Youtube (85 %), Instagram (72 %), Snapchat (69 %), Facebook (51 %), Twitter (32 %), Tumblr (9 %) y Reddit (7 %).

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Los niños caen en estas dinámicas de aprobación y aceptación y repiten conductas que pueden atacar su integridad física, por ejemplo al participar de retos peligrosos asociados con la muerte, así como entre 2015 y 2017 se viralizó el juego suicida de la “Ballena Azul” que tenía como último objetivo el suicidio.

Todo un negocio

Paola Hincapié explica que las redes sociales son apenas una parte del capitalismo de la vigilancia, un término propuesto por la autora Shoshana Zuboff, quien escribió el libro La era del capitalismo de la vigilancia, que hace referencia a la lectura de toda la conducta de los usuarios en las redes sociales a partir de las reacciones y la interacción en el entorno digital.

En otras palabras, las empresas tecnológicas analizan las experiencias humanas y los datos personales para predecir el comportamiento de la sociedad y usarlos como un negocio.

Realmente usan estrategias adictivas que generan sensaciones de recompensa, para que así las personas permanezcan conectadas: a medida que las personas interactúan con las redes, crece la popularidad y la especialista hace énfasis en que esta se convierte en una métrica de validación personal.

“Hay personas que se obsesionan con la idea de tener un contenido reconocido y aceptado e incluso hay menores de edad que se ponen un límite de tiempo y si a los diez minutos no han alcanzado cierto número de likes, borran el contenido. Si no reciben la cantidad de interacciones esperadas se sienten mal, o si las reciben se vuelven más exigentes y adictos”. Es cuando llega el aislamiento y la sensación de que su vida es un fracaso: tan distinta a la que ven en la pantalla.

Las preocupaciones

En la Unión Europea ya hay una preocupación por la regulación de estas redes sociales. Mientras, los gobiernos latinoamericanos han manifestado poco, dice Hincapié. Ha habido algunas regulaciones desde las mismas empresas, por ejemplo Tik Tok el mes pasado anunció que tendrían restricciones de tiempo de uso y las cuentas de 13 a 15 años no recibirán notificaciones a partir de las nueve de la noche y las de 16 a 17 años desde las diez.

Países como Estados Unidos y Canadá han restringido el uso de redes sociales como Tik Tok en algunas regiones debido a que pertenece a ByteDance, una empresa china que según políticos como el mismo presidente Joe Biden aseguran ponen a merced del gobierno chino los datos de los usuarios de esta red social.

La preocupación con Tik Tok no es solo con el paso de los datos sino también con la manipulación de contenidos que puede tener la empresa para desinformar a través de la red social y los casos en los que se afecta la salud mental.

Hincapié agrega que Tik Tok es una red social que juega con el miedo de las personas y roza con lo morboso, mientras que Instagram juega y atrapa a los usuarios desde el deseo y lo aspiracional.

“Esta red social ha tenido denuncias por asuntos de desórdenes alimenticios porque se ha comprobado que circulan videos de técnicas para dejar de comer”.

La educación en la población es esencial y principalmente en los niños y adolescentes. El llamado es para todos: gobierno, colegios y familias, dice la experta. Hay que educar en la implicación de las redes y el entorno digital en la salud mental. Menciona que lo que se viene es más retador con la inteligencia artificial y el metaverso.

La obsesión de los adolescentes y las recomendaciones automáticas a Molly Rusell son apenas el inicio de una revolución digital que cambia rápidamente.

Y a veces solo basta recordar: usted puso esa foto en la que se ve muy feliz en la playa, pero tan pronto cerró el celular se puso a llorar porque acaba de pelear con su mejor amigo. La foto no es la realidad, pero prefiere mostrarle al mundo la vida en colores.

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