Recorrimos las ruinas del viejo Armero, un terreno hoy estéril y desolado. Los turistas llegan preguntando por la tumba de Omaira y la cruz del Papa.
Para llegar al cementerio de Armero hay que caminar por una trocha abandonada. En algunas de sus tumbas todavía se leen los nombres de los muertos, mientras que en otras se ven huesos y otras están desocupadas. La tumba de Omaira sigue siendo el referente de una tragedia que dejó 20.000 muertos.
FOTOsdonaldo zuluaga y archivo.
A las 11 de la noche del miércoles 13 de noviembre de 1985 un muchacho corre por la calle principal del pueblo gritando: Armero se acabó, Armero se acabó. Hilda Pedroza lo escuchó y ella también empezó a correr, sin rumbo. El recuerdo es nítido: Hilda y su pequeño hijo Ricardo Andrés Cárdenas tratan de subirse a un lavamanos para alcanzar el techo de una casa cualquiera, mientras un hombre rompe las tejas, pero la avalancha viene y el tiempo se acaba. Se acabó.
Hilda grita, pide misericordia: ¡que la Virgen Santísima y todos los Santos me salven y salven a mi hijo, que los ángeles me salven! Otro grito agudo que nadie escuchó y otro y otro, ¡que la virgencita nos salve y salve a Ricardo! Hasta que una bocanada de lodo la calló y Ricardo, el pequeño...