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Ser soltera, ¿privilegio laboral?

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Publicado el 14 de enero de 2021

Ellas ganan 8,4 % más que los hombres solteros en su misma posición, y 15,4 % más si es por hora: Dane.

A Lina María Gómez el dato la sorprendió. “¿Que las solteras ganamos más que los solteros? Llevo más de seis años en cargos directivos, por mi labor tengo acceso privilegiado a información sobre los salarios de las personas en distintas empresas, he trabajado en algunas de ellas y casi siempre lo que ganamos es igual o más bajito, nunca por encima”.

Ella es psicóloga y en la actualidad es la líder de reclutamiento global de una reconocida empresa multinacional. Dada la naturaleza de su función, recibe información de primera mano no solo de cuánto ganan las personas que hacen parte de su organización, sino también en aquellas donde está el talento humano que ella busca atraer.

“En el gremio hablamos abiertamente de esos temas, no tanto de valores pero sí de cómo podemos romper esos techos de cristal con los salarios que perciben las mujeres, y a pesar de que se ha luchado mucho en algunas industrias para que haya igualdad, aún se ve mucha disparidad”, señala Gómez.

Por eso, cuando le contamos que de acuerdo con el DANE, en la presentación de su informe Brecha Salarial de Género en Colombia, hecha en noviembre, las mujeres solteras ganan 8,4 % más que los solteros en el ingreso mensual y 15,4 % por hora, Lina mostró sorpresa e incredulidad.

“He estado en cargos directivos desde 2015, he conocido los salarios de mis pares y también de las demás personas con las que he trabajado, y puedo decir que casi siempre los de las mujeres son más bajitos”, sin importar si tienen la misma función o si son solteras o casadas. Los otros ganan más, dice, solo porque son hombres. Más allá de temas salariales, Lina no se ha sentido tratada de forma distinta a sus colegas por su estado civil.

Anggy Corchuelo, directora general de una reconocida empresa de call center, por el contrario no ha sentido un trato distinto en su vida laboral por el hecho de ser soltera. En las empresas que ha trabajado, hombres y mujeres han ganado lo mismo sin importar su rango o su estado civil. Incluso la que dirige en la actualidad ha ocupado una posición destacada en el Ranging Par, una publicación anual de Aequales, un estudio que promueve prácticas para buscar organizaciones más equitativas y más inclusivas.

¿Qué dice el Dane?

EL COLOMBIANO consultó con el director del Dane, Juan Daniel Oviedo, respecto al origen de estas cifras en las que resaltan una ventaja salarial para las solteras respecto a los solteros.

Oviedo destaca que, aunque la brecha salarial en contra de las mujeres se observa en todos los niveles, sea el educativo, por edades, por ingresos, si sus empleos son formales e informales, rurales o urbanos, “hay algunos grupos de mujeres que en el promedio de ingreso laboral mensual ganan más que los hombres, como son los casos cuyo estado civil es soltera, las que trabajan tiempo completo (40 o más horas semanales) o las que trabajan en ciertas ramas de actividad económica, como transporte o construcción, altamente masculinizadas”.

Haciendo énfasis en las solteras, el director señala algunos factores interrelacionados que explica por qué la brecha salarial, en su caso, les es favorable.

“Hay elementos como sus decisiones profesionales y de vida, su disponibilidad de tiempo para el trabajo remunerado, la carga de trabajo de cuidado no remunerado que social e históricamente se ha recargado en ellas y estereotipos de género que determinan señales en el mercado laboral”, aduce Oviedo.

Agrega que las solteras están tomando la decisión, en general, de vivir sin cónyuge y tienen más tiempo libre para capacitarse.

“La Encuesta de Uso del Tiempo muestra que las mujeres que viven con un cónyuge invierten más tiempo en trabajo no remunerado que si son solteras, incluso si en los dos casos viven con hijos e hijas. Además, pueden tener más incentivos para procurarse ingresos que preserven su autonomía económica”, dice.

Por otro lado, Oviedo afirma que es posible que los empleadores vean más competitivas a las solteras, “pues el estereotipo o expectativa social, como lo muestran los datos, es que las casadas tendrán mayores responsabilidades familiares que sus pares hombres relacionadas con el matrimonio o el cuidado de los hijos que ya tienen, o que pueden tener expectativas de tener hijos”.

Por último, el director explica que las mujeres solteras pueden ser un grupo que, en general, se ha “autoseleccionado” para tener menos interrupciones u obstáculos en su carrera profesional, “como lo pueden hacer más fácilmente los hombres, independientemente de su estado civil, porque de ellos no se espera la mayor inversión de tiempo en trabajo de cuidado si su decisión es tener cónyuge y descendencia”. Para las mujeres, expresa Oviedo, es más retador lograr este balance debido a un esquema cultural que asigna roles de género.

