Sinners, de Ryan Coogler  

Mario Fernando Castaño

 

“Si sigues bailando con el diablo…un día te seguirá a casa”.

“Hay leyendas sobre personas con el don de hacer una música tan auténtica que tiene el poder de invocar espíritus del pasado y del futuro. Pero también es capaz de rasgar el velo entre la vida y la muerte”.

 

1932, Clarksdale, Delta del Mississippi. Los gemelos, Smoke y Stack, (nombres que son un guiño directo a la canción Smokestack Lightning del mítico Bluesman, Howlin’ Wolf), siendo ya adinerados y poderosos, deciden cambiar su violento pasado en Chicago y regresan a su pueblo natal para forjar un nuevo futuro. Con dinero robado de los gangsters y licor de contrabando, buscan montar un club de Blues, para este propósito reclutan a su primo Sammie, quien es un diestro en la guitarra, al igual que contratan varias personas para la inauguración del juke joint (sitio de reunión de jornaleros), en un aserradero que han comprado a un terrateniente racista.

El horror toma su tiempo en aparecer, pero la historia es tan envolvente que no hay prisa. Sus personajes, tan interesantes como sus vivencias, son un retrato de ese Sur de Estados Unidos que aún sufría los rezagos de la esclavitud y en donde dominaban comunidades de segregación racial tan nefastas como el Ku Klux Klan y en plena época del Jim Crow, leyes opresivas que restaban oportunidades a los negros. El riel de la narrativa es la música que viaja por estaciones de drama, humor, western, folk, gore y, por supuesto, el terror que irrumpe de manera magistral en una de las escenas más inmersivas, emocionantes e hipnóticas que haya brindado la historia del cine, partiendo la narración en dos y dando entrada de lleno a lo sobrenatural.

Recalca también la intromisión de los blancos representados en el folclor europeo y cómo estos se interesan más en la música que en las personas que la interpretan, un claro mensaje a las industrias que se aprovecharon de varios artistas de la época, como si fuesen vampiros, al abusar de su talento sin darles el merecido crédito y borrando de paso su identidad cultural. Incluso también toca de manera sutil la presencia de la religión en su sincretismo, apropiándose de las tradiciones y creencias de los pueblos afroamericanos mediante su evangelización. Llama igualmente la atención que los vampiros provienen de Irlanda, que no solo es la nación que vio nacer al escritor Bram Stoker, autor de Drácula, sino que también, al igual que los afroamericanos, fueron un pueblo oprimido por Inglaterra, y es ahí donde existe cierta empatía que, como si fuese un mesías, usa Remmick a su favor, el líder de los vampiros, como discurso para atraer nuevos miembros a su comunidad.

La asesoría de Christopher Nolan (Interstellar, 2014), es notable en la aplicación del formato IMAX, multiplicando la experiencia audiovisual y afirmando una vez más la razón del porqué hay que ir al cine. Pero más allá de eso, Ryan Coogler, su director y guionista, inspirado en las vivencias de su fallecido tío, que era oriundo del Mississippi y amaba el Blues, toma como referencia películas como La Cosa (The Thing, 1982), Del Crepúsculo al Amanecer (From Dusk to Dawn, 1996) o Fargo (1996) y demuestra, de manera críptica, episodios de racismo y especialmente cómo la música, a modo de elemento liberador, une diferentes culturas a nivel espacio temporal, tocando incluso temas acerca del Hoodoo (no confundir con el Vudú), prácticas religiosas producto del sincretismo entre la fe cristiana y las creencias ancestrales traídas de los “Griots”, sabios del África Occidental, los “Firekeepers” de los Choctaw, indígenas norteamericanos y los “Filis”, narradores irlandeses.

Estos tintes tan diversos, unidos al hecho de no pertenecer a ninguna franquicia, precuela o secuela podrían ser el secreto de su arrollador éxito, no solo en sus rentables cifras de taquilla a nivel mundial, sino al ser elogiada por la crítica y el público por igual. Sinners ha ido ganando terreno con galardones que la han llevado a romper el récord histórico de 16 nominaciones a los Premios Oscar, incluyendo Mejor Película, Mejor Actor (en donde Michael B. Jordan encarna a los gemelos), Mejor Director, Mejor Canción con I Lied To You, interpretada por Miles Caton, quien encarna a Sammie, personaje basado en el mítico Robert Johnson o Mejor Banda Sonora en la que el compositor suizo Ludwig Göransson (Oppenheimer, 2024;  Black Panther, 2018 – 2022), añade un punto diferencial al utilizar el Blues sureño con influencias en sus raíces africanas como pilar musical, potenciando la narrativa del relato, evocando la nostalgia, el misterio y la profundidad de melodías que repercuten hasta hoy en otros géneros, una música que no es impuesta desde la religión, sino que proviene del alma misma y que está firmemente arraigada a la tierra a la que pertenece, brindando sus frutos al mundo entero a través del tiempo y el espacio mismo.

Sinners es una cinta atrevida y a la vez sencilla que sin pretensiones y cumpliendo de sobra con su cuota de entretenimiento ha logrado calar en diferentes tipos de público con originalidad y contenido y hasta con una escena postcréditos que estremecerá a los amantes del Blues. Es un canto a la libertad en muchos sentidos que, como cuerdas de una guitarra, va afinando sus notas en temas raciales, religiosos, culturales, políticos, históricos y espirituales que llevan de paso un mensaje potente acerca del significado de la vida y el valorar cada momento como un tesoro por muy corto que este sea, eligiendo ser un pecador libre dentro de las propias convicciones a ser un santo encadenado dentro de normas impuestas. Sinners te invita a bailar con el diablo, sin importar si después de salir de la sala este te acompañe a casa para que lo invites a pasar a ritmo de un buen Blues y para no olvidar que ese fue un momento en el que te sentiste vivo realmente.

