“No acepto”, dijo Elkin Fernando Triana Bustos, alias “el Patrón”, cuando el juez le preguntó si reconocía su responsabilidad por el cargo de concierto para delinquir agravado, imputado por la Fiscalía en el estrado.
Durante las audiencias de control de garantías, realizadas ayer en el Palacio de Justicia de Medellín, el presunto jefe y fundador de la organización criminal “los Triana” escuchó con gestos de incredulidad las motivaciones que tuvo el fiscal 70 de la Dirección contra la Criminalidad Organizada para expedir la orden de captura, que se materializó el pasado domingo en un condominio de lujo del municipio de Titiribí.
El jurista expuso que la investigación nació en octubre de 2013, cuando un ciudadano denunció que fue víctima de desplazamiento forzado por parte de esa banda.
Los investigadores comenzaron a recopilar información y establecieron que desde 2009 existen 40 expedientes asociados con desplazamientos intraurbanos promovidos por ese grupo ilegal, y testimonios de 20 personas que han declarado contra 150 de sus cerca de 300 integrantes.
“Ellos tienen gente en la Policía, la Fiscalía y la Alcaldía, porque tienen mucha plata para comprar al que sea”, denunció uno de los testigos, según los documentos que leyó el fiscal en la sala.
Otros afectados señalaron que “los Triana” venden lotes ilegales en los sectores de Calle Vieja y La Gabriela, expenden drogas y aguardiente adulterado, controlan el mercado de canasta familiar y la distribución de gas por pipeta en los barrios de Santa Cruz (comuna 2), al igual que extorsionan y asesinan por dinero.
También indicaron que la facción adquiría la droga en laboratorios de cocaína del municipio de Valdivia, en el norte de Antioquia, y que intervenían en cuestiones de deudas cobrando porcentaje.
“Todas las tiendas tienen que comprarle los huevos a Elkin Triana, sino no pueden vender”, y “los pagadiarios tienen que tener un certificado de la banda para poder trabajar”, manifestaron las víctimas citadas en el expediente.
Al escuchar estos señalamientos, Triana Bustos levantó las cejas y negó con la cabeza, mientras comía maní en el sillón de los acusados.
El fiscal prosiguió en sus planteamientos, comentando que en los últimos años habían sido asesinados cuatro ciudadanos que denunciaron formalmente a esa estructura, y que a uno de ellos le mataron dos hermanos, tan solo para forzarlo a aparecer en los velorios.
“Y si mi mamá estuviera muerta, me la desentierran también”, se quejó uno de los testigos, reflejando el temor que despierta este grupo en la comunidad.
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