El contexto regional

El desbalance que plantea Oviedo también se refleja a nivel latinoamericano. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en respuesta a EL COLOMBIANO, citó el informe del “Día Internacional de la Familia: cómo el estado civil influye en los resultados del mercado laboral”, presentado el 15 de mayo de 2020, para intentar encontrar razones a las cifras planteadas por el Dane.

En su mensaje, la organización señaló: “la ventaja salarial de las mujeres solteras en Colombia indicada por el Dane en su reciente informe, resulta posible, entre otras explicaciones, si se tienen en cuenta al menos dos de ellas: primero, que las mujeres en promedio vienen acumulando un mayor número de años de escolaridad frente a los hombres, y al mantenerse solteras tiene mayor disponibilidad de tiempo para continuar mejorando sus cualificaciones, lo cual les da mayor probabilidad de acceso a ocupaciones mejor remuneradas, incluso frente al promedio de hombres solteros”.

Y segundo, de acuerdo con la OIT, “las solteras registran la mayor tasa de desempleo de todos los grupos por sexo y estado civil; quizá el apoyo de sus familias les permite ser más selectivas a la hora de emplearse y poder escoger ocupaciones con mejor remuneración que en el caso de los hombres”.

Informes de la OIT dan cuenta que en Latinoamérica, las brechas generales de género en salarios mensuales en promedio en Latinoamérica para 2019 indicaron que las mujeres ganaban un 14,5 % menos que los hombres; y en los países andinos (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela) un 16 % menos.

Una excepción a la regla

Aunque los estudios que presentan el Dane y la OIT señalen que las solteras ganan más que los solteros, esta particularidad ahonda aún más las brechas salariales de género, pues delata una discriminación hacia las mujeres casadas y, especialmente, aquellas con hijos.

“El hecho de que las mujeres con hijos cobren salarios inferiores puede estar relacionado con multitud de factores, incluidas las interrupciones o la reducción del tiempo de trabajo, el empleo en puestos de trabajo más fáciles de conciliar con la vida familiar, que están peor pagados, o las decisiones de contratación o promoción estereotipadas que penalizan las carreras de las mujeres con hijos”, señala la OIT.

En el informe “Brechas de género y desigualdad: de los Objetivos de Desarrollo del Milenio a los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, publicado en 2017 por ONU Mujeres, el Fondo de Población de las Naciones Unidas y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, citaron cifras del Ministerio del Trabajo en las que señalaron que en Colombia “tener personas a cargo reduce la oferta laboral femenina en 17,5 % y la masculina sólo en 2,5 %”.

En el mismo estudio comparten el concepto de la Cepal respecto a que en la elección de mujeres adultas, casadas y con hijos, subyace el supuesto en las organizaciones “de que ellas aceptan salarios bajos por la necesidad de financiar el cuidado y la reproducción de su familia. Esta estrategia convierte el cuidado como función social en un instrumento de discriminación y de control de la remuneración de la mano de obra de las mujeres”.

Este panorama se ha hecho más marcado en el contexto de la pandemia. Ana María Muñoz, gerente de relaciones corporativas de Manpower, aseguró a EL COLOMBIANO que son las mujeres las más afectadas por el impacto que ha tenido esta emergencia en el ámbito laboral, ya que ellas ocupan la mayoría en los empleos más afectados: “somos el 59 % en los servicios de alojamiento y alimentación, el 63 % en arte y entretenimiento”.

Muñoz aduce que además, las mujeres casadas y/o con hijos también conviven con la amenaza de tener que responsabilizarse de las tareas domésticas durante la pandemia, con el agravante de que muchas instituciones educativas han migrado a la virtualidad o en algunos casos en los que no cuentan con acceso a recursos tecnológicos han suspendido temporalmente sus actividades, por tanto no logran la separación entre sus oficios laborales y los del hogar.

“Las mujeres seguimos teniendo más temor a regresar al trabajo. Estudios nos indican que pedimos 12 % de licencias no remuneradas frente al 10 % de los hombres. En Colombia hemos avanzado en temas de paridad laboral, se ha trabajado en políticas públicas que resaltan el papel de la mujer en el trabajo, pero aún falta, porque son las que más horas trabajan y sus salarios siguen desnivelados respecto a los hombres”, dice Muñoz.

En efecto, según el Dane, en el rango de 40 o más horas trabajadas a la semana, las mujeres son un 8 % más que los hombres, mientras que en el de 20 horas o menos por semana, la balanza se inclina un 30,1 % hacia ellos.

Como se ve, que las solteras ganen más que los hombres de su mismo estado civil tal parece ser un espejismo en medio de un panorama laboral en el que ellas siguen teniendo rezagos y brechas que deben superarse para lograr la equidad y la inclusión que requiere nuestra sociedad


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