Un diente hallado en una cueva de Rusia constituye la evidencia más antigua conocida de una intervención dental compleja. El trabajo, liderado por investigadores del Museo Pedro el Grande de Antropología y Etnografía de la Academia Rusa de Ciencias (San Petersburgo), ha analizado un molar neandertal con modificaciones compatibles con el tratamiento de una infección dental.
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“Para ser honestos, cuando observamos este diente por primera vez, pensamos que podía tratarse de un diente con la corona fracturada. Pero tuvimos mucha suerte de contar con Alisa Zubova, nuestra primera autora, que es especialista en patologías dentales y ya había trabajado anteriormente con casos arqueológicos de caries. Ella fue la primera en sospechar que la cavidad podía ser artificial y no el resultado de un daño o desgaste normal”, dijo Kolobova Kseniya, coautora del estudio publicado PLOS One e investigadora del Instituto de Arqueología y Etnografía, Novosibirsk (Rusia).
La especialista en trazas, Lydia Zotkina, fue la encargada de examinar el diente en detalle y lo confirmó mediante evidencias microscópicas y experimentales. “Fue una combinación de suerte y de la experiencia adecuada dentro de nuestro equipo”, afirma Kseniya.
El diente procede de la cueva de Chagyrskaya, en Siberia, y tiene una antigüedad de unos 59 000 años. En su parte central presenta un orificio profundo que alcanza la cavidad pulpar.
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El análisis traceológico bajo microscopio reveló finas estrías paralelas y surcos en forma de ‘v’ en las paredes de la cavidad. La microtomografía computarizada (micro-CT) mostró que la cavidad ensanchaba la cámara pulpar de una manera incompatible con el desgaste normal o con daños naturales.
También emplearon un perfilómetro industrial para medir con precisión los surcos y microscopía electrónica de barrido para obtener imágenes de alta resolución de la superficie.
Hasta ahora, el registro arqueológico había documentado el uso de palillos para retirar restos alimentarios entre los dientes y la posible utilización de plantas con fines medicinales, aunque el alcance real de estas prácticas en el ámbito de la salud oral seguía sin estar bien definido.
Para investigar su origen, los autores llevaron a cabo experimentos con tres dientes humanos actuales. En ellos lograron reproducir perforaciones con una morfología y unas estrías microscópicas similares mediante el uso de una punta de piedra comparable a las herramientas recuperadas en el yacimiento.
“El paso más importante fue la replicación experimental: perforamos dientes humanos modernos con herramientas de piedra idénticas a las halladas en la cueva Chagyrskaya. Las marcas producidas coincidían perfectamente con las observadas en el diente neandertal. Los procesos naturales no generan este tipo de patrones”, explica la investigadora. “La combinación del análisis microscópico y la verificación experimental fue lo que nos permitió distinguir, con confianza, una intervención deliberada de un daño natural”, destaca.
El molar conserva además marcas de uso de palillos en su cara lateral y presenta una lesión por caries en individuos de la misma población, un rasgo poco frecuente en el registro neandertal.
Durante el experimento, perforaron manualmente dientes humanos modernos con pequeños perforadores de jaspe (una variedad de cuarzo) idénticos a las herramientas halladas en la cueva Chagyrskaya.
Esta práctica apunta a que los neandertales eran capaces de localizar el origen del dolor, decidir una estrategia de tratamiento y ejecutar una intervención manual precisa, a pesar de su carácter doloroso.
“Este hallazgo eleva significativamente nuestra visión sobre las capacidades cognitivas y técnicas de los neandertales. Durante mucho tiempo, fueron representados como seres simples, guiados por el instinto y carentes del razonamiento complejo de los humanos modernos. Nuestro descubrimiento demuestra lo contrario”, señala la científica.