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Desde el exterior no cesa búsqueda de desaparecidos

Grupos en Europa y América Latina se fortalecen para que la esperanza no se pierda.

  • En la fotografía aparece parte del Grupo Europa de Familiares de Personas Desaparecidas reunidos en Suecia, quienes hacen lo posible para encontrar respuestas. FOTO cortesía
    En la fotografía aparece parte del Grupo Europa de Familiares de Personas Desaparecidas reunidos en Suecia, quienes hacen lo posible para encontrar respuestas. FOTO cortesía
Por ricardo monsalve gaviria | Publicado el 04 de agosto de 2020

Encontrar a un familiar desaparecido en el marco del conflicto armado colombiano se ha convertido en una lucha que parece no tener fin. Son 80.472 personas a las que se les perdió el rastro entre 1958 y 2018, según el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro de Memoria Histórica.

Y hallarlos es tan complicado que del universo anterior de víctimas de este flaeglo se encontraron 8.188 personas muertas y, como un pequeño alivio, 1.746 aparecieron con vida. Del resto (70.538) sigue sin conocerse su paradero.

De aquellos que no se sabe nada, muchos han sido buscados desde el exterior por sus familiares. El exilio fue la única salida a las amenazas de quienes empezaron a buscar, y esto les representa una carga emocional, física y económica.

Hasta hace cinco años esa ardua tarea la asumían de manera individual. Solo en algunos países de Europa, las víctimas con desaparecidos en Colombia contaban con apoyo de un grupo u organización social que les prestaba ayuda, no siempre económica, aunque con poca probabilidad de hallarlos o conocer la verdad de lo sucedido.

Con la puesta en funcionamiento de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, UBPD, convenida mediante el Acuerdo Final entre el Gobierno y las Farc, ese camino de encontrar a los suyos desde fuera del país dejó de ser tan difícil, un alivio y una dosis extra de energía para seguir este largo camino.

Desde la UBPD le explican a EL COLOMBIANO que “con los familiares en el exterior se ha iniciado un proceso muy similar al de los familiares en el país, aunque con los retos de la distancia. Por ello se plantea la posibilidad de poner la tecnología al servicio de la búsqueda y, en algunos casos, tener encuentros presenciales. Las organizaciones del exilio y varios familiares acudieron a la UBPD personalmente. De manera inicial expresaron su interés en participar y ser parte del proceso de implementación de la UBPD y del proceso de búsqueda”.

Y aunque no se ha hallado a nadie, hasta ahora, que la entidad haya recibido 62 solicitudes hechas por personas que están en América Latina y Europa, es un pequeño triunfo.

Para la UBPD, el exilio es considerado como un territorio y es por eso que el Plan Nacional de Búsqueda, lanzado el pasado 6 de mayo, fue construido con quienes no están en Colombia.

Trabajo limitado

Diana Ortiz hace parte del Colectivo Migrantes y Exiliados Colombianos por la Paz en Argentina. Cuenta que su experiencia ahora es muy diferente desde la puesta en marcha de la UBPD porque se logró impulsar la difusión y pedagogía alrededor del Sistema de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición (SVJR) y además ya mantiene un diálogo constante para la entrega de informes y documentos sobre los casos que manejan.

“Hay que decir que esto es más de voluntad propia, la gran mayoría de actividades se financian de nuestros bolsillos, aunque para la documentación de los casos se contó con apoyo del Fondo Multidonante de la ONU a través de un proyecto que presentamos”, cuenta Ortiz.

Dice Ortiz, se han identificado 20 casos de personas desaparecidas en el marco del conflicto cuyos familiares viven en Argentina y Chile, “e identificamos más en otros países de América Latina”.

Al otro lado del mundo, el grupo de víctimas tiene a Suecia como epicentro. Desde allí, Gladys Ávila ha liderado el trabajo para los que están en el viejo continente y que necesitan apoyo para la búsqueda de sus desaparecidos. Todo ha sido financiado por ellos.

“Desde 2008 en Suecia estamos trabajando. Acá ubicamos a esas personas y decidimos extender las actividades a otros países. En España, por ejemplo, fuimos de ciudad en ciudad buscando más víctimas. Todo esto sin detallar la pelea que tuvimos que dar para que no se olvidaran de nosotros en Colombia, porque el Acuerdo de Paz no reconoció a las víctimas en el exterior”, recuerda Gladys.

