“Yo nací en Tunja, en una familia como muchas numerosas de este país, de siete hijos. Con las dificultades de existencia de esas familias numerosas viví pocos años en Tunja. Viví otros en Bogotá e Ibagué cuando estaba muy pequeño. Llegué a Cali cuando tenía diez años. Tengo una familia de ascendencia paisa, porque mi madre y mis abuelos nacieron en Medellín. Siempre estuve muy ligado culturalmente al espíritu antioqueño, emprendedor, curioso, trabajador y eso influyó mucho en mi cultura de la innovación”.
¿Cómo fue a dar a París?
“Me fui para Francia cuando tenía 20 años, en condiciones difíciles porque era finales de los años 70. Terminé el bachillerato muy joven, cuando tenía 15 años. Entré a la universidad con el mejor puntaje, en el año 75. Estudié ingeniería y me comprometí mucho con las condiciones sociales de los colombianos en ese momento, tuve una serie de compromisos, de querer transformar el país y me fui para Francia en el año 79 como refugiado político porque pertenecí a un movimiento político que ahora ha caducado, el Movimiento 19 de abril, el M19”.
¿Cómo fue ese cambio de un grupo guerrillero al mundo de la ciencia?
“Llegué a Francia como refugiado político. Fui militante del M19 varios años, cuando joven, y me fui porque no creía más en el camino de las armas, creía más en el camino de la producción intelectual, de la cocreación y comencé mi vida en Francia a partir de cero”.
¿Por qué se identifica con la nacionalidad francesa?
“En Francia, llegué a París directamente, que es mi ciudad de adopción. Yo digo que no tengo nacionalidad colombiana, no tengo pasaporte colombiano. Tengo pasaporte francés y digo siempre que soy francés de origen colombiano, o francocolombiano, porque llevo 36 años viviendo en la misma ciudad, en París, y soy un gran amante de la cultura parisina, de mi ciudad, me implico mucho en su vida”.
¿Cuál ha sido su trayectoria profesional?
“En París hice toda mi carrera profesional como joven estudiante, investigador... me vinculé al mundo universitario inmediatamente. Nadie me regaló nada, no tengo apellido ni medios económicos que me permitan tener las puertas abiertas por derecho propio. Lo que construí fue el fruto de mi esfuerzo personal. En el mundo universitario logré vincularme muy rápidamente como estudiante, después como asistente y como profesor. Y muy rápidamente encausé mi vida universitaria... Vengo de las ciencias de ingeniería y luego estudié en Francia matemáticas, ciencias de computación, inteligencia artificial e igualmente me interesé en la cuestión sociológica de los comportamientos de los humanos en sus entornos, lo que se llama la etnometodología, cómo el humano funciona en un entorno socioterritorial”.
¿Cómo se encontró con el análisis de las ciudades?
“Mis estudios me llevaron a trabajar en un una disciplina que se llama las ciencias de la complejidad. Una gran cantidad de pensadores en ese campo son de origen francés y yo trabajé en esa corriente de pensamiento y llegué a aplicarla en diferentes áreas: en robótica, en entornos complejos, en ciencias de la materia viva, biología, ADN...
Primero trabajé en entornos complejos artificiales: robótica, biotecnología y sus aplicaciones a casos críticos. Fui precursor de los temas de la seguridad nuclear en Francia, luego en los sistemas automatizados de vuelo, como los drones, hace casi 20 años. Y luego llegué al tema de las ciudades porque buscaba un sector de aplicación muy basto en el que haya muchas condiciones críticas y en el que haya humanos, porque había trabajado en sistemas de mucha complejidad, muy críticos como el nuclear y como los drones pero no donde hay humanos. El límite para mí era el papel del humano en el entorno”.
¿Y las ciudades inteligentes?
“A partir del éxito que tuve como científico y luego como emprendedor, desarrollé una conceptualización de esa complejidad aplicada a las ciudades, pero trabajando ya en reiventar los usos y servicios para el ciudadano en un mundo de mutación tecnológica bastante acelerada. Hablé en Francia de Ciudades Inteligentes Digitales antes de que se llamaran smart cities, y lo hice con conceptualización, pero con realizaciones muy concretas en ciudades en Francia y en diferentes partes del mundo. Creé una conferencia internacional, que es el foro Vivir en una ciudad viva, para materializar la importancia en el mundo urbanizado de darle la prioridad a la calidad de vida, a hacer converger la inclusión social y la tecnología alrededor de la reinvención misma de la ciudad”.
¿Hoy por hoy cual es la ciudad que representa bien ese modelo?
“No se trata de decir yo tengo un modelo y a la ciudad que voy, tiene que entrar dentro del modelo para que sea válido. Pienso que hay que comprender las experiencias que se dan en las ciudades, sentirlas acompañarlas y ayudarlas a desarrollarse en su entorno con una mejor capacidad, sabiendo que dependiendo de los contextos hay ciudades que desarrollan mucho más ciertos aspectos que otros. Pero hay ciudades que yo llamo ejemplares. En América Latina y Medellín tiene una gran ejemplaridad, Curitiba tiene una gran ejemplaridad. Florianápolis, en Brasil, tiene otros aspectos en innovación empresarial y tecnológica. Río de Janeiro tiene aspectos interesantes de desarrollo social hacia las favelas y de salud. París es una ciudad ejemplar, en muchos aspectos: movilidad, creatividad de jóvenes empresarios, participación ciudadana... Bristol, en el norte de Inglaterra, es una ciudad extraordinaria, porque una persona que esté allí en un radio de 10 kilómetros tiene todo lo necesario para vivir contenta”.
¿Por qué Medellín es una ciudad ejemplar?
“Medellín es ejemplo en América Latina por muchísimas razones. Porque es un renacimiento. Ha vivido nacer, ha vivido un desarrollo caótico y un renacer. Es una ciudad que fue confrontada a un desarrollo caótico, social, económico, con una gran fragilidad, pero al mismo tiempo tiene una cultura emprendedora, una cultura de la innovación bajo todas sus maneras. La distropía del Cartel de Medellín refleja la cara negativa de la utopía del país emprendedor. Distropía porque se convirtió en una ciudad de pesadilla, pero con igual capacidad creativa y de innovación que se ha podido aplicar, como ha sido en los últimos 20 años en un homenaje a la vida, cuando esa innovación existente en el cartel era un homenaje a la muerte. Medellín ha sabido tejer ciudad, tejiendo resiliencia, reconstruyendo memoria, no olvidando y convocando los actores bajo un proyecto programático que va mucho más allá de ser la elección de un alcalde. Vamos con tres o cuatro alcaldes y el proyecto de Medellín continua como un homenaje a la creatividad, la innovación y a la vida con respecto a la calidad humana. Y es lo más difícil para mí en las ciudades: lograr que las ciudades tengan una continuidad en su desarrollo más allá de un alcalde .