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En Bojayá esperan que les pidan más perdón

  • Nelfa Cuesta, tras perder a dos hijos en la masacre, asegura que las Farc no pidieron perdón en septiembre de 2015. FOTO Donaldo Zuluaga.
    Nelfa Cuesta, tras perder a dos hijos en la masacre, asegura que las Farc no pidieron perdón en septiembre de 2015. FOTO Donaldo Zuluaga.
Por Olga Patricia Rendón M.Enviada especial a Bojayá, Chocó | Publicado el 01 de mayo de 2017

Sentada en una silla de madera en la puerta de su casa, con dolor en las piernas, pero sobre todo con dolor en el alma, Nelfa Angélica Cuesta Agualimpia insiste en que, además de ir y disculparse, exparamilitares y guerrilleros tienen que cumplir. Para ella se resume en dejar de delinquir y reparar a sus víctimas.

Y lo dice por sus dos hijos y dos nietos, a los que tuvo que dejar sin vida en la iglesia aquel 2 de mayo de 2002, cuando huyó del horror que provocaron las Farc y las Auc. Una pipeta bomba de las Farc cayó en el templo y mató a 119 bojayacenses, que se refugiaban allí.

“Uno ve difícil decirles a ellos ‘yo los perdono’, pero hay que entender que si prometen que no siguen más por medio de las ‘maleanterías’ que le hicieron a uno, pues uno espera que, si llegan a cumplir, les da el perdón de todo corazón ¿o no es así?”.

Pero, con 71 años a cuestas, doña Nelfa asegura que en su corazón no está aún ese perdón, que no ha podido encontrarlo por más que ha intentado. “Pueden haber pasado los años que sea y uno nunca borra el cariño de los hijos, son 15 años y yo siempre los tengo presentes”, comenta de espaldas a la casa que le construyó la Nación a modo de reparación, porque tuvo que dejar la suya en el antiguo Bojayá para que se la comiera el monte.

Por su parte, Boris Velásquez Vásquez, otro habitante Bojayá, afirma que falta que paramilitares y Estado les pidan perdón. Considera que el Gobierno de la época tuvo mucha responsabilidad, porque en diferentes oportunidades fue notificado por la comunidad de los riesgos que corrían por estar entre el fuego cruzado.

Al respecto, EL COLOMBIANO pidió al expresidente Andrés Pastrana pronunciarse, pero contestó que estaba por fuera del país y no podía atender este asunto.

Entre tanto, Freddy Rendón Herrera, “El Alemán”, excomandante de Bloque Élmer Cárdenas de las Autodefensas Unidas de Colombia, que era la unidad que combatió contra las Farc en Bojayá, aclara que los exparamilitares sí pidieron perdón por estos hechos.

“Nosotros le pedimos a esa población perdón y a la sociedad colombiana y a la humanidad por haber estado allí, aunque no fuimos los responsables directos de haber lanzado esa pipeta, pero estaban combatiendo con nosotros y que un artefacto que ellos lanzaron indiscriminadamente llevó a la muerte a esa cantidad de población, y destruyó esa iglesia, y dejó a muchos heridos”, sostiene Rendón Herrera, quien pagó 8 años y 11 meses de prisión al desmovilizarse y postularse a la Ley de Justicia y Paz.

“Nosotros pedimos perdón antes que las Farc, lo que pasa es que lo hicimos en audiencia pública y no nos cansaremos de hacerlo. Pero a las Farc, el Gobierno los llevó en avión directamente a Bojayá, de la mano del Alto Comisionado para la Paz, y ellos pudieron ir y pedir perdón allá y salir en televisión y demás”, agrega el exparamilitar.

¿Si han pedido perdón?

El padre Antún Ramos, quien era párroco de Bojayá para el momento de la masacre e invitó a los feligreses a refugiarse en la iglesia aquel día de 2002, también señala que a Bojayá aún le hace falta que paramilitares y Estado les pidan perdón, pues ambos tuvieron responsabilidad en los hechos que los victimizaron.

En ese sentido, también se pronunció el alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo. Lo hizo en septiembre de 2016, cuando miembros de las Farc fueron a Bojayá a reconocer su responsabilidad por los hechos ocurridos 13 años atrás.

