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Milagro de solidaridad: a Luz María le quitaron un tumor de su rostro

Esta niña, de 4 años de edad, fue operada bajo la modalidad de probono. Varias instituciones se unieron a la causa.

  • La cirugía reconstructiva de Luz María se realizó el pasado 14 de mayo en el Hospital San Vicente Fundación de Rionegro, Oriente antioqueño. El tumor, que era benigno, fue retirado con éxito. FOTO CORTESÍA.
    La cirugía reconstructiva de Luz María se realizó el pasado 14 de mayo en el Hospital San Vicente Fundación de Rionegro, Oriente antioqueño. El tumor, que era benigno, fue retirado con éxito. FOTO CORTESÍA.
hace 1 hora
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Tras más de un año de gestiones y trámites, Luz María Orozco Guerra, de tan solo 4 años de edad, puede sonreír tranquila, pues un tumor benigno que apareció en su rostro a inicios de 2025 fue extirpado con éxito gracias a varias instituciones —entre ellas el Ejército Nacional— que juntas hicieron un milagro de solidaridad.

El caso de esta pequeña llegó a manos de los uniformados por mera coincidencia, o mejor, por una “diosidencia” como le dicen algunos. Pero eso lo leerán más adelante.

Los padres de Luz, Manuel Orozco y Julieta Guerra, ya no sabían qué más hacer para que a su hija la operaran. Empezando porque no son de Medellín, sino de Magangué, Bolívar, de donde tuvieron que salir producto del recrudecimiento del conflicto armado en este departamento, y más en el corregimiento donde residían que lleva por nombre La Aventura.

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Básicamente dejaron todo atrás, y junto con Luz María y su otra hija mayor, Sara Julieth Orozco, partieron rumbo a la capital antioqueña en busca de mejores oportunidades. Llegaron en 2023 a la ciudad, pero en ese entonces no había cuestiones médicas de las cuales preocuparse.

Las primeras señales

En abril del año pasado, a Luz María le empezó a salir una pequeña mancha en su mejilla izquierda, justo al lado de la nariz. En un primer momento, sus padres creyeron que quizá se trataba de una picadura o un moretón producto de un golpe o una caída, pero ella les dijo que nada de eso había ocurrido.

Con el pasar de los días la mancha se puso más grande, a lo que Manuel y Julieta decidieron llevarla al médico para que la revisara. Este dijo que se trataba, al parecer, de una infección, pero que no representaba ninguna gravedad. Ambos quedaron más tranquilos.

Para cerciorarse de que nada fuese a cambiar, siguieron yendo a las citas de control con Luz María y todo parecía normal. Sin embargo, hubo un momento en el que la mancha se convirtió en una pequeña ‘bolita’. Con el fin de descartar cualquier anomalía, le hicieron una resonancia. Allí concluyeron que se trataba de un tumor benigno, es decir, que si bien había un pequeño bulto en su rostro no había invadido tejidos cercanos.

Aunque no se trataba de un cáncer, los padres querían encontrar una solución lo antes posible, pues su preocupación era que el tamaño de la masa aumentara y le produjera a su hija otras complicaciones, teniendo en cuenta que apenas tenía 3 años en aquel momento.

No obstante, a partir de ahí iniciaron los inconvenientes con su EPS para acceder a las consultas y exámenes correspondientes.

“Todo empezó a ponerse lento, las citas más cercanas eran para dentro de un mes y medio o dos meses. Incluso, pasaron 4 meses y no nos daban respuesta, entonces tuvimos que interponer una tutela. Gracias a Dios la ganamos y logramos conseguir una consulta con la cirujana pediatra. Nos dijo que la resonancia había salido bien, pero que debíamos tener cuidado porque la zona era muy delicada”, dijo Manuel.

Tanto él como su esposa siguieron con los trámites para que su hija fuera vista por un cirujano plástico, que era el último paso antes de la cirugía, no obstante, ahí, y según cuenta la familia Orozco Guerra, se detuvo todo el proceso con la EPS.

La ilusión que habían sostenido hasta ese momento se desvaneció. Pero dicen que cuando una puerta se cierra, otra no tarda en abrirse.

El encuentro que lo cambió todo

Manuel, ya un poco desesperado al no encontrar una solución, acudió al doctor Harold Úsuga —uno de los precursores del milagro— para recibir una asesoría sobre lo que podía hacer ante la situación de su hija. Él le dijo que iba a ayudarle y que encontraría la forma para contribuir a mejorar la calidad de vida de Luz María.

Hay un viejo dicho que reza: “El mundo es un pañuelo”, y resulta que el especialista Úsuga es uno de los Profesionales Oficiales de la Reserva del Ejército, así que sin dudarlo elevó el caso a la institución. A partir de ahí todo se fue dando en favor de la familia Orozco Guerra.

El tiempo de espera tendría por fin su recompensa gracias a la mediación no solo del Ejército, sino también de otras entidades, como la Fundación SOS y el Hospital San Vicente Fundación. El caso de Luz María fue socializado y se tomó una decisión: realizarle la intervención quirúrgica bajo la modalidad de probono.

El día definitivo

El pasado 14 de mayo fue, sino el día más feliz de la familia Orozco Guerra, uno de los que más recordarán, pues en esa fecha se llevó a cabo la cirugía de la pequeña Luz María en el Hospital San Vicente, Centro Especializado, en el municipio de Rionegro, Oriente antioqueño. La intervención fue todo un éxito. El tumor se extirpó satisfactoriamente y la simetría facial de esta niña de 4 años fue restaurada.

“Vamos muy bien. La operamos hace aproximadamente unos 10 o 15 días y la recuperación va excelente”, dijo en su momento el doctor Jorge Mario Rodríguez, el cirujano plástico que estuvo a cargo de la operación de Luz María.

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Habitualmente, una cirugía reconstructiva de esta complejidad puede costar unos $20 millones, dinero que habría sido casi imposible de reunir para la familia Orozco Guerra. Sin embargo, la articulación entre instituciones permitió ese milagro de solidaridad se hiciera realidad.

“Nuestro objetivo principal es ayudar a los más vulnerables. Así como el caso de Luz María tenemos otros más, y estamos trabajando en ellos, sin embargo, a este le dimos prioridad por lo difícil que ha sido para la familia”, dijo el Mayor Enrique Camilo Diago Benavides, Comandante del Batallón de Apoyo de Acción Integral y Desarrollo No. 7.

Entre tanto, esta pequeña continúa en su proceso de recuperación, con una felicidad más que evidente porque, según ella, Dios le cumplió.

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