En la actualidad existe el Grupo Europa de Familiares de Personas Desaparecidas que ha podido ubicar 40 parientes de desaparecidos en Colombia.

“Quienes jalonamos la coordinación de los grupos, nos reunimos cada ocho días y con el grupo en general se hace cada 15. Con la UBPD, tenemos mesas de trabajo, de manera virtual, cada tres meses”, expresa Gladys.

EL COLOMBIANO relata cuatro historias de cuatro víctimas que accedieron a contar su vivencia desde el exterior. Quieren hallarlos o por lo menos saber qué pasó con sus seres queridos.

Contexto de la Noticia

La microhistoria Los avances para las familias

Desde la Unidad de Búsqueda de Personas se habla de los adelantos que hay frente a los pedidos que llegan desde diferentes países del mundo. “Hay solicitudes que hacen parte de los planes regionales que ya están identificados en la UBPD y el avance en el desarrollo de los planes regionales muestra distintos grados de evolución. Algunos están en la etapa de recolección de información y análisis, otros en la verificación de información en campo y otros en prospección. De hecho, una de las primeras prospecciones de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, corresponde a una persona desaparecida hace más de 30 años y su familia se encuentra en el exilio”, afirmaron desde esa entidad.

desde suecia, pide respuestas sobre su hermano

En la noche del 20 de abril de 1993 perdió a su hermano. Eduardo Ávila perteneció al M-19 y participó en el proceso de paz. Gladys (foto), su hermana, recuerda mucho que una de las principales luchas de Eduardo era contra la desigualdad. “Seguimos preguntando por qué no existe un proceso que busque una verdadera justicia; cómo en presencia de dos miembros de la Policía de la estación de Chapinero, en Bogotá, fue desaparecido Eduardo Ávila, ante quienes se identificaron los hombres que se lo llevaron como miembros de la Sijin; cómo en presencia de la Policía un hombre fue golpeado, torturado, y metido a la fuerza en un carro, sin que hasta hoy su familia obtenga una respuesta y solo existan unos archivos en Fiscalía de un caso cerrado”, dice Gladys. La violencia la obligó a que la búsqueda de su hermano y la verdad tuviera que ser desde el exterior y en 2006 llegó a Suecia, donde actualmente reside. Desde Europa no solo se dedicó a encontrar a Eduardo, también se dio cuenta que la misma situación que ella vivió, la tenían decenas de personas que ahora comparten la misma condición: estar lejos y desde allá encontrar la verdad que no pudieron hallar estando en Colombia. “Nada es más fácil desde estos lados”, afirma Gladys. A pesar de las condiciones, esta mujer se las arregla para avanzar en su misión, ve en la actualidad nuevas luces para su caso y el de muchas otras personas. “Hay unión, y vemos que ya hay instituciones en el país que nos pueden ayudar, esto le ha regresado la esperanza a muchos. La verdad sí se puede conocer”, añade, y agrega que las víctimas “debemos ser escuchadas, en Colombia y el mundo”.

A Cesar Vásquez lo extrañan en argentina

En Buenos Aires, Argentina, María Mercedes Vásquez Cuadros vio la oportunidad de estudiar. Se estableció en esa ciudad y tiempo después se dio cuenta de que podía continuar con la búsqueda de su tío, César Vásquez Barrientos (foto), de quien se perdió el rastro desde 1987. “Todo ocurrió el 28 de noviembre de ese año. Mi tío trabajaba en las obras de la vía Panamericana y salió como todos los días desde su casa que estaba en Campo Capote, Santander. No volvió”, recuerda María Mercedes. César era militante de la Unión Patriótica y su desaparición al parecer tuvo que ver con eso. “A él se lo llevaron, fue lo único que supimos”, dice su familiar.

