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¿Alcahuetería o pragmatismo? Sala de consumo seguro de drogas recibió premio Héctor Abad Gómez

En el centro de Bogotá, una organización tiene un espacio de consumo supervisado para personas que se inyectan drogas. Hablamos con su directora.

  • Estefanía Sánchez Patiño sostiene una dosis de naloxona, la sustancia que salva a los consumidores de las sobredosis, y una pipa para el bazuco menos nociva que las artesanales. Foto: Horus Thor.
    Estefanía Sánchez Patiño sostiene una dosis de naloxona, la sustancia que salva a los consumidores de las sobredosis, y una pipa para el bazuco menos nociva que las artesanales. Foto: Horus Thor.
hace 1 hora
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La Corporación Acción Técnica Social recibió el premio Héctor Abad Gómez en la categoría de liderazgo social colectivo por CAMBIE, una sala en el centro de Bogotá en la que los adictos a ciertas sustancias pueden ir a consumirlas en un ambiente seguro para ellos. Para resumir la filosofía que sostiene el proyecto, Estefanía Sánchez Patiño, directora de la Corporación Acción Técnica Social, le dijo a EL COLOMBIANO que allí se trabaja no con las ideas “moralistas” de cómo deberían ser las personas, sino con el pragmatismo de cómo son en realidad.

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¿Dónde funciona la sala de CAMBIE?

“En Bogotá. Nació en 2023, abrimos la sala ese año y ha funcionado de manera ininterrumpida. Desde su apertura, mucho del proceso también ha sido recoger nuestra experiencia en salas de consumo, en entrega de material higiénico de inyección y en protocolos de atención de sobredosis. Esta experiencia ha sido recogida por la institucionalidad y luego se han desarrollado lineamientos de uso de naloxona, por ejemplo”.

¿Cuántas personas han participado en esa experiencia?

“Todo el proceso es mucho más que abrir la sala. Previo a esto hubo un gran trabajo de más de una década y, durante todo ese proceso, por ejemplo, con la entrega de naloxona comunitaria, que es un medicamento que se utiliza para revertir sobredosis de opioides, se han atendido más de 4.000 personas durante este tiempo”.

¿Cómo funciona la sala?

“Los usuarios son, en su mayoría, personas en condición de habitabilidad de calle. Estamos ubicados en el barrio de Santa Fe, en la Localidad de Los Mártires, en el centro de Bogotá. Allí los usuarios llegan. Obviamente, hicimos un proceso de legitimidad con la comunidad para abrir la sala y reconocer a unos usuarios que ya existían y que se inyectaban drogas.

Cada usuario utiliza especialmente heroína, que es lo que más consumen, pero también tenemos usuarios que utilizan ketamina y speedball. En Colombia, la mezcla de speedball casi siempre está hecha no tanto con cocaína, sino con perico. Los usuarios llegan con su propia sustancia. Nosotros tenemos unos cubículos dispuestos con espejo y les entregamos material higiénico de inyección, que es todo un kit. Ellos se inyectan y nosotros podemos percibir que estén haciendo un proceso de menor riesgo.

Sucede mucho que se inyectan mal y poco a poco se van dañando las venas. También tienen mucho riesgo cuando no saben hacerlo y puede incluso acercarse a las arterias, lo que puede ser letal. Entonces, también vigilamos que haya una inyección de menor riesgo. Lo que principalmente hacemos es prevenir sobredosis. Hay unas señales de alerta que son previsibles y que nosotros cuidamos que no ocurran y, cuando ocurren, activamos un protocolo de atención de sobredosis”.

¿Quiénes están atentos? ¿El personal de enfermería o médicos?

“Tenemos un equipo conformado por una enfermera, quien coordina la operación dentro de la sala; un equipo psicosocial, una psicóloga y una trabajadora social. También es muy importante el trabajo con pares comunitarios, es decir, personas que también hacen uso de la misma práctica psicoactiva, que se inyectan, que han sido formadas y se suman a unos protocolos de cuidado institucional para que acompañen a sus pares y se vuelvan también promotores de prácticas de cuidado y reducción de daño”.

¿Desde qué horas abren y cuántas personas pueden atender por día?

