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Pueblo de Antioquia transformó la huella de la guerra en galería al aire libre con 120 murales 3D

El muralismo le devolvió los colores a este pueblo del Oriente, de donde se desplazaron 20.000 personas entre 1985 y 2010. Pintaron 256 obras en 18 años. Así nació el proyecto.

  • El homenaje que le hizo el artista Joselo a su madre, Berenice Rincón, por ser la impulsora del proyecto de muralismo Memoria a Todo Color. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.
    El homenaje que le hizo el artista Joselo a su madre, Berenice Rincón, por ser la impulsora del proyecto de muralismo Memoria a Todo Color. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.
  • Fachada de la Casa de la Cultura de San Carlos. Resalta los líderes cívicos y sociales que mantuvieron a flote la memoria y resiliencia de la comunidad, aún en los momentos más críticos del conflicto armado. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.
    Fachada de la Casa de la Cultura de San Carlos. Resalta los líderes cívicos y sociales que mantuvieron a flote la memoria y resiliencia de la comunidad, aún en los momentos más críticos del conflicto armado. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.
  • Las fachadas del municipio de San Carlos hoy lucen de colores. Relatos de resiliencia y reconciliación reescriben la historia del conflicto. También resaltan el patrimonio ambiental e hídrico de la zona, además de las historias de los campesinos. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.
    Las fachadas del municipio de San Carlos hoy lucen de colores. Relatos de resiliencia y reconciliación reescriben la historia del conflicto. También resaltan el patrimonio ambiental e hídrico de la zona, además de las historias de los campesinos. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.
  • Ahora, caminar por San Carlos mirando al suelo no es una opción. En muchas de las fachadas de las casas se pueden encontrar murales de este tipo. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.
    Ahora, caminar por San Carlos mirando al suelo no es una opción. En muchas de las fachadas de las casas se pueden encontrar murales de este tipo. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.
hace 2 horas
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Un niño miraba el mundo pasar por las rendijas de una ventana. Era una noche de 1998 en San Carlos (Oriente antioqueño), uno de los pueblos que más sufrió el conflicto armado del país —70% de la población salió despavorida, hubo 33 masacres y 600 homicidios en diez años—. Estaba junto a su madre, Berenice Rincón, en una casa del barrio Malpaso, una cuadra convulsa donde años atrás funcionaban las cantinas del pueblo, cada una con amarraderos de caballos.

El desplazamiento masivo ya había comenzado a vaciar el casco urbano. Sin embargo, Berenice se resistió a abandonar la tierra. Aquella noche, a través del espacio entre las maderas de la ventana, madre e hijo observaron en silencio cómo un grupo de hombres armados rayaba la puerta de la casa de don Luis con letras y símbolos de intimidación.

Fue cuando Berenice se inclinó hacia el niño y le dijo: “Jose, algún día alguien va a ser capaz de borrar esas cosas tan feas de los muros”.

Pasaron 20 años. José López —a quien en la región y en el medio artístico conocen como Joselo— corrió a buscar a su madre para contarle una noticia: la iniciativa artística que lideraba en el municipio había sido postulada a la convocatoria de Titanes Caracol.

Lea más: Llevar la tradición de los zócalos a distintas partes del mundo, el sueño de un artista nacido en Guatapé, Antioquia

Querían visibilizar cómo los murales pintados sobre las fachadas del pueblo estaban atrayendo la mirada de personas de rincones del país, deseosas de conocer la historia local a través de la pintura.

Berenice lo escuchó y luego le recordó la noche del barrio Malpaso.

—Jose, ¿se acuerda el día que estábamos viendo por la rendija de la ventana cómo le rayaron la puerta a la casa de don Luis?

—Sí, ma —respondió él.

—¿Y recuerda que le dije que alguien algún día iba a ser capaz de borrar esas marcas de la guerra?

—Sí, ma.

—Pues al final, usted era esa persona.

La enfermedad de la geografía

San Carlos padece una enfermedad que no tiene cura: la geografía. Ubicado en un punto estratégico del departamento, el municipio cuenta con una enorme riqueza hídrica en cuyo suelo se genera cerca del 30% de la energía de Colombia.

La construcción de embalses y centrales eléctricas durante la década de 1980 transformó las dinámicas socioeconómicas. En respuesta a esos impactos, la comunidad conformó movimientos cívicos que se extendieron por todo el Oriente y desataron movilizaciones sociales.