María Mercedes tenía 15 años cuando su papá decidió contarle lo que sabía de lo ocurrido con su tío. “Para esa época aún se sentía mucho miedo de contar sobre los desaparecidos por las represalias que se podían dar. Yo tuve la posibilidad de estudiar acá en Argentina y empecé a buscar más sobre él, quién era”, relata. Para ella, fueron muchos años en silencio, de trabajo sin ayuda, de búsqueda sin resultados, pero asegura que luego de conocer un grupo de personas en Argentina y Chile que tenían una situación similar, “los ánimos cambiaron y el apoyo fue constante”. María Mercedes ayuda a otras víctimas que como ella, deben vivir alejados de los suyos y tener seres queridos que desaparecieron en medio del conflicto armado en Colombia. “Sabemos que esto es de largo aliento, pero creemos que ya podemos contar con instituciones que ahora tienen como misión darles a las víctimas una respuesta de saber qué fue lo que pasó con tantas personas como mi tío”, resalta María Mercedes.

en suecia pregunta por siete de sus familiares

“Hace más de 14 años que me tocó abandonar el país por la desaparición de siete de mis familiares, el último de ellos, mi papá”, dice Adriana Quintero. Ahora se encuentra en Suecia y desde ese país enfoca sus esfuerzos no solo en continuar la búsqueda de sus parientes, también en ayudar a quienes tienen una situación similar a la suya en el exterior. Recuerda que su historia se remonta al exterminio de la Unión Patriótica en Colombia, específicamente en Antioquia. “Mi papá se dedicó a investigar lo que había ocurrido con dos tíos y un primo que habían sido desaparecidos por supuestos integrantes del CTI de la Fiscalía, el 25 de agosto de 2000 en Medellín. Yo siento que mi papá confiaba en las instituciones y recoge mucha información. El 6 de octubre se presenta en la Fiscalía para brindar los datos que había logrado y en la noche lo desaparecen”, agrega. Siete días después de lo ocurrido con Ángel José Quintero (foto), papá de Adriana, ella y su familia abandonaron Antioquia para siempre. Cinco años después de estar escondidos en Bogotá, Adriana y gran parte de su familia salieron del país. “Me costó mucho asimilarlo, incluso llegué a decirle a mi mamá que se fuera con mis hermanos, pero asumí que era una irresponsabilidad. Al final tomé el avión y me di cuenta que todo esto iba para largo. En Europa nos encontramos con más personas con la misma situación y decidimos continuar con el trabajo de seguir su rastro, no perder los vínculos con Colombia. Esto ya no es un tema solo de familia, es un compromiso de vida, el país tiene más de 80 mil desaparecidos”, afirma Adriana. Recordar a su papá y a los demás seres queridos hace que el trabajo de esta mujer se concentre en descubrir la verdad.

A edgardo lo buscan sus hijas, una desde Argentina

“Si es complicado dar con su paradero en Colombia, en el exterior lo es mucho más”, esto es lo que dice Nayei Carolina Ariza, quien perdió todo rastro de su papá hace 23 años. Su decisión de continuar con la búsqueda desde el exterior, específicamente desde Argentina, la resume en una frase: “quiero cerrar este capítulo para mí y mi familia. Queremos saber qué fue lo que pasó con mi papá, alguna razón de él”. Carolina recuerda que su padre vendía pollos y viajaba a Yopal, Casanare, para comercializarlos. “Él criaba los animales en la casa, en Bogotá, y viajaba a venderlos. Allá duraba como 15 días y luego volvía a la casa para volver a cargar”. Tres días antes de desaparecer, Edgardo Ariza Ariza (foto) llamó a su esposa a decirle que no tenía noticias de su hermano, con quien trabajaba, por lo que se regresaba a Yopal para buscarlo.

“Allá era una zona muy roja, había varios grupos armados y aunque mi mamá le insistió en que no fuera, mi papá fue a buscar a mi tío y el 6 de marzo de 1997 desapareció también”. La familia de Edgardo nunca pudo confirmar qué grupo armado es el responsable de la desaparición. Al principio les dijeron que había sido el Eln, pero no se ha comprobado. Ahora, desde Argentina, Carolina es quien tomó las riendas de la búsqueda. “Mi mamá y mis dos hermanas se quedaron en Colombia, yo soy la única que vivo en el exterior, pero creo que precisamente es eso lo que me ha dado más fuerza para no parar. No todas tenemos la misma capacidad con este tema. A mi mamá aún le duele mucho y trata de estar alejada y esto también es porque las instituciones en Colombia nos hicieron dar muchas vueltas. Mis dos hermanas también son fuertes, es como si nos turnáramos para recargar energías y continuar”.

Ricardo Monsalve Gaviria

Periodista. Magíster en Comunicación de la Defensa y los Conflictos Armados de la Universidad Complutense de Madrid


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