A Girl Walks Home Alone at Night, de Ana Lily Amirpour (2014)

Cuando pocas líneas hacen una gran obra

María Fernanda González

chica

Ópera prima de la directora Ana Lily Amirpour, la cual se suma a la lista de películas vampiresas, con un plus diferencial: es un western iraní. Aunque su guion es corto, las imágenes de la pantalla se encargan de dar vida a la trama, ofreciendo una experiencia sensorial envolvente. Con pocos personajes, Amirpour logra recrear una historia en la que el lenguaje corporal se encarga de informar a los espectadores sobre lo que está sucediendo en un barrio con influencias iraníes.

La historia se desarrolla en las calles desoladoras de Bad City, bajo un blanco y negro que evoca el film noir. Entre su marginalidad transcurre la vida de un niño, una prostituta, un drogadicto, su hijo (una versión iraní de James Dean), un traficante y un gato, quienes se relacionarán indirectamente por el accionar de una mujer vampiro. Dicho ser se encargará de impartir justicia por cuenta propia, liberando del yugo a quienes encuentra a su paso.

También nos presenta una historia de amor accidental que, aunque puede rozar el cliché de amor vampiro/humano, logra librarse de la ridiculez gracias a sus escases de diálogos y la crudeza de algunas imágenes. Esta película es recomendada para aquellos ojos curiosos de quienes gustamos en detallar los primeros planos, logrando hallar referentes culturales (de manera distorsionada) del pop y del cine de terror. Así como la música new wave que sale de los casetes y vinilos usados por los protagonistas. En definitiva, la obra supera la barrera del sonido e invita a perfeccionar el sentido de la vista entre escenas de luz y oscuridad.

El vengador, de Scott Charles Stewart

Vampiros de verdad en un futuro retro

Por: Xtian Romero – cineparadummies.blogspot.com


Hay ocasiones en que sales odiando películas de las salas del cine. Hay, afortunadamente, esas otras ocasiones en que sales amándolas, pero hay unas cuantas, muy pocas la verdad, en que sales con sentimientos encontrados. Muy bueno esto, pero…, muy bueno aquello, pero… y te encuentras en una batalla interior destruyendo y rearmando la película en cuestión.

Priest ha provocado eso en mí. Pero empecemos por el principio y atentos a la sinopsis. En un mundo alternativo, diferente espacio-temporalmente al nuestro, los seres humanos llevan teniendo batallas de supervivencia contra los vampiros desde tiempos inmemoriales. La Iglesia Católica, entrena a los llamados “Sacerdotes”, unos hombres altamente capacitados para luchar con estos seres cuerpo a cuerpo y destruirlos. En el futuro ya lo lograron, la plaga vampírica ha sido exterminada, y las personas viven en ciudades gigantes casi que como complejos industriales, dándole una estética retro-futurista portentosa.

La iglesia controla todo los destinos de la humanidad, con pantallas en los edificios con un hombre diciendo, “Desafiar la Iglesia, es desafiar a Dios”, y con confesionarios electrónicos en cada esquina, clara influencia de 1984 y su Gran Hermano. Los sacerdotes ya han sido olvidados y viven en las calles en el anonimato. Pero uno de ellos recibe un mensaje, su hermano, un granjero, fue asesinado junto con su esposa por una horda de vampiros que han raptado a su sobrina. Él, desafiando la autoridad de la iglesia, se lanza a la cacería de estos seres, revelando en el camino un oscuro secreto y enfrentando viejas deudas con el destino.

Todo este mundo que crean y las reglas que ponen en el, son geniales, es lo más atrapante de la cinta. Una mezcla de cyberpunk, steampunk, horror, y hasta de western, crean una realidad impresionante, todo ayudado de una buena fotografía, unos increíbles diseños de locaciones y obviamente de la parafernalia efectista del 3D (que después de esta película creo no lo volveré a ver, me cansa demasiado).

Además ese tono distópico como en la película 1984, es un logro grandísimo, porque propone algo que nunca había visto en anteriores películas y novelas de esta temática, la Iglesia Católica es la que tiene el control. Y lo mejor, la reinvención de los vampiros, mostrando una nueva forma que se sale de los cánones tradicionales del género sin dejar de ser sangrientos, y pisoteando ese estilo infantil que está en boga hoy en día, como las ridiculeces de Crepúsculo.

Pero, lamentablemente, en el contenido se queda corta. Todo se desarrolla muy rápido, no hay tiempo de presentar y desarrollar bien los personajes, además de que hay un par de ellos que ya de por sí vienen muy mal creados. Hay muchas situaciones gratuitas y diálogos un poco clichesudos, además de unos romances injustificados, y lo peor, se queda floja en la crítica metafórica que pretende hacer a la Iglesia Católica, una verdadera lástima.

Todo se queda en que pudo haberse trabajado mucho más el guion. Muy seguramente un poco más de tiempo hubiese arrojado un guion portentoso que desperdició una premisa demasiado interesante. Tal vez hacer una película en 3D de 90 minutos sale más barato, o poner a dirigir a una persona que siempre ha estado enfocada en hacer efectos especiales tampoco sea buena idea, ¿Qué se yo? Pero el final es claramente abierto, lo que deja la esperanza, mínima claro está, de que en la próxima entrega se hará un trabajo más juicioso.

En conclusión, vayan a verla sin esperar mucho más que divertimento visual, y seguro disfrutarán igual que yo con el desborde imaginativo, y muy seguramente también, al igual que yo, lamentaran este gran desperdicio.

PD: Esta basada en el manga coreano del mismo nombre de Min-Woo Hyung, hay que leerla, me dejó demasiado antojado.