Tal como estaba previsto, el presidente Gustavo Petro llegó a la Casa Blanca acompañado de su embajador en Washington, Daniel García-Peña, para un encuentro privado con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
No hubo guardia de honor ni protocolo de visita de Estado. El ingreso fue por la puerta sur y por el Edificio de Oficinas Ejecutivas: una señal clara de que no se trataba de una cumbre ceremonial, sino de una reunión política contenida, directa y estratégica.
Las primeras imágenes difundidas por Presidencia mostraron a Petro y a García-Peña caminando por el emblemático corredor presidencial, frente a las fotografías de los expresidentes estadounidenses. Aunque la atención inicial se centró en los gestos y en los acompañantes de ambos mandatarios, el foco de los analistas se desplazó rápidamente hacia otro lugar: los documentos que ambos llevaban en sus manos.
En el caso del embajador colombiano, la identificación fue inmediata. García-Peña llevaba consigo el libro Trump: The Art of the Deal, escrito por Donald J. Trump y Tony Schwartz y publicado en 1987. Más que una curiosidad, el gesto fue leído como un mensaje deliberado: un guiño al ethos político y personal del mandatario estadounidense, construido sobre la narrativa del negociador exitoso, el empresario duro y la lógica transaccional del poder.
Daniel García-Peña y un documento
Ya sentados en el Salón Oval, nuevas imágenes reforzaron esa lectura. Sobre la mesa, frente a García-Peña, se alcanzó a ver una hoja con la bandera de Colombia de fondo y un mensaje en inglés inequívoco: “Colombia, America’s #1 ally against narcoterrorism” (“Colombia, el aliado número uno de América contra el narcoterrorismo”). La frase no estaba dirigida a la opinión pública colombiana, sino a un destinatario concreto: Donald Trump.
En la misma escena apareció el otro documento que concentró la atención. En manos del presidente Petro, tras ampliar y rotar la imagen, expertos coincidieron en que se trataría de un organigrama criminal, presuntamente relacionado con estructuras del narcotráfico.
La lectura política es clara: Petro llegó a la reunión con cifras, resultados y símbolos. Según distintas fuentes, durante el encuentro se habló de más de 200 operativos contra el narcotráfico, de toneladas de cocaína incautadas y de extradiciones ejecutadas durante su mandato.
Marco Rubio y Bernie Moreno, claves en reunión
Este énfasis explica también la presencia en la reunión del ministro de Defensa, Pedro Sánchez, y de Gloria Miranda, encargada de la Dirección de Sustitución de Cultivos Ilícitos, así como del lado estadounidense del vicepresidente J. D. Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el senador republicano Bernie Moreno, uno de los congresistas que más ha confrontado públicamente a Petro.
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Más allá de los gestos, los libros y las carpetas, la reunión dejó un mensaje político preciso: el gobierno Petro quiso desactivar, frente a Trump, la narrativa de una Colombia permisiva con el narcotráfico. La puesta en escena no fue casual. Cada documento visible, cada frase en inglés y cada decisión protocolaria funcionaron como parte de una diplomacia del detalle, pensada para un interlocutor que privilegia los símbolos tanto como los resultados.