Fachada de la Casa de la Cultura de San Carlos. Resalta los líderes cívicos y sociales que mantuvieron a flote la memoria y resiliencia de la comunidad, aún en los momentos más críticos del conflicto armado. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.
Fachada de la Casa de la Cultura de San Carlos. Resalta los líderes cívicos y sociales que mantuvieron a flote la memoria y resiliencia de la comunidad, aún en los momentos más críticos del conflicto armado. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.

Ese peso estratégico convirtió al territorio en escenario de disputa entre múltiples actores al margen de la ley. Por el control del territorio combatieron las Farc, el Eln, las Autodefensas Unidas de Córdoba y Urabá (ACCU), la estructura paramilitar de Ramón Isaza, y los bloques Metro y Héroes de Granada.

El informe redactado por el Grupo de Memoria Histórica determinó que lo ocurrido en San Carlos condensa como ningún otro lugar la historia reciente del conflicto en el país. El municipio sufrió la aplicación simultánea de todas las estrategias de degradación de la guerra: entre 1985 y 2010, alrededor de 20.000 personas —de un censo total de 25.840 habitantes— debieron desplazarse; 30 de las 74 veredas quedaron completamente desiertas y más de 20 sufrieron abandonos parciales.

Las cifras registran 33 masacres en una década, 156 personas desaparecidas, agresiones de violencia sexual contra las mujeres, más de 5.000 atentados a las infraestructuras y 76 víctimas por minas antipersonal, convirtiéndose en el indicador más alto registrado en el país.

El arte como refugio

En medio del desamparo de mediados de los 90, la Casa de la Cultura de San Carlos se convirtió en un trinchera cívica. En 1995, con apenas doce años, Joselo ingresó a sus salones para formarse en teatro con el colectivo La Gotera, y más tarde inició su aprendizaje musical.

A pesar de que el conflicto armado se intensificaba en las calles y los sectores rurales, los talleres culturales no se interrumpieron. La Casa de la Cultura ofreció refugio a decenas de niños y jóvenes bajo la tutoría de líderes sociales como Néstor Marín, quien asumió la protección de las nuevas generaciones frente a la presión de los armados.

En 1999, Joselo inició clases formales de pintura. Para el año 2000, en uno de los periodos más oscuros y sangrientos de la confrontación en el municipio, pintó su primer mural. En 2001 combinaba el trabajo en tablas teatrales con la intervención de espacios públicos. No obstante, en febrero de ese año recibió la primera amenaza de muerte. Intentó omitir la advertencia y permanecer en su pueblo, pero un mes después recibió una segunda sentencia que lo obligó a desplazarse hacia Girardota.

El destierro duró ocho meses, la ciudad lo estaba asfixiando. Decidió regresar a San Carlos para continuar con la labor artística.

Resignificar los muros

Hacia el año 2008, tras el período crítico de éxodo que se concentró entre 1995 y 2003, la juventud sancarlitana buscó rutas alternativas para contar la realidad del municipio sin quedar atrapados en la narrativa del conflicto armado.

Las fachadas del municipio de San Carlos hoy lucen de colores. Relatos de resiliencia y reconciliación reescriben la historia del conflicto. También resaltan el patrimonio ambiental e hídrico de la zona, además de las historias de los campesinos. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.
Las fachadas del municipio de San Carlos hoy lucen de colores. Relatos de resiliencia y reconciliación reescriben la historia del conflicto. También resaltan el patrimonio ambiental e hídrico de la zona, además de las historias de los campesinos. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.

Tres jóvenes —Alejandra Giraldo, Juan Fernando Marín y Joselo— se reunieron para estructurar un plan de intervención cultural. Así nació la iniciativa bautizada inicialmente como San Carlos, memoria de sueños y esperanzas.

Su objetivo central era la resignificación de aquellos lugares urbanos y rurales que habían sido empleados como herramientas de intimidación psicológica por los actores armados. El grupo apostó por el arte urbano de gran formato y por intervenciones que no fueran efímeras.

La labor enfrentó de entrada la estigmatización que pesaba sobre el arte callejero. Para ganarse la confianza de la comunidad, los artistas desarrollaron talleres de pedagogía social, espacios de diálogo colectivo y laboratorios de arte relacional, en los cuales los vecinos compartían las historias que deseaban ver plasmadas en los frentes de sus casas.

En 2017, la labor fue documentada por una productora audiovisual que realizó el largometraje Los visitantes, el arte mensajero de la paz, donde se retrataba la reconstrucción del pueblo a través del teatro y la pintura mural.