“Este año tenemos un aumento del uso de la sala. Funcionamos de 12 del mediodía a 6 de la tarde, de lunes a viernes. En comparación con el primer semestre del año pasado, hemos tenido un aumento de casi el 170 % en el uso de la sala”.

¿Una persona que tiene una sobredosis y cuenta con naloxona se puede salvar?

“Si se atiende durante los primeros segundos, se puede revertir una sobredosis con un antagonista opioide como la naloxona”.

¿Quién financia el programa?

“La organización y el programa CAMBIE recibían financiación de cooperación internacional hasta el año pasado. Se cortó esta financiación por motivos que son ajenos a los usuarios y al programa CAMBIE. Eso ha sido muy lamentable. Recibimos un reconocimiento por nuestra labor social y comunitario, pero paradójicamente estamos viviendo uno de los desafíos más grandes en sostener la operación porque nunca hemos recibido financiación pública para este proyecto”.

Algunos sectores consideran que un trabajo de este tipo promociona o propicia el consumo de drogas. ¿Cómo responde a esa percepción?

“Esto pasa mucho en el imaginario popular de cierto sector social del país y del mundo. Eso es derivado del prohibicionismo y la guerra contra las drogas. La premisa de la reducción de daño es que tenemos que trabajar con la realidad social: las personas consumen y las drogas no dejarán de existir, y eso es un hecho. No con el imaginario de dónde deberían estar las personas para poder cuidarlas.

Nosotros lo que hacemos es entender que es una realidad, que lo seguirán haciendo como lo hacen y que mueren porque no hay condiciones de cuidado para esas personas. Así que nuestro enfoque es llegar a cuidar la vida, prevenir esas muertes y hacer visible un sector social invisible y acercarnos al acceso a derechos. Trabajamos por la dignidad de los consumidores. Además de las jeringas, entregamos alimentación, ofrecemos escucha, acompañamiento psicológico, ayudamos a que estas personas se conecten con los sistemas sanitarios, porque claramente han recibido tanta discriminación que no confían en la salud nacional y, por lo tanto, no reciben sus beneficios”.

¿Quiénes son principalmente los usuarios de la sala?

“Son principalmente hombres, así como lo muestran los datos sobre habitabilidad de calle, especialmente en Bogotá, que es mayoritariamente de hombres. Pero eso también habla de otras variables. Por ejemplo, las mujeres suelen tener mayores redes de cuidado. Entonces, acuden a mayores redes y, por lo tanto, pueden acceder a ciertos servicios para pernoctar y no están habitando la calle de manera consistente como muchos hombres lo hacen, en contraste”.

¿Qué han pensado hacer en Medellín, en Antioquia?

“En Medellín hay muchas acciones que deseamos desarrollar, especialmente porque los datos muestran que Antioquia, por ejemplo, es uno de los departamentos donde más personas mueren por condiciones asociadas al consumo de sustancias en un grupo etario entre los 20 y los 29 años. Medellín y Antioquia están en el segundo lugar.

Ese es un sector en el que tenemos mucha experiencia trabajando y especialmente en universidades. Venimos también haciendo prácticas. Entonces, esto evidencia que hay una realidad que exige otras formas de gestionar las prácticas de consumo, que nuestra experiencia ponemos a disposición.

Lo que más nos ha caracterizado es un trabajo muy situado en sectores sociales diferentes: con habitantes de calle, con universidades, con juventudes específicas. Acabamos de cerrar un proyecto con barras de fútbol que fue financiado por el ex Ministerio de Igualdad y Equidad.

Eso nos permitió trabajar con 15 barras, incluyendo las barras de Medellín, y fue también la primera experiencia de trabajo de reducción de daños con barras y de levantamiento de cuáles son las prácticas de consumo dentro de las barras. Eso ha permitido un acercamiento muy importante a una realidad que también es invisibilizada y que está en el imaginario de que es problemática, que son sectores donde es muy difícil trabajar”.

Ustedes han hecho estudios sobre lo que se está consumiendo particularmente en Medellín o Antioquia. ¿Qué sustancias predominan y cuál es la particularidad del consumo en esta zona frente a otras ciudades?

