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El padrón del mal. Los hipopótamos de Pablo Escobar van camino a convertirse en leyenda

Un santuario de fauna mexicano quiere llevarse 10 hipopótamos de la Hacienda Nápoles, un reto que los expertos consideran no resuelve su amenaza al ecosistema local. Aquí, un poco de la historia del esparcimiento de una especie.

  • El padrón del mal. Los hipopótamos de Pablo Escobar van camino a convertirse en leyenda
  • Uso de la figura de un hipopótamo para vender hamburguesas en un local del corregimiento de Doradal. FOTO Adrian Franco
    Uso de la figura de un hipopótamo para vender hamburguesas en un local del corregimiento de Doradal. FOTO Adrian Franco
  •  Venta de limonadas en la panza de un hipopótamo ubicado en la entrada del Parque Temático Hacienda Nápoles. FOTO adrian franco
    Venta de limonadas en la panza de un hipopótamo ubicado en la entrada del Parque Temático Hacienda Nápoles. FOTO adrian franco
01 de abril de 2023
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En el estanque de los hipopótamos de la Hacienda Nápoles, donde miles de turistas de Colombia y el exterior llegan atraídos por la posibilidad de avistar la más pesada herencia de Pablo Escobar, hay un individuo adulto, ya viejo, apartado de la manada. Es difícil verlo desde el punto de avistamiento acondicionado por el parque temático para los visitantes, pero si uno se queda en el hotel África, construido al interior del parque a partir de las ruinas de la casa que fue de Gustavo Gaviria, primo de Escobar, con suerte se le ve solitario a un costado del estanque que linda con el hotel.

La veterinaria Gina Serna, quien trabajó en Cornare como especialista en la coexistencia entre fauna silvestre e invasora y quien tuvo en sus manos los testículos de varios hipopótamos a los que ayudó a castrar, cuenta en un documental de Teleantioquia que ese viejo expulsado de su manada por un macho más joven, es el gran padrón, el primer macho —junto con tres hembras— introducido por Escobar a principios de los años ochenta del siglo pasado.

Todos los demás hipopótamos que hay en los alrededores del río Magdalena, que los expertos calculan pueden ser entre 180 y 200, distribuidos en siete grupos poblacionales (han observado 114 en Nápoles; 7 en Tolones; 31 en Cocorná; 5 en Nare; 9 en Berrío; 4 en Yondó; y 5 en la depresión momposina) son descendientes de ese macho en decadencia, el padrón del mal.

Esa prolífica y endogámica herencia del narcotráfico, en las últimas cuatro décadas, ha pasado de tener un radio de hogar de unos 8 kilómetros cuadrados alrededor de la hacienda Nápoles a estar desperdigada por una extensión de más de 43 mil kilómetros cuadrados —similar a lo que fue la zona de distensión del Caguán—, tanta tierra como para que esta especie de mastodontes de río puedan fundar su propio país.

En Yondó han sido avistados en un área de casi 2 mil kilómetros cuadros y en Berrío en una de 860 kilómetros cuadrados. La insistencia en los datos no es casual. Una mirada rápida a ellos revela la magnitud de la invasión y el desafío que representa controlarla. De esos pocos datos también se desprende que el anuncio hecho esta semana por el gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria —aprovechando la tracción mediática mundial que tiene cualquier heredero de Pablo Escobar—, de trasladar 10 hipopótamos del entorno de la Hacienda Nápoles a un santuario de fauna en México y posiblemente otros 60 a la India, suene un tanto a canto a la bandera.

Revestido de ambientalismo y de “preocupación” por la vida de estos animales y de los habitantes que entren en contacto con ellos, el anuncio sigue la misma lógica del discurso de la guerra contra las drogas, que en los últimos 50 años ha fracasado en su intento de conseguir a sangre y fuego sociedades sin consumidores de cocaína y de otras drogas de uso ilícito.

Trasladar un puñado de hipopótamos al exterior, con manadas libres en un área de la extensión de Suiza, es como acabar a mano con las más de 200 mil hectáreas de coca que hay actualmente en Colombia.

En 2022 el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenibles firmó un convenio con el Instituto Humboldt y la Universidad Nacional para evaluar qué hacer con los hipopótamos. De acuerdo con el documento final, “con las acciones de manejo, control y erradicación de hippopotamus amphibius, a través del análisis de la dimensión socio ambiental, demográfica y ecológica de la especie”, que el ministerio no ha querido hacer público todavía, si se controlaran 31 individuos al año —teniendo en cuenta que sin control superarán los mil ejemplares para 2035—, con diferentes acciones de manejo, control y erradicación, que pueden incluir translocación, confinamiento para castración y caza, la especie estaría erradicada en 2046.

Lo que molesta a los expertos, y algunos de ellos llevan décadas lidiando con los hipopótamos e intentando contenerlos —hoy hay 13 individuos castrados—, es que el anuncio oficial de la “operación México-India”, que tendría unos costos de aproximadamente 3,5 millones de dólares y en la que estarían involucradas una aerolínea y una productora de documentales, no tiene en cuenta las proyecciones del estudio y parece desconocer la dimensión de la amenaza.

La noticia, y la inmediata reacción de los medios locales y extranjeros, me hizo recordar la operación de demolición del edificio Mónaco, imborrable vivienda del capo del Cartel de Medellín, emprendida también en su último año de gobierno por el entonces alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, con la idea de acabar con la leyenda de Escobar y los narcotoures que avergonzaban a la ciudad.

Hoy el sitio es conocido como parque Pablo Escobar y sigue recibiendo turistas mal informados que no encuentran un lugar que les explique de forma seria el papel de Medellín en la guerra contra las drogas en las últimas décadas del siglo XX.

Visitar hoy Doradal, el corregimiento de Puerto Triunfo donde Escobar levantó su zoológico con especies de los cinco continentes, es acercarse de forma privilegiada a la construcción en marcha de un nuevo mito: los hipopótamos de Pablo.

Cuando la explotación y sobreexposición de la vida del capo cae en desuso, bien sea por agotamiento o falta de novedad, toma su lugar una especie increíblemente incómoda y peligrosa, capaz de enternecernos y hacernos condescendientes, tal y como le sucedió a la sociedad colombiana con el hipnotismo del narcotráfico en los años ochenta.

En el parque principal de Doradal hay figuras decorativas de hipopótamos vaciadas en cemento, en las tiendas se venden figuritas de madera, sus cuerpos caricaturizados sirven para anunciar hamburguesas y hasta hay kioskos con su forma donde venden limonadas. En el interior del parque temático, sobre las ruinas del lugar donde estaba la casa principal de la Hacienda Nápoles hay una atracción para niños, en forma de bosque encantado, que termina con show teatral en el que la protagonista es una hipopótamo perdida que encuentra un paraíso en el Magdalena Medio y en cautiverio tienen una hipopótama enana, de nombre Vanessa, a la que los visitantes le pueden dar zanahorias directamente en la inmensa boca. Es la herencia domesticada del narcotráfico

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