La protesta del movimiento estudiantil de Colombia no es un asunto fácil de lidiar, no lo es para el gobierno del presidente Iván Duque, y no lo fue para ninguno de sus antecesores. Durante las cuatro marchas que ha realizado en las recientes cinco semanas, su mensaje ha sido claro: más plata y dignidad en la educación pública superior.
Lo que ha sucedido estos días es similar a las imágenes del movimiento estudiantil de 2011, cuando la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane) fue la responsable de que se cayera la reforma a la Ley 30, impulsada por el expresidente Juan Manuel Santos, pues era considerada como el primer paso hacia la “privatización” de las universidades, según argumentaban los estudiantes.