“Nosotros hemos hecho varias acciones, pero en sectores muy específicos. Con nuestros servicios de análisis de sustancias detectamos unas circulaciones en un sector específico que es principalmente de juventudes y prácticas festivas de música, especialmente, pero también barras de fútbol. Siempre estamos en sectores donde es muy difícil tener datos y donde, además, a la institucionalidad le cuesta mucho llegar.

Eso nos ha permitido entender unas dinámicas propias del territorio, pero adicionalmente, si los datos oficiales muestran que, por ejemplo, con Tusi, Medellín y Manizales, en el Eje, son las ciudades que tienen en este momento mayor circulación de esta mixtura. A propósito de eso, vamos a sacar en septiembre un especial de Tusi en el que estaremos publicando investigaciones, haremos una formación específica para médicos con nuestra toxicóloga, explicando protocolos de atención, y también dejando de alarmar.

Han habido muchas noticias de que van 40 amputados y Medicina Legal no ha confirmado esta información. Es muy importante atender lo que hoy está poniendo en tanto riesgo la salud pública de las juventudes.

También ha sido Échele Cabeza quien anunció la mixtura del tusi cuando llegó, desde hace 10 años, y hemos venido hablando de esto. También fuimos quienes detectamos la xilacina, que es un adulterante que se encuentra especialmente en la cocaína, y la cocaína es uno de los ingredientes con los que se le hace el tusi”.

¿Cómo fue el proyecto que realizaron con las barras de fútbol?

“Fue un proyecto que hicimos este primer semestre. Trabajamos con 15 barras de fútbol en seis ciudades de forma simultánea. Hicimos formación con pares, es decir, con líderes pares dentro de las barras, y esto permitió que dejáramos unas capacidades instaladas y pudiéramos hablar no solamente de droga, sino de salud mental, de violencias basadas en género y empezar a nombrar temas que son tan silenciados en contextos tan heteronormados, especialmente.

Esto evidenció una cantidad de necesidades, especialmente en la gestión del cuidado, pero también prácticas que las barras ya tenían para cuidarse a sí mismas cuando viajaban o cuando estaban en una previa de un partido.

Además, estuvimos haciendo análisis de sustancias y eso nos permitió entender cuáles son las prácticas más riesgosas de consumo, con una data muy importante sobre qué están consumiendo”.

¿Qué están consumiendo?

“Principalmente cocaína y encontramos cocaínas muy adulteradas, con muy poca presencia de principio activo. Es muy interesante porque casi siempre están consumiendo levamisol, que es un desparasitante veterinario. Esto fue principalmente seguido de Tusi y también fue muy interesante porque el trabajo nos acercaba con quienes preparan los Tusi. Esto es un lugar que posiblemente a los sistemas más tradicionales les cueste pensar en cómo integrar a quienes preparan las drogas. Pero eso es fundamental porque, finalmente, ellos son quienes desarrollan el producto final para los usuarios. Fue muy importante hablar sobre las mezclas y las proporciones”.

Pero eso es muy revolucionario, porque sería trabajar con quien prepara la droga, que es un delito...

“Claro, es un delito, pero ojo porque muchos Tusi son legales. Esto suena terrible, pero la ketamina es un anestésico de uso veterinario y también de uso humano, pero principalmente de uso veterinario. Muchas veces al preparado se le pone cafeína, que es legal; se le ponen benzodiacepinas, que son ansiolíticos legales; y colorantes, edulcorantes y todo eso es legal.

Lo que pasa es que son medicamentos de uso indebido. Es decir, no están bajo receta médica, no se utilizan para sus fines, pero están disponibles en el mercado local y los utilizan. Pero no necesariamente ahí hay ilegalidad. Entonces, el Tusi nos plantea muchas preguntas y por eso hay que hablar mucho más de esto, pero también hablar con quienes más están cerca de estos procesos, como quienes los preparan, que hablar con los usuarios y con los cocineros.

También encontramos mucho en barras consumo de fármacos, que ya lo sabemos, uso indebido de sustancias y también de pegantes inhalantes. Son sustancias que no están diseñadas para uso farmacológico, psicoactivo o recreativo; son de uso industrial y, nuevamente, están dentro del grupo de sustancias de uso indebido, pero su daño es enorme”.

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