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El Suroeste se pintará de mil colores

Proyecto que interviene las fachadas de las casas con obras de arte, como herramienta para la reconciliación, llegará a Támesis. Esta es la historia.

  • Mil colores para mi pueblo llegó al corregimiento de La Susana, en Maceo, Antioquia, en 2017. Allí, las paredes registraron un homenaje a las mujeres. FOTOS CORTESÍA
    Mil colores para mi pueblo llegó al corregimiento de La Susana, en Maceo, Antioquia, en 2017. Allí, las paredes registraron un homenaje a las mujeres. FOTOS CORTESÍA
30 de enero de 2021
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Mil colores para mi pueblo espera llegar a Támesis en marzo, para avanzar en su propósito de hacer del diálogo y la reflexión, a través de las brochas, rodillos y botes de pintura, la herramienta clave para “disparar la conciencia” en la Colombia profunda que hoy soporta las huellas y paso del conflicto. La visita a este punto del Suroeste estaba programada para enero, sin embargo, tuvo que posponerse, debido al covid.

Este proyecto, que busca hacer de las fachadas de las casas un lienzo para reconstruir y fortalecer los vínculos comunitarios en los pueblos, ha pintado país desde Vegalarga, Huila –lugar en el que nació–, hasta la vereda Puerto Rey, en La Boquilla, Bolívar.

La iniciativa suma más de 7.800 casas intervenidas, 2.993 familias beneficiadas y 27 municipios visitados en el país, ubicados en Tolima, Cundinamarca, Bolívar y Antioquia.

¿Cómo nació?

Edwin Rodríguez, director y fundador del proyecto, cuenta que el origen de la iniciativa está vinculado a las experiencias que tuvo que afrontar como campesino y habitante de Vegalarga, entre Huila y el profundo Caquetá.

Las reparaciones colectivas son su propósito y el de su equipo, integrado por pedagogos, creativos y artistas. Pero, ¿cómo llegan los colores a los puntos más alejados de la topografía nacional?

Rodríguez cuenta que las personas los contactan vía correo, les cuentan sus historias y piden los colores para su territorio. Luego se convoca a una reunión comunitaria para definir en conjunto la ruta de la intervención a realizar, y así pasar una semana en el lugar (ver Paréntesis).

Arte, color y sanación

Mil colores para mi pueblo ha puesto frente a frente a los actores que han vivido desde bandos opuestos el conflicto. Sin embargo, Santiago Rojas, profesor de filosofía y estética, señala que un ejercicio artístico de este tipo, por sí mismo, no lograría nada. “Todo depende de la disposición de las personas que lo integren; de la reflexión que el ejercicio creativo suscite”, sostiene.

Al respecto, Clara García, profesora de arte e integrante del proyecto, agrega que el arte funciona como una herramienta que permite sanar al todo social y generar procesos que se mantienen en el tiempo. “En Vegalarga, por ejemplo, fue muy notorio”, dice. “Cuando uno regresa al municipio, advierte que la gente no olvidó lo que aprendió a hacer conjuntamente”. Varios de los murales pintados allí, en 2013, permanecen y han sido restaurados.

Lo anterior, según García, evidencia que el arte alcanza a tornarse sacro, pues “otros actores comienzan a respetar los mensajes que se plasman en las paredes. Inclusive la guerrilla, que no volvió a generar grandes atentados en Vegalarga, después de la intervención que se realizó”, concluye

2.993
familias se han beneficiado por las intervenciones: Mil colores para un pueblo.

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