Luego, con la visibilidad ganada, el proyecto evolucionó hacia la fundación Memoria a Todo Color. La propuesta busca dignificar la historia de las víctimas sin reducir su existencia al conflicto armado, reivindicando las tradiciones de la arriería, el cultivo del café, la molienda de caña y la vida cotidiana del campo sancarlitano.

Después apareció el Encuentro Internacional de Muralismo por la Paz, un evento que convoca a artistas locales, nacionales e internacionales para intervenir las fachadas del casco urbano y rural tras jornadas previas de escucha atenta con los habitantes.

De la pared al metaverso

En sus 18 años de trayectoria, la iniciativa ha ejecutado 256 intervenciones artísticas en casas, locales comerciales, centros poblados, corregimientos y escuelas rurales. Hoy el casco urbano y las veredas albergan una muestra permanente de 130 murales que conforman el Tour Memoria a Todo Color, convirtiendo a San Carlos en una enrome galería a cielo abierto.

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El proyecto ha expandido sus metodologías de trabajo mediante la creación de la plataforma Sanca, una propuesta de muralismo en tercera dimensión que busca digitalizar y preservar la memoria visual del municipio.

Lorena Loaiza, líder de digitalización de esta iniciativa, explicó que el proceso comenzó con una alianza con Memoria a Todo Color y una investigación basada en fuentes secundarias, para luego dar paso al desarrollo tecnológico. Utilizaron fotogrametría, escaneo 3D y realidad virtual para construir una ruta virtual y un directorio de artistas gratuito y de libre acceso para estudiantes, turistas e investigadores de todo el mundo.

Ahora, caminar por San Carlos mirando al suelo no es una opción. En muchas de las fachadas de las casas se pueden encontrar murales de este tipo. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.
Ahora, caminar por San Carlos mirando al suelo no es una opción. En muchas de las fachadas de las casas se pueden encontrar murales de este tipo. FOTO Juan Diego Ortiz Jiménez.

Actualmente, el desarrollo cuenta con una galería virtual en versión para PC que reúne 120 murales digitalizados en 3D para recorrerlos dentro del metaverso y desde plataformas virtuales.

También ofrece la posibilidad de realizar el recorrido de manera presencial en el municipio: las personas pueden pararse frente a la obra física e interactuar con la información detallada del mural, incluyendo el nombre del artista, la técnica empleada, la historia que busca transmitir y las redes sociales de sus creadores. A esto se suma una experiencia de realidad aumentada aplicada a 100 murales y 50 experiencias de realidad virtual.

El horizonte trazado por el colectivo apunta ahora a la región. La intención de los creadores es proyectar la metodología hacia los municipios vecinos de San Rafael, Guatapé, El Peñol, Alejandría, Concepción y Cocorná, poblaciones que no solo comparten ríos, montañas y caminos, sino historias.

“La mejor manera de contarlas es a través del arte”, dice Joselo.

El propósito final consiste en consolidar en el Oriente antioqueño el primer corredor turístico, cultural y ambiental de Colombia con la creación de un pasaporte cultural para que los visitantes recorran los murales de todos los pueblos.

En paralelo, la experiencia colectiva se traslada a escenarios internacionales. Este mes, Joselo viajará en representación de Colombia a la localidad de San Juan del Puerto, en España, dentro de un proceso de hermanamiento con San Carlos para pintar la memoria campesina en los escenarios deportivos y comunitarios de esa provincia.

Dice Joselo que hoy San Carlos no solo brilla por sus ríos, cascadas o por la imponente piedra del Tabor, sino por las historias de resistencia de su gente que comenzaron a escribirse desde las rendijas de su ventana en una noche oscura de 1998.

Bloque de preguntas y respuestas:

¿Qué ocurrió en San Carlos durante el conflicto armado?
San Carlos fue uno de los municipios de Antioquia más afectados por el conflicto armado. Entre 1985 y 2010, cerca de 20.000 personas fueron desplazadas, hubo 33 masacres, 156 desapariciones y 76 víctimas de minas antipersonal.
¿Cuántas personas fueron desplazadas de San Carlos?
Alrededor de 20.000 habitantes tuvieron que abandonar el municipio entre 1985 y 2010, en un territorio que para entonces tenía un censo de 25.840 personas.
¿Quién lidera esta iniciativa artística?
Uno de sus principales impulsores es José López, conocido artísticamente como Joselo, quien comenzó su formación cultural en la Casa de la Cultura de San Carlos cuando tenía 12 años.

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