Durante ese acto dijo a la comunidad que “entendemos que hay otras responsabilidades aquí en juego y que se deben hacer otros reconocimientos por parte de los paramilitares y también del Estado, que debemos venir aquí a explicar por qué estaban en ese grado de desprotección”.

Sin embargo, aunque todos coincidan, no ha llegado el momento en que los responsables lleguen a esa calurosa y húmeda tierra, a orillas del río Atrato, para darles al fin descanso a aquellos que no han podido otorgar su perdón.

El padre Antún cuenta que se han hecho algunas reuniones con el Ejército, pero que no buscan que sean los militares quienes se disculpen con ellos, simplemente para responder a una obligación emitida en una sentencia judicial.

“Lo que queremos es que venga el Presidente de la República porque él es el comandante de las Fuerzas Armadas. Este fue un hecho tan grave que no pueden dejarle esto a un coronel y a un general”, confirma el padre Antún.

Las Farc pidieron perdón

Doña Nelfa no olvida que Pastor Alape, quien habló en nombre de la guerrilla cuando fueron al acto de reconocimiento de responsabilidades, nunca mencionó la palabra perdón.

“Estamos frente a ustedes para manifestar nuestra aflicción, nuestro reconocimiento y reafirmación de que este hecho nunca debió ocurrir”, dijo entonces el comandante guerrillero frente a personas que ansiaban disculpas de quienes causaron tanto sufrimiento.

Sin embargo, para Boris Velásquez ese acto simbólico fue reparador, sí fue de perdón: “Ha sido un acto muy beneficioso para nuestra gente, porque desde que se inició el proceso de paz, desde que vinieron las Farc hemos dejado de tener esa zozobra”. Reconoce que los perdonó.

También es el caso del padre Antún: “Fuimos 11 miembros de Bojayá a Cuba. Con toda la rabia que humanamente tenía contra ellos, me vine convencido de que el perdón que ellos prodigaban hacia nosotros era real”, cuenta el sacerdote.

Recuerda las palabras de Iván Márquez, jefe negociador de las Farc, cuando dijo “esto nunca debió haber pasado, por la connotación del daño tan grande que nosotros ocasionamos y fue en una comunidad pobre, con una violencia extrema”. Sintió entonces que “todos los que hablaron, lo hicieron con sinceridad y que las Farc de verdad reconocieron que ese no es era el camino para llegar a donde querían llegar”.

A pesar de esas explicaciones, Luz Amparo Córdoba, hija de doña Nelfa, afirma: “Yo puedo decir que sí los perdoné, pero en mi corazón todavía no está tan claro el perdón, porque todos los días recuerdo a mis hermanitos, a mis sobrinos, y me pregunto hoy en día quiénes serían. Uno de boca perdona pero de corazón no perdona”.

Su madre, con una expresión de amargura que le hace llevar las manos al rostro y sostenerse la cabeza, concluye que “ya uno, a estas alturas, qué hace, dígame, da el perdón, da la bendición de que el Señor los acompañe y a ver si ellos se dignan en dejar la guerra. Ahora, yo no le he dicho ni a las Farc ni a nadie que les doy mi perdón, porque yo nunca he dado mi perdón”.

Contexto de la Noticia

SENTIDOS Lo que aún duele en Bojayá

Dolor, esa es la expresión que atraviesa el rostro de los bojayaseños cuando se les pregunta si han perdonado a quienes les causaron tanto daño. Tratan de cubrir su rostro y guardan silencio varios segundos, independientemente de si la respuesta es positiva o negativa.

La tierra que abandonaron está en ruinas, ya altos árboles han crecido donde antes habían viviendas de madera donde los pobladores de Bojayá intentaban construir el futuro. Quienes fueron en el recorrido por las ruinas con EL COLOMBIANO extrañan su tierra, la cercanía con el río, de él vivían, en el vivían. Y lamentan no haber podido volver nunca.

Olga Patricia Rendón Marulanda

Soy periodista egresada de la Universidad de Antioquia. Mi primera entrevista se la hice a mi padre y, desde entonces, no he parado de preguntar.

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