El asesinato de Gaitán generó una ola de violencia que se apoderó de todos los rincones del país, aunque en esos días solo se registraban los hechos ocurridos en la capital.
ilustración cortesía
09 de abril de 2018
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La historia del 9 de abril en un país centralista como Colombia quedó apenas consignada para el recuerdo como “el bogotazo” y nunca como “la revolución” que vivieron pueblos enteros a lo largo y ancho del país, de una manera anárquica pero estructurada sobre las bases que Jorge Eliécer Gaitán le había dado al “pueblo”, a esa masa uniforme que lo seguía con fervor porque simbolizaba la antioligarquía, el antilatifundismo y el anticlericalismo. Bogotá fue destruida e incinerada en muchas manzanas de su núcleo central y centenares de muertos sirvieron para adornar, con horrendas fotografías y las crónicas de más de 50 periodistas internacionales que se encontraban acreditados para enviar sus reportes al mundo sobre la Conferencia Panamericana que presidía el general George Marshall. Pero si ese viernes 9 de abril fue cruento en la capital colombiana, el remezón de la muerte del caudillo se sintió a lo largo y ancho de la patria por donde había dejado la huella de su verbo y su deseo de cambiar...